2016 Año de chicas duras y novelas cortas

Llega el final del año y, como ya no me quedan cabras estrábicas que sacrificar en el altar de los dioses, toca hacer balance de 2016 como año literario. La primera conclusión a la que he llegado es que este año no me puedo quejar. La segunda es que mayoritariamente he publicado relatos largos o novelas cortas; formatos que adoro como autora, pero a los que no es siempre fácil encontrar acomodo. La tercera conclusión es que todas las historias contaban con protagonismo femenino (a veces doble) o con una mujer llevando el peso de la acción dentro de un reparto más coral. 

Pormenorizando un poco, las dianas logradas por mi Schofield, han sido: 

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Resucitando Princesas

Una de las cosas más jodidas que le pueden pasar a un escritor, además de los rechazos, es lograr publicar y que, al poco,  tu editorial se vaya a pique por una gestión nefasta de sus responsables. Ya no es solo que tal vez pierdas de cobrar las regalías generadas, o toque cobrarlas en libros, sientas el fracaso en parte como tuyo o sumes otra decepción destinada a socavar un poco más tu ánimo de escritor. El problema es que ese libro puede considerarse muerto, ha perdido su carácter inédito y,  en general, será muy complicado que alguien decida arriesgarse con él, sobre todo si eres un pez pequeño dentro de la pecera literaria. 

Princesas

Cuando quebró la editorial Libralia no solo se vio afectado mi Erradicador de Pecados , también quedó en el limbo una antología a la que guardo mucho cariño: Hasta siempre, princesas.  Además de permitirme compartir páginas con puñado de buenos colegas, allí me crucé por primera vez con cierta diosa con pintas de macarra, muy aficionada a las manzanas doradas. Y, por tanto, puede decirse que indirectamente allí nació Olimpo Renacido, una de mis series para Action Tales. 

Como no estábamos dispuestos a permitir que nuestras “princesas” acabaran en el olvido, ahora os las ofrecemos en versión digital, a través de Lektu, en la modalidad de pago social.  O lo que es lo mismo, gratis a cambio de un mensaje de Facebook o Twitter. 

Os la podéis pillar en el siguiente enlace. 

Y, si estáis dudando, os dejo por aquí el listado de relatos y autores. Sí, es uno de esos raros casos en que somos más autoras que autores. 

  1. «La venganza eterna» – Ángeles Mora
  2. «La mujer con alma de cuervo» – Rebeca Gonzalo
  3. «La reina de la tierra» – Anna Morgana Alabau
  4. «La portadora del Mal» – Manel Güell
  5. «Las dos muertes de la espía» – Cristobal Sánchez Morales
  6. «El celo trastornado» – Gervasio López
  7. «La señora de las manzanas» – Ana Morán
  8. «La elegida de Amón» – Beatriz T. Sánchez
  9. «La vieja Pata de Hueso» – Juan Ángel Laguna Edroso
  10. «La prueba de la serpiente» – Elena Montagud
  11. «El corazón solitario» – David Gómez Hidalgo
  12. «La voz del viejo Missisipi» – Luisa Fernández
  13. «La concubina imperial» – LG Morgan
  14. «Los ojos de piedra» – José Luis Cantos
  15. «La Francia de los cinco años» – Pedro Moscatel

 

Microrrelato: Control Aleatorio

Moon

Me adentro en un cuarto de control del servicio Aduanas Interestelares maldiciendo mi suerte y los controles aleatorios. No llevo armas, pero deseaba hacer una entrada discreta en Lustia, y eso resultará imposible si descubren la marca. ¿Pueden ordenar que me despelote si no hay sospechas de actividad delictiva? No logro recordarlo.

Un discreto carraspeo me devuelve al recinto de paredes plateadas. Un oficial de piel dorada me mira impaciente, tras la mesa donde descansan mis maletas.

—Tome asiento por favor, señorita Adams. Intentaremos que el examen sea lo más breve posible.

La voz es tan ambigua como su físico; el tono, áspero. Debe de tomarme por otra puritana de Hawthorne. Si pudiese ver bajo mi traje…

«Serénate, Hazel Adams. No deseas que vean la «A» de alienófila».

