Lust for a Vampire

Mircalla, la hermosa condesa vampira, regresa de la tumba para convertir un bucólico internado para señoritas en su coto de caza particular.

Director:Jimmy Sangsteer / Productores: Harry Fine, Michael Style / Guión:Sheridan Le Fanu (personajes) , Tudor Gates / Fotografía: David Muir  / Música: Harry Robinson  /Montaje: Spencer Reeve / /Intérpretes: Michael Jonson ( Richard Lestrage), Yutte Stensgaard (Mircalla), Ralph Bates ( Giles Barton), Susana Leight ( Janet), Pippa Steele (Susan), Mike Raven, Helen Christie, David Healy, Judy Matheson, .. Nacionalidad y año: Gran Bretaña, 1971 / Duración y datos técnicos: Color, 91min.

Lujuria para un Vampiro ( Lust For a Vampire , 1971) es posiblemente uno de los puntos más bajos dentro de la temática vampirica de la Hammer y con toda claridad la más floja de las que componen la trilogía de los Karnstein. 

Los defectos de la película son innumerables y el primero de ellos (y causa de muchos posteriores) es querer generar cierta duda en torno a quién es la vampira. Decisión por completo absurda, puesto que todo aquel familiarizado con el personaje sabrá quién es en cuanto pronuncie su nombre. Este error de partida redunda negativamente en la dirección de Sangsteer, puesto que se ve obligado a mostrar los primeros ataques de la chupasangres haciendo uso de la cámara subjetiva, logrando así un efecto bochornoso, más propio de un amateur, al tener que pegar su victima la cara a la pantalla.

Pero los despropósitos no terminan aquí y es que, para colmo de males, Lujuria para un Vampiro ( Lust For a Vampire , 1971) goza de una de las peores direcciones de actores de la historia de la productora. El gran Ralph Bates parece una parodia (tal vez intencionada) de sí mismo, los normalmente efectivos secundarios están flojos e inexpresivos y ¿que decir de la protagonista?…..Yutte Stensgaard gozaba el físico de una muñeca Barbie y su expresividad es aún menor que el de la famosa muñeca de plástico.

Lo cierto es que vista hoy en día da la sensación que la película se realizó con un valor o, mejor dicho, una intención puramente crematística, como una explotation cuyo único fin es aprovechar el filón comercial de su predecesora la notable Las Amantes Vampiro (The Vampire Lovers, 1970).

Tan paupérrima es la calidad de la película que, siendo generosos, solo son resecables dos escenas: el prologo, donde se nos narra la resurrección de la vampira, y el momento en que el personaje de Bates se encara con ella. Por desgracia y siguiendo la tónica de este producto, el buen resultado del prologo queda minimizado por una nueva visón de este momento, avanzada ya la película, cuando se nos desvela (¡oh sorpresa!) la identidad de la chupasangres. Además de su identidad el espectador descubre que la vampira ha regresado de la muerte despeinada,  pero, eso sí, gloriosamente maquillada (sombra de ojos azul incluida).

El resto es una sucesión de escenas que van de lo anodino a lo mediocre, llegando incluso a lo directamente bochornoso, siendo coronadas todas ellas por una de las muertes más lamentables que haya podido tener un vampiro en la gran pantalla.

 

Anécdotas

*El papel de Giles Barton estaba pensado para Peter Cusingh , por desgracia el actor tuvo que abandonar el rodaje debido a la grave enfermedad de su mujer. * El director inicialmente previsto Terence Fisher.* Ingrid Pitt se libró de volver a interpretar a la condesa Karnstein por encontrase rodando La Condesa Drácula ( Countess Dracula, 1971)* Algunas malas lenguas llegaron a apuntar , injustamente, que Yutte Stensgaard pertenecía a una Secta Satánica.

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Fantasmas entre las Sombras III

Tiempo aproximado de lectura: 7 minutos. 

