Dr. Jekyll y su Hermana Hyde ( Doctor Jekyll and Sister Hyde)

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos.

El Doctor Jekyll es un científico entregado a su trabajo que cree haber descubierto un “antivirus “capaz de curar casi cualquier enfermedad, sin embargo para concluir sus investigaciones debería vivir mas de cien años. Deseoso de continuar con esa investigación, idea un elixir de la vida compuesto entre, otras cosas, por hormonas femeninas. Su búsqueda de esta materia prima le inducirá incluso a matar.

Director: Roy Ward Baker / Productor: Brian Clemens y Albert Fennel  / Guión: Brian Clemens , según la novela de Stevenson Dr Jeckyll y Mister Hyde / Fotografía: Norman Warwick / Música: David Withaker / Montaje: James Needs / Vestuario: Rosemary Burrows / Intérpretes: Ralph Bates (  Dr. Jekyll ), Martine Beswick ( Sister Hyde ), Gerald Sim (Profesor Robertson), Lewis Fiander(Howard ),  Susan Broderick (Susan ),  Dorothy Alison (Mrs. Spencer ),  Ivor Dean(Burke ), Philip Madoc ( Byker), Irene Bradshaw(Yvonne ) Tony Calvin ( Hare), Neil Wilson , Paul Whitsun-Jones , Dan Meaden , Virginia Wetherell, Geoffrey Kenion …. 

/ Gran Bretaña 1971 / Duración y datos técnicos: 95 minutos, technicolor

He de confesar que tengo especial cariño a esta ecléctica película de la Hammer, tal vez por que, bajo su aparente falta de pretensiones, encontramos un sustrato mucho más rico. La combinación de los mitos de Jekyll y Hyde con la figura del Destripador, unido a la elección de una figura femenina como representante del lado oscuro del científico, dan lugar a un juego de interpretaciones que se aprecian mejor en un segundo visionado. Si en el primero, además de la arrolladora interpretación de Martine Beswick, el espectador disfruta con el eclecticismo y cierto toque de ligereza y humor negro del guión (no en vano Brian Clemens fue uno de los creadores y guionista de la mítica serie Los Vengadores); en posteriores acercamientos a la obra, se observa una crítica a la hipocresía y a la moral victoriana, y a los herederos de esta, hija directa de la realizada por Terence Fisher y Jimmy Sangsteer en obras como Drácula (Horror Of Dracula, 1958)

Así Jekyll se nos presenta el típico victoriano que, por un lado desea ocultar sus impulsos y por otro carece de la suficiente fuerza de voluntad para luchar contra ellos.  Aparentemente rechaza la espiral de violencia que se ha generado por sus peculiares necesidades de materia prima, pero continúa con su experimentación sin llegar a plantearse, al menos en serio, dejar de sacrificar esas vidas prescindibles (las de las prostitutas).  Además, aunque al principio disfruta dando rienda suelta a la personalidad de su Hyde femenina, en cuanto esta demuestra tener una gran fuerza de voluntad, trata de anularla. A lo largo de todo le metraje su hipocresía se verá subrayada por su continua necesidad de justificar lo que está haciendo.

Hyde,  por el contrario, no se ampara en momento alguno en falsas coartadas, cuando mata lo hace por puro instinto de supervivencia, para proteger ambas personalidades convirtiéndose así en instrumento de Jekyll, que recurre a ella cuando no puede actuar bajo su verdadera apariencia. Es además una mujer que no acepta el rol impuesto por la sociedad que le ha tocado padecer, tiene una personalidad fuerte y también tiene claro lo que quiere sea en el plano material, sea en el plano sexual . En cierto modo, y aunque Hyde represente el lado oscuro que todos tenemos, en esta obra es la personalidad que mas simpatías despierta. En parte, esto se debe el contraste ya antes citado entre la hipocresía (y cierta creencia en la propia superioridad) de la que hace gala el científico, frente a la sinceridad de Hyde, aunque también ayuda la labor de los intérpretes. El añorado Ralph Bates era un intérprete idóneo para personajes con un punto repelente y odioso y aquí realiza tal vez su mejor papel para la Hammer; el actor logra hacer creíble en todo a momento a su Jekyll, tanto a la hora de presentárnoslo como un investigador altruista, como en el reflejo de su camino hacia el lado oscuro y del conflicto que tienen en su interior fascinación y rechazo. Martine Beswick devora la pantalla como Hyde. No era la primera elección para el papel, se llegó a valorar a Kate O´Mara o incluso usar a un Bates travestido, pero, vista la película hoy en día, nadie mejor que ella para adoptar ese rol. Más allá de un físico que la hace creíble como contrapartida femenina de Bates, Beswick destila oscura sensualidad y hace gala de una mirada salvaje muy propia de un «yo» oculto. Además, hace gala de un carisma que eclipsa al resto de personajes cuando ella aparece en pantalla, justo como la personalidad de Hyde ha de arrollar a la de Jeckyll. El resto de actores, como suele ser habitual en las producciones más cuidadas de la Hammer, cumple su labor con solvencia y ayuda a asentar esa crítica a la doble moral y la mojigatería victorianas.

A la interesante relectura del mito de Jekyll y Hyde, hay que añadir un acertado retrato de una sociedad que decía repudiar los crímenes del destripador, pero que, por otro lado, no se esforzaban demasiado en ponerles solución; al fin y al cabo las víctimas de los crímenes eran meras prostitutas. La precariedad de presupuestos hacía que muchas veces las ambientaciones fuesen el punto flaco de las películas de la Hammer; sin embargo aquí nos ofrecen un Withechapel nada pintoresco; el barrio es oscuro, triste, lleno de peligros. Las prostitutas ahogan sus penas en alcohol y se convierten en presa fácil para los desaprensivos dentro de ese laberinto de calles.

Roy Ward Baker, hábil artesano de la Hammer logra aquí uno de sus mejores trabajos para la productora británica en los años en los que ésta exhalaba sus últimos estertores. Una obra que tal vez conecte mejor con el público de hoy en día, habituado a un cine donde las fronteras entre géneros son cada vez más difusas, que con el de una década de los 70, en la que la Hammer no pudo adaptarse a las nuevas corrientes. Una verdadera lástima porque, aunque la productora produjo mucha morralla en esa época, también otorgó obras notorias y originales en sus enfoques. Sin salirnos de lo victoriano ni de la figura del destripador, merece la pena señalar una de las obras menos conocidas de la Casa del Martillo: Las manos del destripador (Hands of the Ripper, 1971), que también tendrá su reseña en esta cueva. 

 

 
Anécdotas:

* Virginia Wetherell, quien interpreta a una de las prostitutas de Withechapel, se convertiría en la mujer de Ralph Bates tras el rodaje de la película; la pareja permanecería unida hasta la muerte de Bates por cáncer de Páncreas.

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