Solo mis chalados compatriotas consideran punible —como simple falta moral, gracias al Convenio Interplanetario— procrear con humanoides de otra especie; sin embargo, no es menester colgarse ya en la aduana el cartel de «me follo alienígenas». No son famosas ni nada las cabinas de aclimatación cultural de Lustia.

Mejor me siento y no miro demasiado al doradito. Es andrógino, como toda su gente, pero tiene un morbo especial. Esas facciones aristocráticas, esos ojos como amatistas, los cabellos oro, recogidos en esa coletita Esos labios, nacidos para besar. ¿Hace calor aquí o soy yo?

¿Ha venido a Lustia por placer? —me sobresalta.

Trabajo —carraspeo—. Me incorporo dentro de tres semanas al departamento de Arquitectura de la Universidad Global.

El oficial se limita a mirarme con ironía. Menos mal que ya ha visto los papeles. Aunque, su gesto de mofa… Definitivamente, aquí hace cada vez más calor. Me bajaría un poco la cremallera del mono, pero equivaldría a gritar: «Métemela hasta al fondo». O lo que le plazca; los dorados son cambiaformas hermafroditas, lo mismo dan que reciben o si son creativos… Mejor pienso en otra cosa. ¿Qué tal las maletas? Unos dedos largos, bien torneados, amontonan mis pertenencias sobre la mesa. ¡Ay! ¡Quién fuera esas botas!

«Hazel…»

—Señorita…

Ahora es cuando me ordena quitarme el mono. Armas, encontrará; dos cañones láser, marca Follaalienígenas.

—¿Se encuentra bien?, parece sofocada —pregunta, sin detener el registro.

—Será el cansancio. El viaje desde Hawthorne ha durado un mes…

¿Qué…? —le oigo murmurar, antes de convertirme en estatua carmesí.

No será preciso desnudarse. ¡Los malditos libros que compré en la nave! Lectura ligera para amenizar el viaje… y mandar a la mierda la discreción.

Cuando el aduanero termina de extraer un ejemplar de Cambiaformas y humanas, 100 nuevas posturas, me premia con una sonrisa lasciva. Sus ojos no se apartan de mi pecho. El mono sigue ocultando el tatuaje, pero no logra contener la locuacidad de unos pezones entusiastas.

—Creo… Creo que convendría continuar el control en una cabina de aclimatación —me sugiere.

Tres semanas libres. Y la Universidad agradecerá que esté familiarizada con la idiosincrasia local.

—Acepto, oficial —claudico aún ruborizada—. Durante todo el tiempo que sea necesario.

Y en todas las posiciones posibles.

Reseña. Entre dos aguas

Título: Entre dos aguas

Autora: Rosa Ribas

Editorial: Ediciones Urano

Número de páginas: 414

AguasPortada

No soy lectora de pegarme grandes atracones de páginas incluso cuando un libro me gusta. Sin embargo, la novela que hoy nos ocupa me ha durado exactamente dos días. Los culpables son una narración que engancha, pese a su tono calmo; unos personajes bien trabajados con los que es fácil conectar y preocuparse por su destino y una ambientación excelente, tanto en el aspecto humano como a la hora de aprovechar Francfort como escenario.

Ahora bien, si buscáis una historia donde prime la acción, casos enrevesados o grandes conspiraciones, quizá esta no sea la novela más adecuada para vosotros. Aquí, la comisaria Cornelia Weber-Tejedor se enfrenta junto a su compañero a dos casos de diferente pelaje, pero que comparten un elemento común: su “normalidad”. Son el tipo de sucesos que, con sus variaciones, podrían ocurrir en la misma ciudad donde vivimos. El primero, y eje de la novela, es el asesinato de un empresario hostelero, miembro de la colonia española en la ciudad. El segundo es una desaparición que los agentes deberán investigar de forma clandestina a instancias de su superior.

Los pilares de la novela son por tanto otros. Uno es el retrato de cómo el primero de los crímenes va afectando a los familiares del asesinado. Otro es el reflejo de la vida de los propios agentes involucrados en su investigación; los problemas familiares de Cornelia, su leve hipocóndria; la extraña actitud de su compañero, y las dudas que esta siembra en la comisaria… Personajes muy humanos con problemas cotidianos que pueden afectar, o no, a su trabajo. No obstante, los puntos fuertes de la historia son los retratos que la autora hace de Francfort y sus claroscuros y de la colonia española en la ciudad, además del efecto que el asesinato crea en ella. Informaciones obtenidas a cuentagotas, viejas tensiones que reaparecen o incertidumbres no desveladas, que afectan incluso a la madre de la propia comisaria… todo crea un ambiente creíble, muy vívido, que atrapa al lector deseoso de ir desvelando los misterios ocultos en esa comunidad, cerrada para algunas cosas, pese al tiempo que sus integrantes llevan instalados (que no necesariamente integrados), en Alemania.