Las montañas cobijaban un estrecho valle, y este, un refugio de ladrones. Empezaba a caer la oscuridad y resultaba complicado distinguir el color de las vestiduras de los hombres, pero su silueta era perfectamente clara para los ojos cubiertos por gafas de visión nocturna de las dos pistoleras.

Las dos mujeres se ocultaban tras las rocas. Sus ropas habían dejado de ser del color de la nieve y se mimetizaban con la oscuridad. Habían dejado a un lado bufandas y sombreros, para cubrir sus cabellos con sendos pañuelos negros. Mientras Lillian terminaba de encajar las piezas de su rifle desmontable, Kelly vigilaba el campamento. Cuatro hombres se paseaban por él. Uno revisando las motocicletas; otro, vigilando el campamento, lanzando ocasionales miradas a lo alto. Los otros dos trataban de entonar canciones de taberna, con voz pastosa. Y alguno más se ocultaría en la cabaña, junto con el botín y los prisioneros. Si los había. No se habían topado con más cuerpos, pero….

Lillian terminó de enroscar un cilindro en la punta del cañón. El arma era un hermoso heraldo de muerte; más en manos de la pistolera de cabellera plateada. A la ventaja de estar dotado de un cargador trasversal, capaz de cargar treinta balas, el doble de muchos Winchester, se añadía su infalibilidad como tiradora. En el viejo circo Abott sus disparos se contaban por dianas; como agente, por enemigos caídos.

—¿Crees que realmente esa cosa evitará que se oigan los disparos?

—Pronto los descubriremos. Prepárate para atacar la cabaña, si es necesario.

Kelly asintió, antes de, camuflada en la oscuridad, empezar a descender por un estrecho camino en dirección al valle.

Mientras tanto, su hermana buscaba su primer blanco. Su respiración era tranquila. Su pulso firme. Ella y el rifle eran uno, e infalibles. La mirilla se detuvo en el corazón del hombre encargado de la vigilancia. Lillian contuvo el aliento y disparó. El forajido cayó al suelo, de frente. Sus compañeros se apresuraron en su dirección. La agente buscó el siguiente objetivo. El hombre de las motos. De nuevo, su gatillo no falló. Los otros dos se quedaron parados; temerosos tal vez de aquella muerte silenciosa, desenfundaron sus armas, mirando a su alrededor. Semejante falta de reflejos proporcionaba demasiada ventaja a la rival con quien se enfrentaban, si deseaban continuar con vida. Y eso fue algo que no tardaron en descubrir. Un nuevo disparo y ya era solo uno el forajido en pie. Alzó la pistola. Lillian logró abatirlo, pero no impedir que apretase el gatillo ahogando con su tronar la sensación de completo triunfo de la agente. 

Soltó aire. En el cargador aún quedaba suficiente munición. El problema estribaba en cómo reaccionarían los de la cabaña tras oír la detonación, y en si Kelly, cosa difícil, había llegado a la altura de la misma.

La primera de sus preguntas no tardó en contestarse. Un hombre salió a la puerta del refugio, revólver en ristre. Tenía la camisa medio abierta y no llevaba sombrero. Miraba a su alrededor, sin atreverse a traspasar el umbral, sin entender del todo, seguramente, por qué habían caído sus cuatro compañeros. Solo habían escuchado una detonación y, sin embargo, cuatro cuerpos yacían sobre el suelto pedregosos. Lillian se lo explicó de un certero balazo.

Los otros componentes de la banda fueron más listos. Antes de que Lillian tuviese ocasión de buscar un blanco, el cuerpo del caído rodó sobre el suelo polvoriento y la puerta se cerró, resonando en la moribunda quietud del valle. En el interior de la cabaña, las luces se extinguieron. Eso podía ser un punto a favor de las agentes de Las Sombras. Pero otros elementos se habían aliado en su contra; los forajidos cobijados en la vivienda se habían apostado a los lados de las ventanas no frente a estas. La pistolera intuía siluetas cerca de las mismas, pero ni siquiera ella podía lograr un blanco en tales condiciones.

