La maldición de Hill House, crónica de una vivienda impía III

LA-MALDICION-DE-HILL-HOUSE

Analizando la Novela II

Tres aproximaciones al misterio

La mejor baza de la Maldición de Hill House en particular y de buena parte de la obra de Jackson (como por ejemplo en el ya citado Los Veraneantes) es la ambigüedad con que trata el misterio. Seguramente cada lector que disfrute de esta novela tendrá una visión y una teoría diferente de la misma; incluso, uno mismo puede variar en sucesivas relecturas sus impresiones sobre los sucesos de la casa. Al menos, en mi caso es lo que me ha pasado.

No es por tanto mi intención sentar cátedra alguna sobre la interpretación de la historia, cada lector tendrá la suya tan válida o más que las que pueda ofrecer yo aquí. Sin embargo, me interesa realizar tres aproximaciones básicas al misterio de la casa que serán muy útiles de cara a analizar las dos adaptaciones cinematográficas de las que ha gozado la novela de Jackson.

Aproximación sobrenatural

En Hill House hay verdaderas presencias sobrenaturales. La historia de la casa parece reforzar esta opinión. Hugh Crain perdió a su primera mujer justo antes de estrenar la casa; su segunda esposa perecería en una extraña caída dentro de la mansión; finalmente tras el fallecimiento del propio Crain y su tercera esposa en Europa, las dos hijas que éste había tenido en su primer matrimonio entablaron una agria disputa por la posesión de la casa. Finalmente se instalaría en ella la hermana mayor quien fallecería ya de anciana debido a una gripe y, según algunas habladurías, a la negligencia de su dama de compañía. Está última heredaría la mansión y se suicidaría al sentirse acosada por presencias extrañas.

De este modo, Eleanor se convertiría en el principal foco de atención de los fenómenos, en una víctima de las iras de la casa; no en vano su historia guarda cierto paralelismo con la de la joven dama de compañía de Abigail Crain, ya que la madre de Eleanor falleció en circunstancias similares a la señora de Hill House. Esto explicaría  por qué la mayor parte de los virulentos ataques que se producen en la casa tienen por objeto a Eleanor. Incluso su nombre llega a parecer en algunas pintadas que le dan la bienvenida a Hill House como si de una hija pródiga se tratase.

Esta explicación pierde consistencia cuando la casa escoge como víctima de uno de sus más ataques impactantes a Theodora, poco después de que se nos deje todo lo claro que se nos puede dejar, al no tener nunca sus punto de vista de la historia, que esta parece intuir que de un mondo consciente o no es Nell quien produce los fenómenos.

 

Aproximación realista

Dado que vemos la mayor parte de la historia desde el punto de vista de Eleanor, todo se produce en su cabeza. Los ruidos, pintadas y demás son alucinaciones de una mujer excesivamente frágil y fantasiosa.

El principal sustento para esta teoría lo encontraríamos en el retrato que nos hace Jackson del viaje de Nell desde su casa a Hill House. Gracias a la técnica de monólogo interior percibimos los miedos de Eleanor; su visón del viaje como el inicio de una nueva vida y, más importante aún, sus fantasías en las que se ve como señora de alguna de las casas que se ven por el camino. También veremos más adelante, cómo algunos elementos que le han llamado la atención durante el trayecto serán asimilados más tarde por la joven para crearse una nueva vida ante el resto de invitados en Hill House.

El problema al que se enfrenta la teoría son los fenómenos que son vistos y padecidos por varias personas; podría percibirse como algún tipo de alucinación colectiva o, incluso, como que toda o casi toda la historia trascurre únicamente en la mente de Nell, pero se me antoja demasiado rebuscado.

Aproximación mixta

Si mezclásemos las dos aproximaciones anteriores obtendríamos la que se me antoja como la más plausible de las explicaciones al fenómeno: los fenómenos son reales, pero no estarán producidos por ninguna entidad sobrenatural sino por Eleanor, quien catalizaría las fuerzas que moran en la mansión en forma de fenómenos poltergeist.

Esta explicación entroncaría con aproximaciones al fenómeno poltergeist que abogan por una explicación más antropomórfica del mismo. Según estas, las manifestaciones podrían estar producidas por personas sometidas a ciertas condiciones de estrés mental que tienen la mala suerte de recaer en algún enclave que cataliza esas inseguridades en forma de ruidos, caídas de muebles y demás fenómenos atribuidos tradicionalmente a espíritus burlones. Jackson era una mujer con amplios conocimientos sobre el mundo sobrenatural y, sobre el campo de las investigaciones paracientíficas; sus propias teorías apuntaban a que el componente psicológico resultaba clave a la hora de percibir de una u otra forma los supuestos fenómenos que se produjesen en una vivienda encantada; no sería de extrañar que aplicase esas teorías a la hora de recrear el misterio de Hill House.

Pero la validez de esta explicación a los fenómenos no se sustenta solo en las teorías esotéricas de su autora, sino también en el propio texto.

Tenemos por un lado los sentimientos ambivalentes de Nell hacia la casa: repulsión y ganas de convertirla en su hogar. De ahí las manifestaciones en forma de ruidos, que la asustan pero también la recargan de energía, o esas siniestras pintadas que le dan la bienvenida a casa.