En conjunto, la novela va ganando con el paso de los capítulos, tanto en el aspecto formal, como en la propia evolución de la historia. El inicio quizá pueda trabarse un poco debido a la necesidad de familiarizarse con personajes, misterio y escenario, además alguna cuestión de estilo que ralentiza un poco el ritmo de la prosa. No obstante, la narración no tarda cobrar brío y atrapar al lector. Por otra parte, me ha parecido todo un acierto la forma en que la autora nos da a conocer a sus personajes protagonistas, cerrando un caso previo, usando las pinceladas adecuadas para presentarlos, tanto en lo físico como lo jerárquico, e ir definiendo sus personalidades y los problemas que acarrean.

En resumen. Entre dos aguas es una novela con la que he disfrutado y me ha dejado con ganas de seguir leyendo más obras de Rosa Ribas, tanto protagonizadas por la comisaria Weber-Tejedor como por otros personajes.

Relato Gratuito: El último mutis

UltimoPortada

Buenos días. Hoy vuelvo a recuperar una histora que estaba navegando en el limbo, para ofrecerla en descarga gratuita en formato epub. Se trata de “El último mutis”, un relato protagonizado por Arcángel (o más bien por su alter ego en la vida civil, Joan Wang). Es una historia con aroma a pulp clásico y toques negros, dónde la protagonista se deberá enfrentar a un dilema.

¿Cómo actuar cuando sospecha que puede estar en peligro la vida de la mujer a quien ama y ella no dispone ni del disfraz que usa en su labor como vigilante ni de sus armas? 

La respuesta, está a un golpe de clic, entre las páginas virtuales del relato. Pero si os apetece saber algo más de Arcángel antes de leer la historia, podéis continuar leyendo esta entrada. 

DESCARGAR RELATO GRATIS

 

¿Quién es Arcángel?

  • Arcángel es Joan Wang, una joven criada para ser una guerrera implacable y una asesina sin escrúpulos al servicio de su padre. Creció en un lugar llamado Zaresh, antigua cuna de guerreros honorables que poco a poco se fue corrompiendo. 
  • Durante años tres máximas guiaron su vida. Máxima obediencia a su amo, no dejarse gobernar por los sentimientos, servir a su señor y a su pueblo con todas sus armas. 
  • Pero Joan desarrolló su propio albedrío y con el tiempo sus propios principios. Eso la llevó al exilio a Nueva York, a ser repudiada por su padre y, con el tiempo, a convertirse en Arcángel, la guardiana de la ciudad. 
  • Pese a haberse consagrando al Bien, Joan vive con miedo a volver a convertirse en una asesina sin escrúpulos.  Por eso tiene una fuerte dependencia emocional de Emily, su pareja. Además de ser una aliada y colaboradora con múltiples talentos, para Joan, Emily es su ancla con la humanidad. 
  • Como Arcángel es una guerra con múltiples recursos, pues al entrenamiento de Zaresh, que le permitió dominar el combate cuerpo a cuerpo o las armas blancas, añadió el manejo de armas de fuego gracias a Emily. No obstante, su complexión la limita a veces a la hora de usar herramientas pesadas. 

Y… Arcángel aún es más que esto, pero creo que para familiarizarse con el personaje vale con estas notas. 

Disfrutad de la lectura, si os decidís a haceros con el relato y os recuerdo que hay más material a coste cero en la sección de descargas gratuitas del blog. 