No podía saber, ni siquiera con la ayuda de la mira de la escopeta, si Kelly estaba cerca de la cabaña. Habría que recurrir al plan de emergencia e iniciar un acercamiento lateral. Se cruzó el rifle a la espalda y desenfundó su propio revólver. No era un arma al uso, tanto el cañón como el tambor eran más anchos que los de los de un revólver normal y todo él, incluida la empuñadura, se mimetizaba con la noche mientras Lillian descendía por el camino, lleno de piedra suelta. En su avance, dirigía ocasionales miradas a la casa. No le gustaba dejar su flanco al descubierto durante demasiado tiempo. Aun así, el verdadero peligro llegaría cuando se moviese por el valle. Incluso llevando la melena cubierta con un pañuelo azabache y el abrigo reversible por su parte negra, podía ser vista. Y también Kelly.

 

Mientras su hermana descendía, Kelly Jane había llegado a la fachada trasera de la cabaña. En ese punto, solo se abría un ventanuco, estrecho, insignificante para unos hombres seguros de estar siendo atacados desde el frente. Era suficiente, no obstante, para analizar el interior. El panorama era más desagradable de lo esperado. Tres hombres permanecían en el improvisado fortín. Uno, armado con un rifle, vigilaba una ventana cercana a la puerta. De los otros dos, pertrechados con pistolas, uno miraba por la ventana de la derecha; su compañero, alternaba su atención entre la de la izquierda y una cama en la que yacía atada una mujer, casi una niña, india o mestiza. Su negra melena caía revuelta sobre la almohada; sus piernas se abrían, hasta quedar sus tobillos atados a ambos laterales de la cama, aunque su vestido estaba intacto. Una rehén. Tres pistoleros.

Demasiado para ella sola. Su puntería no era la de Lillian ni el ventanuco el mejor puesto para disparar.

Tocaría contener su ímpetu y seguir el plan acordado de antemano. Sin embargo, aún curtida ya en demasiadas misiones, Kelly no podía dejar de mirar a la chiquilla. Incluso a través del cristal, y teñido del color verdoso de las gafas de visión nocturna, la mueca de dolor y miedo de la muchacha resultaban claros; tampoco le pasaban desapercibidas las manos que, en su esfuerzo por aflojar las ligaduras, hincaban más estas en su carne. Contemplándola, Kelly Jane no podía evitar imaginarse a Lilly en manos del depravado al que la había vendido el Buhonero Oscuro. ¿Habría temblado así? ¿Llorado? Había visto las heridas de Lillian, la había oído mencionar las cabezas cercenadas, pero jamás habían profundizado en los sentimientos que la habían invadido esa noche horrible. Como mujer, Kelly podía imaginárselos, pero a veces se preguntaba si el hermetismo y el aislamiento de Lillian eran sanos. Su hermana no había estado con nadie desde entonces; ella misma, con el corazón guardando luto todavía por Joe, había tenido un par de encuentros antes de admitir que aún no estaba preparada para entregarse a un amante.

—Art, alguien se acerca —susurró el vigilante de la izquierda.

El hilo de los pensamientos de Kelly murió de repente; esa noche era la agente Ginger, de Las Sombras, no Kelly Jane Abott, la hermana preocupada. Aprovechando que su presencia seguía sin ser advertida, se preparó para disparar.

—¿Por dónde?, yo no veo nada —se inquietó el de la ventana.

—Vi una sombra cruzando cerca de las motos. Ahí está otra vez.

El hombre de la ventana se apresuró hacia su compañero. El situado cerca de la niña permaneció en su puesto. Kelly ya tenía claro cuál sería su blanco. Con cuidado, cambió de posición, buscando un mejor ángulo de disparo. Su puntería distaba de ser la de Lillian; necesitaba cualquier ventaja digna de ser aprovechada.

La pelirroja tomó aliento, esperando una señal en forma de disparos.