Su propio sentimiento de culpa por la muerte de su madre se entremezclaría con la historia de la dama de compañía haciendo aún más inestable su psique. No olvidemos además que algunos de los golpes recuerdan a Eleanor la forma en que su madre la llamaba por las noches.

La propia fluctuación de sus sentimientos románticos también se traduce en parte de los fenómenos. En un primer momento parece existir cierta atracción mutua entre Theodora, quien llega a la casa tras una fuerte discusión con su novia, y ella. Cuando la primera comienza a mostrarse indiferente, incluso mordaz con Nell, los sentimientos de ésta parecen dirigirse hacia la Luke, pese a que ella misma se da cuenta de lo poco recomendable que es el joven. Es en este momento cuando los sentimientos de Eleanor hacía Theo se tornan en resentimiento, casi en odio, y se produce el ataque que comenté hace un par de apartados. Cuando finalmente los sentimientos de Nell parezcan decantarse hacia Theodora el citado fenómeno desaparecerá.

En relación con esta fluctuación de los sentimientos de Eleanor, que incluso podemos entender como una búsqueda de asimilar su propia identidad sexual, hay que considerar otro factor. Theo se nos presenta como una persona con unas capacidades telepáticas importantes; Ya en su primer encuentro con Nell, vemos como está percibe que Theodora parece tener la capacidad de “ver en su interior” de adelantarse, incluso, a sus pensamientos. Tal circunstancia invita a pensar que tal vez ésta perciba o intuya la vinculación de Nell con parte de los fenómenos lo que poco haría por mitigar la hostilidad que llega a generarse entre ellas a media trama. Otro factor importante, de cara a sustentar esta teoría, es el hecho de que, ya al final, cuando Eleanor cerca está de producir una tragedia al subir en trance la escalera de la biblioteca, la misma en la que se había suicidado la dama de compañía, sea Theo  la única que le brinda compresión y apoyo en lugar de hostilidad y reproches; tal vez porque comprende la complejidad de los sentimientos que acosan a Nell.

Valoración general del libro

El estilo de Shirley Jackson en esta novela puede definirse como aparentemente sencillo. No hace uso de un lenguaje ampuloso o barroco que dificulte la compresión del texto y lo dote de grandilocuencia; una persona con unos mínimos conocimientos de inglés podría seguir la trama sin excesivos problemas (de hecho yo leí la novela por primera vez en el idioma original y no me perdí en ningún momento) porque ni la historia ni el estilo lo requieren. Es más, dada la técnica de monologo interior escogida, un estilo demasiado recargado habría restado credibilidad al libro; Nell es una mujer a la que los avatares de la vida no le han permitido obtener una gran formación académica.

Jackson maneja esta compleja técnica literaria con maestría y no es nada fácil. El monologo interior se basa en ver las escena desde los ojos, los pensamientos incluso de un personaje pero narrado en tercera persona. Lo difícil, a mi juicio, de esta técnica, es dejar claro al lector que pese, al uso de una persona narrativa asociada con la objetividad, está leyendo una visión totalmente subjetiva de los hechos. No es fácil, pero Jackson lo logra. Siempre tenemos claro que, salvo el prologo y el epílogo, vemos las cosas desde la perspectiva de Nell; con sus complejos y sus prejuicios; con sus dudas. Percibimos cómo, por mucho que lo oculte, la casa va a afectándola poco a poco, generando en nosotros mayor inquietud de lo que la haría cualquier otra perspectiva de la historia.

Otro de los puntos fuertes de la autora son los diálogos. Por un lado la forma que cada personaje tiene de hablar resulta de acorde con su personalidad y formación. El Doctor Montague, en los momentos que ha de explicar la historia de la casa, lo hace como lo haría un profesor impartiendo la lección, y esa es su profesión; en Luke se percibe esa superficial simpatía de quienes están acostumbrados a aprovecharse el buen corazón de terceros; en el tono despreocupado o el humor cruel de Theo se traslucen sus propias inseguridades, los secretos no desvelados. Y no nos olvidemos de ese secundario que es la señora Dudley, gracias a esa forma robótica que tiene de hablar, el lector casi puede oír el tono monótono de su voz cuando lee sus diálogos.

Por otro, Jackson usa los diálogos para marcarnos cuándo los personajes están en estado de tensión, no siempre generado por los fenómenos de la casa. No recurre a los típicos y tópicos “tengo miedo”, “no entres ahí” de película de terror ramplona, sino a algo más realista: esos diálogos absurdos que somos capaces de entablar los humanos cuando queremos demostrar estar tranquilos y deseamos descargar tensión a través de la “risoterapia”.

La novela no está exenta de cierto grado de humor. Desde el más sencillo como los diálogos antes mencionados, al más negro, personificado por las reacciones que causa la siniestra señora Dudley en sus pobres invitados, o ya en la recta final, el peculiar personaje de la señora Montague. Eso sí, estos episodios siempre están integrados en la trama y son coherentes con el desarrollo de la historia.

Todos estos factores convierten a La maldición de Hill House en una sólida novela de terror y, tal vez, en la obra cumbre de las historias de casas encantadas. Otros autores han tratado de tomar el esquema de Jackson y superar su propuesta, pero, a mi juicio, no han logrado captar la sutilidad y los matices que tienen esta novela y, sobre todo, sus personajes. 

 

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