 

Confesiones de una tricotadora de historias

 

Escritor brújula contra escritor mapa; jardinero literario frente a arquitecto; híbridos… Confieso que, pese a que esas etiquetas diferencian de un modo gráfico al autor poco amante de la planificación frente a quien necesita tenerlo todo armado, me encuentro más cómoda definiéndome como “tejedora sin patrón”.  Será que lo mío es tejer y no escarbar la tierra. 

madeja y ganchillos

Cuando haces punto, seguir los patrones al pie de la letra puede derivar en que tu chaqueta tenga una sisa que no le valdría a una Barbie o te lleguen los bolsillos a la altura de la teta. Incluso si no hay fallos y trabajas con un material similar al del esquema,  puedes necesitar o desear realizar cambios sobre el esquema prefijado. El patrón acaba siendo una orientación difusa o acabas tejiendo sin usar ninguno.

Ahora bien, prescindir de patrón no implica improvisar sin sentido. Hay que tomar medidas, hacer muestras, calcular los puntos que se necesitan… controlar que la cosa va como tiene que ir y, si no, deshacer y corregir lo que esté mal. 

Con la escritura pasa lo mismo. Prescindir de  la planificación no implica teclear a lo loco o carecer de método de trabajo. Cada autor tendrá el suyo y que a uno le funcione no tiene por qué implicar que sea bueno para otros. En ocasiones, realizo esquemas muy básicos que me ayudan a centrarme, pero que rara vez sigo como guía a medida que la historia adquiere vida propia. Cuando he intentando realizar una planificación más estricta, los relatos se han quedado sin escribir. No valgo para arquitecto literario, sin embargo, soy capaz de terminar novelas y de crear universos conjuntos para mis historias con buenos resultados. Cómo lo hago, pues siguiendo alguna de las pautas que enuncio a continuación:

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Horarios. Esto es más para crear método de escritura que para controlar que la historia no se te desmadre, pero es un punto importante para mí. Hay quien recomienda tener horarios o tiempos fijos de escritura; yo necesito flexibilidad. Tengo problemas de alergias, sobre todo en primavera, y de insomnio, así que, en la medida que puedo, ajusto los periodos de escritura a los momentos del día en que estoy menos espesa.

Evitar reescrituras durante el proceso de creación del primer borrador. Es mejor no dar para atrás y ponerse a reescribir, porque lo único que se logra es no avanzar. Hay que tener claro que el primer borrador es una base sobre la que seguir trabajando, no el resultado final e inamovible. Puedo hacer alguna excepción cuando por alguna razón (disponibilidad de tiempo o espesor mental), no tengo un buen día para escribir. En esos casos, aprovecho para hacer modificaciones que ya tengo claras y rentabilizo el día.

Escribir, escribir, escribir. Aunque la escena sea mala, aunque sepa que tocará modificarla, hay momentos donde lo primordial es avanzar, porque mientras avance tendré algo sobre lo que trabajar. A veces tengo que obligarme a hacerlo o recurrir a una “ayuda” externa como poner música o recurrir a un procesador tipo Focus Writer, pero logro solventar el atasco. En este punto también es importante otra cosa: no tener miedo a meter una incongruencia o una patada a la continuidad. Viajamos sin mapa y estamos en el primer borrador, si un personaje no es como pensábamos o la historia nos pide tirar por un cauce distinto al que habíamos planeado, este es el momento de cambiarlo. Insistir en un camino que no es el natural puede ser el mejor modo de acabar perdido o con una trama que no funciona. Lo importantes será arreglar luego lo previo.

Notas. El anterior punto me lleva a este. Si la historia va adquiriendo vida propia y no conviene perder el tiempo con reescrituras… ¿qué se puede hacer para que no nos quede incongruente? La respuesta es sencilla. Notas. Y aquí podemos hablar de varios tipos.

  1. Notas para la revisión: Los procesadores de textos tienen funciones muy cómodas para dejarte comentarios sobre el propio documento. También puedes dejar notas entre paréntesis, cambiar colores de letra, meter subrayados. O incluso tomar notas en un documento aparte. Todo es ver qué resulta más cómodo. Lo importante es dejar instrucciones para cuando toque reescribir.
  2. Esbozos, tormentas de ideas: A medida que voy teniendo clara la historia y cómo avanza, me voy dejando notas, bien al final del documento o en un folio, sobre capítulos futuros, el final. No siempre acabo siguiendo lo marcado en ellas, pero ayudan a avanzar a mejor ritmo y a hacerse una idea de cuánto queda para el final.
  3. Glosarios: Tengo buena memoria, pero a veces me cuesta recordar nombres “raros” o ciertos detalles sobre los personajes o cronologías. Una vez tengo centrada la historia creo a veces un excell donde anoto personajes importantes, detalles sobre los mismos, cronología de ciertos hechos. Esto también me sirve para ajustar bien los tempos narrativos.