Estos fueron precedidos de un canto de cristales rotos. Tronaron revólver y rifle en sincronía. Sin recibir respuesta.

—¿Crees que le hemos dado?

—Pareció caer… —dudó el tal Art, bajando, al igual que su compañero, ligeramente su arma.

Kelly contuvo el aliento. La cordura le decía que Lillian no podía estar muerta. Ambas llevaban ropas especiales de Las Sombras, capaces de amortiguar y hasta de detener, el efecto de una bala normal. Sin embargo, no podía evitar ser una hermana.

Una hermana muy orgullosa de compartir sangre con la mejor pistolera de todo el Oeste. Cuando los forajidos se creían ganadores, llegó la réplica a sus disparos. El primer tiro abatió a Art; su compañero intentó reaccionar, pero el gatillo de Lillian fue más rápido. Mientras tanto, Kelly no se había quedado parada; tampoco el vigilante de la muchacha, que hizo ademán de inclinarse sobre ella, fuera con intención de matarla o de usarla de escudo. Kelly no pensaba consentir ni una cosa ni la otra; su disparo perforó el cristal en medio de un estruendo; otro proyectil habría perdido fuerza al romper semejante barrera, la munición especial de Las Sombras podía atravesar un tablón de madera y matar al rival cobijado tras él. Por desgracia, el proyectil se hundió varios dedos por encima de lo debido. El hombre cayó al suelo, herido en su hombro izquierdo, pero aún vivo y armado para disparar contra el ventanuco. Y con buena puntería. Una bala pasó rozando la mejilla de la pelirroja antes de que acertase a echar cuerpo a tierra. Llovió la pólvora, luego hubo silencio.

Seguramente el pistolero estaría intentando recargar.

—¡Malditas zorras! —oyó bramar mientras se ponía en pie—. Intentad dispararme y esta putita tendrá una segunda boca.

El revólver del forajido estaba caído sobre el suelo. En su mano derecha sostenía un cuchillo, colocado tan cerca del cuello de la prisionera que Kelly creyó ver un hilillo de sangre descendiendo por su garganta. Lillian se erguía impasible frente la ventana, con la pistola lista para ser disparada. La pelirroja siguió el ejemplo de su hermana y apuntó al forajido, a través del ventanuco.

—Os lo advierto. Mi cuchillo nunca falla —presumió, presionando un poco más la hoja contra la delicada carne.

—Tampoco mi gatillo. Hoy uno de los dos perderá su imbatibilidad  —contestó Lillian en tono gélido—. A no ser que quieras ser inteligente y soltar tu cuchillo.

 Las últimas palabras eran un mero añadido para dar a Kelly la oportunidad de ver hacia dónde apuntaba el cañón de su hermana y centrar su blanco. Cualquier agente curtido sería consciente de que se enfrentaban a un rival dispuesto a morir arrancado todas las vidas posibles hasta la llegada de su último estertor.

—Ríndete tú, zorra —escupió al bandido.

La contrarréplica llegó en forma de dos disparos separados apenas por segundos. Cada uno con una diana; la bala de Lillian se hundió en la muñeca del asesino, obligándolo a soltar el cuchillo un segundo antes de que el disparo de Kelly detuviese por siempre el latido de su negro corazón.

La pelirroja se permitió un hondo suspiro tras ver caer al hombre. Habían vivido esa situación en otras ocasiones; en la primera Kelly había estado en el mismo lugar de la secuestrada, en calidad de rehén del Buhonero Oscuro, y Lillian y Scarlett tras las pistolas; sin embargo, seguía conteniendo el aliento, como aquella angustiosa primera vez, siempre que reproducían el agónico tiroteo.


The Vampire Lovers

La Condesa Karnstein es una hermosa mujer que sufre el estigma del vampirismo, de vez en cuando siente una fascinación por alguna de sus victimas rayana con el enamoramiento, para poder conseguir su objetivo no dudará en introducirse la vida de estos. 