Cortar a tiempo.  A no ser que uno trabaje con cuotas fijas de palabras (cosa que nunca hago), es complicado decidir cuándo dejar de teclear, si lo planteamos pensando en cómo nos resultará más cómodo iniciar la siguiente jornada. No tengo una norma fija; a veces necesito dejar terminado un capítulo o escena y otras no me importa dejarla a medias, sobre todo si son momentos de transición. En cambio,  cuando se acerca una escena con un nivel alto de intensidad o de acción, necesito cortar en un punto que me deje al día siguiente un margen de “calentamiento” antes de lanzarme a ella. 

Perder el miedo a reescribir y revisar. Muchos odian esta parte del proceso de escritura. Yo reconozco que me lo paso pipa sacando el bisturí para “destrozar” mi propio texto. Te guste más o menos, si vas sin mapa lo más fácil es que este proceso sea el esencial para crear una historia bien armada. No conviene precipitarse ni impacientarse.

Reposo. Esto reconozco que soy la primera en saltármelo, pero hay incoherencias y fallos de trama que se detectan mejor cuando te has distanciado un poco del texto. También se identifican mejor las erratas.

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Hacha de corrector

Y hasta aquí llega esta entrada, pues tampoco conviene alargarla demasiado. Otro día ya hablaré de mi forma de afrontar el proceso de revisión o de cómo el insomnio y tejer me pueden ayudar a romper pequeños bloqueos. Espero que algunas de estas “confesiones” os hayan resultado de utilidad.

Creando otra fantasía medieval

A veces el Destino consigue que convocatoria de relatos aparezca justo cuando necesitas un reto o una motivación para retomar un género literario. Fue lo que me pasó a finales del año pasado, cuando me crucé por Twitter con una convocatoria llamada «La otra fantasía medieval».

La convocatoria me pilló en una época en que la publicación de Tiempos de Alianzas me había dejado con ganas de soltar espadazos. Además se ajustaba bien a mi estilo, tanto por la longitud máxima permitida a los textos, como por el hecho de buscar relatos de fantásticos de inspiración medieval, pero situados en sociedades “no machistas”. Sociedades donde la igualdad fuese un hecho. En las historias que había escrito sobre Ganoe, mi escenario recurrente para las narraciones del fantasía, el protagonismo recaía sobre todo en los hombros de personajes femeninos; en esos escenarios convivían guerreras, sacerdotisas, poderosas nigromantes, futuras reinas… En muchos de esos reinos, además, el sistema de sucesión entre gobernantes no era la primogenitura sino que eran otros, generalmente los dioses, quienes designaban al heredero o heredera adecuado dentro de la familia real de turno. En contrapartida, Ganoe era un escenario oscuro, poblado de personajes amorales y para esta historia deseaba algo más luminoso. De paso, era buen momento para salirme de mi zona de confort, dejar a un lado los relatos donde predominaba la acción, y narrar una trama con un toque más intimista, donde se diese más peso a los personajes . 

No fue el proceso de escritura más cómodo de mi carrera, me costó pillarle el ritmo a la historia, pero llegado a un punto empezó a fluir sola y el resultado final me dejó satisfecha. Quien me conozca, sabrá que esto último me suele pasar pocas veces. 

Los elementos fundamentales a la hora de apuntalar la historia fueron los siguientes: 

  • Personajes: El protagonismo de la historia recae sobre Agnes y Sian.

    Agnes es la heredera del reino de Tanzhot por designación divina; su reino está siendo azotado por una extraña plaga y viaja a la ciudad maldita de Kenath en busca de dos objetos mágicos que tal vez puedan salvar a su gente. El problema es nadie ha regresado jamás de una visita a Kenath. A pesar de eso, no se detiene en su tarea. El reto a la hora de crearla fue lograr que saliese un personaje equilibrado. Tenía que ser alguien con entrenamiento marcial, pero no una supersoldado, pues es la heredera de un reino pacífico. Es inteligente, pero también insegura en algunos momentos, y es incapaz de ver la maldad oculta de algunas personas que la rodean. Ahí, como en otros condicionantes de su vida, otro reto era dejar claro que sus posibles “limitaciones” no se debían al hecho de ser mujer, sino a la combinación de su propia educación como futura gobernante, junto con la falta de experiencia a la hora de enfrentarse a conflictos reales.

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    Agnès de Chastillon, espadachina nacida de la pluma de Robert E. Howard.

  • Su contrapartida es Sian. Esta es hija de un pueblo nómada y se convirtió en “protegida” de la familia real de Tanzhot tras un conflicto entre su gente y algunas aldeas bajo la protección del reino. Su cualidad de rehén, no obstante, no la ha convertido en alguien corroído por el rencor, en buena medida gracias al vínculo que la une a Agnes y a no haber sido discriminada por otros habitantes Tanzhot. Debido a esa a esa etapa previa de su vida, es una hábil cazadora además de sanadora. Su pueblo natal tiene un concepto del amor y el sexo distinto al de otras culturas, lo que la ayuda a sobrellevar el hecho de que su relación con la heredera tenga que ser puramente platónica. Tanzhot no es un reino mojigato, pero los monarcas, sean hombres o mujeres, están obligados a casarse teniendo en cuenta la perpetuación del linaje y el bien del reino.

  • Interrelaciones: Agnes y Sian son dos personajes fuertes, independientes, pero también complementarios. Esa complementariedad es importante para que superen algunos de los problemas con los que se cruzan, pero no por ello se convierten en personas más débiles. Mi intención, (queda en poder de los lectores dictar sentencia), era reflejar que juntas se fortalecían, pero sin crear una relación de dependencia entre ambas.

  • Escenario: Este fue uno de los aspectos con los que más disfruté. Tanzhot es un reino pacífico, pero triste, donde el sol apenas asoma en un cielo siempre cubierto de nubes. Kenath es un escenario donde impera el misterio y cierto grado de irracionalidad. Hacía tiempo que deseaba trabajar sobre un enclave en esa línea y este relato me dio pie para hacerlo.

  • Influencias: Mis dos amores son la fantasía oscura y la espada y brujería; tanto en calidad de autora como de lectora. En este relato he podido jugar con guiños e influencias de mis dos autores favoritos dentro del género Clark Ashton Smith y Robert E. Howard. Del primero y ciclos como el de Zothique, nacen ese escenario crepuscular y la idea de esa ciudad maldita de Kenath. Luego la personalidad de la misma es marca «Anita y su musa fumeta». El componente más épico tiene quizá más influencia Howardiana y el nombre de Agnes supone un homenaje a mi personaje favorito dentro de los creados por el autor: Agnès la Negra. Esta protagonizó dos relatos cercanos al género de capa y espada, además de un tercero, terminado por Gerald W. Page, con más influencias fantásticas. Su autor nunca los llegaría a ver publicados en vida, pues se suicidó en 1936 y estas historias se publicaron en los años 70 (de forma discontinua y en diferentes revistas).  Aunque hubo excepciones como la Jirel de Joiry de C.L. Moore, parece que los personajes femeninos lo tenían más complicado incluso cuando sus historias estaban escritas por alguien del calado de Howard. Por suerte, y aunque poco a poco, las cosas van cambiando.

Hasta ahí llega lo que tenía que contar sobre el proceso de creación de La condenación de Kenath. La trama en sí, o descubrir hasta qué punto logré mis objetivos, os tocará juzgarlos leyendo la historia. El relato saldrá publicado en una antología digital que se publicará en Lektu de forma gratuita. Ya os iré manteniendo informados de cómo avanza la cosa.

Descarga Gratuita: Última estación, la muerte

Rugen los caballos a vapor, las pistolas duermen en sus cartucheras dispuestas a entonar su canto, chirrían brazos y piernas artificiales al desperezarse… Amanece en el Salvaje Oeste steampunk. Tres mujeres a las que los avatares de la vida han convertido en agentes secretos han de coger un tren muy especial… Su última parada, bien puede ser la Muerte. 

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O tal vez sea un E-reader… Tras haber subido la historia al blog por episodios, os la ofrezco ahora en una sola entrega, en formato e-pub. El relato original formó parte de mi primera publicación en solitario “El erradicador de pecados y otras historias”, de vida breve, por no decir efímera, por la quiebra de la editorial Libralia.  Y por desgracias no es el único relato que ahora flota en el limbo, perdida la ineditez, por estar descatalogada o desaparecida la publicación donde salió originalmente. Mi intención es ir recuperándolos para el blog y para su descarga en formato epub y tal vez crear un día un recopilatorio gratuito con los textos que haya ido rescatando. 

De momento, podéis descargar este oscuro viaje en tren por el Salvaje Oeste pinchando en en “pa la saca”. Mientras, mi musa, empieza a darle vueltas a la idea de retomar las aventuras de Scarlett, Kelly Jane y Lillian… 

Pa la saca 

Última estación, la muerte V

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Todo había sido fácil. Tal vez demasiado, pensaba Lillian. Al primer pistolero lo habían cogido desprevenido. Los otros dos habían tomado a Scarlett por su compañero, pues Diablo se había tocado con el sombrero del hombre, un Stetson decorado con una pluma india. Ahora pensaban intentar la misma jugada, usando a Lillian como una falsa prisionera.

Sin darles casi tiempo a llegar a la casa, la puerta de la misma se abrió. A partir de ahí, nada trascurrió como lo planeaban. La mayor de las Abott lo intuyó en cuanto vio a Kelly arrodillada en el suelo, cargada con un collar de mortífero aspecto, y a Lee a su lado. Pero no le dio tiempo a avisar a Scarlett antes de que el detonar de una pistola resonase en la cabaña. Se arrojó al suelo mientras, a su espalda, sentía caer a su jefa y amiga.

Desde el suelo, Lillian desenfundó su arma y apuntó contra Carter Lee.

—Yo de usted, tiraría esa pistola —El revólver de Lee apuntaba contra Lillian, un extraño dispositivo, hacia Kelly—. A no ser que quiera ver cómo desnuco a su amiga.

Ya habían vivido eso con el Buhonero Oscuro. Pero allí estaban dos pistoleras para abatir al villano. Ahora, Lillian se sabía sola contra Lee.

—Lillian. Dispara contra él —ordenó Kelly. Los ojos de su hermana estaban impregnados en lágrimas. Su voz, sin embargo, sonaba firme—. La única prioridad es la misión.

La misión. Matar a Carter Lee. Pero, por mucho que lo dijesen las órdenes, eso no podía ser a costa de la vida de su hermana. Lillian arrojó su pistola al centro de la estancia.

—Y ahora, póngase en pie. Una pistolera de su talento puede serme muy útil en el futuro. Sigue leyendo

Última estación, la muerte IV

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Cantos de Muerte

El cuerpo le dolía como hacía años que no lo hacía, como los infaustos días en que era una niña indefensa, una marioneta a quien el Buhonero Oscuro implantaba nuevas partes artificiales para transformarla en el Diablo.

Scarlett se puso de rodillas. Aún era de noche y había perdido el monóculo al arrojarse del tren, pero el fuego y su ojo artificial bastaban para constatar el horror. Madera, cuerpos calcinados y toda una colección de objetos cotidianos se desperdigaban por el páramo. El vagón de las chicas estaba intacto, pero ninguna señal de vida brotaba del mismo, ni siquiera los ecos de una batalla. La pistolera apretó los dientes al sentir el roce de los pantalones contra la rodilla izquierda. La tela especial no la había protegido de las consecuencias del choque, tampoco del fuego. En su antebrazo humano, una nueva quemadura acompañaba a las que la marcaban desde poco después de su nacimiento. Su mano artificial no presentaba mejor estado. Había soportado la mayor parte del impacto y ahora estaba paralizada, con los dedos extendidos. Incluso si el dispositivo que activaba las garras de los nudillos funcionaba, no iba a poder usarlas para defenderse.

El garfio del guantelete también estaba atascado. Su único consuelo era que la pistola seguía en su funda. Y aun así era una alegría amarga, pues no tenía más munición de repuesto que la guardada en la bolsa colgada de su cinturón.

Ahora quedaba rezar para estar a tiempo de cumplir la misión y para que las chicas estuviesen vivas.

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Última estación, la muerte III

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El asalto

La oscuridad envolvía por segunda noche a la figura que reptaba sobre el techo de los vagones de segunda. Ante sus ojos se perfilaba una hilera de vagones por recorrer y una oscuridad inescrutable incluso para su ojo artificial: la de la Milla Muerta. Respiró hondo y siguió avanzando, ajena a las señales de dolor que le enviaban los hombros, sin dejarse vencer por el envite del viento que, esa noche, parecía haberse congraciado con sus enemigos.

Al llegar al extremo del coche, se arrodilló, bregando por mantener el equilibrio. ¿Sería mejor saltar o bajar al otro vagón y volver a trepar al tejado? La noche anterior había realizado todo el trayecto saltando. Sin embargo, ahora dudaba ser capaz de llegar a su destino incluso con la ayuda del garfio.

Buscó la locomotora con la mirada. Los primeros poblados de la Milla Muerta empezaban a asomar su decrépito cascarón y a ella aún le quedaban media docena de vagones por recorrer.

«¿Qué?»

Sus sentidos tenían que estar engañándola. Por un segundo, había creído ver una sombra de pie, sobre el tejado del coche de las chicas. Scarlett agudizó la mirada. Alguien se movía sobre el techo del vagón, con una seguridad impensable en semejantes circunstancias. La figura parecía sostener algo en la mano. Como si la hubiese visto, apuntó en su dirección. Un rayo purpúreo zigzagueó en la noche. Cuando impactó contra los vagones, la pistolera perdió toda noción de lo que sucedía, solo sabía que volaba por los aires, mientras el fuego se adueñaba del tren.

***

Kelly Jane no sabía qué había pasado. Solo que el caos había interrumpido una tensa cena. Recordaba las sacudidas, el verse proyectada en el aire y rebotar de un lado a otro del compartimento, en medio de una lluvia de maletas. Y las explosiones. Y los gritos. Pero las primeras habían sido las explosiones, una a continuación de la otra.

Dolorida, tentó, en busca del puño de su sombrilla. Estaba segura de que la explosión no era fortuita, ni tampoco obra de Scarlett o de Lillian. Solo cuando hubo recuperado su único medio de defensa, comprobó el estado de sus acompañantes. Carter Lee miraba a su alrededor con gesto confundido, un reguero de sangre le bajaba por la frente, sin que el inventor hiciese nada por detenerlo. El agente de la Pinkerton estaba agachado a cuatro patas, buscando, tal vez, su pistola.

No llegó a encontrarla. Cuando el hombre aún estaba hurgando entre una montaña de ropa desperdigada, proveniente de una maleta destrozada, la puerta del compartimento saltó en pedazos con tal potencia que uno de los fragmentos se clavó en el corazón detective. Kelly Jane desconocía qué fuerza podía haber hecho tal destrozo, pero era tan mala señal como la explosión. Decidida, se puso en pie. Su mano derecha estaba afianzada sobre el mango de la sombrilla, el dedo índice acariciaba un pequeño relieve que era en realidad un gatillo camuflado. Carter Lee se había incorporado también. No hacía ademán de sacar arma alguna, solo miraba el umbral con gesto expectante.

De telón de fondo, resonaba el canto de los disparos y los gritos. Kelly confiaba en que su hermana fuese uno de los que disparaban.

—Parece que volvemos a encontrarnos, profesor Lee —saludó una voz, proveniente de la oscuridad de una capucha. En realidad toda la figura pequeña y encorvada de su visitante estaba enfundada en una gran capa. A la vista quedaba una mano blanca, de uñas largas, que se apoyaba sobre un báculo broncíneo, lleno de cables y extrañas luces.

La agente de las Sombras contuvo el aliento, casi tan aterrorizada como la noche en que el Buhonero Oscuro había arruinado su vida. Detrás del enano, llegaba otro hombre. Su envergadura superaba los dos metros de alto, mitad puro músculo, mitad metal. Todo el brazo izquierdo había sido sustituido por un cañón que, humeante, apuntaba contra Kelly y Carter Lee.

—Veo, mi buen amigo Challenger, que las noticias sobre su muerte eran desmedidas —por un segundo, Kelly creyó ver una sonrisa asomando a los labios de Carter Lee.

El científico no apartaba la mirada del hombre enlutado, ignorando al gigante que apuntaba contra él con un cañón.

«Lillian, ¿dónde te metes?», pensó mientras, discretamente, empezaba a elevar la sombrilla.

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