Director: Roy Ward Baker / Productores:Harry Fine, Michael Style  / Guión:Sheridan Le Fanu (novela), Harry Fine (adaptación) /Fotografía:Moray Grant  / Música: Harry Robinson / Montaje: James Grant / Intérpretes:Ingrid Pitt ( Carmilla), Madeline Smith (Emma Morton), George Cole (Geroge Morton), Kate O’Mara( Madame Perrodot), Peter Cushing,( General von Spielsdorf), Dawn Addams ( La Condesa), Jon Finch ( Carl Ubhart), Pippa Steel (Laura), Douglas Wilmer ( Barón Hartog), Ferdy Mayne,  Kirsten Lindholm, Janet Key, Harvey Hall, John Forbes-Robertson, Charles Farrell  / Nacionalidad y año: Gran Bretaña, 1970  / Duración y datos técnicos: Color, 91min.

 

Carmilla, novela corta escrita por el irlandés Joseph Sheridan Le Fanu, es uno de los relatos claves ya no solo del género vampírico en particular sino de toda la novela gótica en general. Fuente de inspiración para el Drácula de Stocker , Carmilla es sin duda una de esas historias a la espera de una “adaptación definitiva” y es que la visual narración de Le Fanu tiene todos los ingredientes para dar lugar a una pequeña gema del género, pero aún no ha sido objeto de una versión por completo redonda. Pese a ello, ha tenido adaptaciones interesantes, como La Cripta e l´incubo, dirigida por Camillo Mastrocinque, o la obra que hoy nos ocupa. 

The Vampire Lovers atesora una interesante calidad cinematográfica y como adaptación, pese a nacer en el llamado periodo de decadencia de la Hammer y  a buscar, como era habitual en esas fechas, taquilla de un modo facilón, a fuerza de exponer carne femenina de modo no siempre justificado en la trama. Handicap este último que, en cierto modo, comparte con el Fantaterror español, bastante influido por la productora británica, se iniciaban los años de crisis del terror patrio y muchos creían que dar un toque de erotismo a sus productos podría mitigar los daños y atraer a un público dispuesto a abandonarlos por obras foráneas. Por desgracia, en la mayoría de los casos el reclamo comercial no cuajaba y la calidad de las películas se resentía con este toque erótico festivo que, vistas esas obras hoy en día, es uno de los elementos que peor llevan el paso del tiempo, hasta el punto de resultar cursi y ridículo en muchas ocasiones. 

Pero mejor me centro en la película objeto de esta reseña The Vampire Lovers. Erotismo cursilón aparte, nos encontramos ante una adaptación bastante fiel de la novela, tanto en forma como en fondo. Cosa que no ocurría, por ejemplo, con la excelente versión de Dracula realizada por Terence Fisher, donde, si bien se captaba a la perfección el discurso “oculto” de la obra de Stoker ( aunque fuese para pervertirlo) el guión se tomaba muchas licencias respecto a los acontecimientos y personajes protagonistas de la novela. En este Vampire Lovers las modificaciones más evidentes se dan en los nombres de los personajes (la Emma de la película es la Laura del libro; el personaje de Kate O´Mara es una suma, y a la vez modificación de varios secundarios de la novela,) y en la estructura narrativa. Este último se nota especialmente en la parte en que interviene Cushing; su historia es narrada en el libro a modo de flashbacks , mientras que en la película hace las veces de un primer episodio.

Destaca, de este modo,  el guión de Harry Fine por haber adoptado con tino el espíritu de la novela y por saber aprovechar hasta los elementos más aparente nimios de esta. De este modo tenemos fragmentos como el prólogo protagonizado por el Barón Hartog que, si bien es un elemento nuevo,  se relaciona con hechos insinuados en el texto original. Fine aprovecha también con éxito las ligeras indicaciones de la novela de que la vampira no actúa de un modo completamente libre, que tal vez exista otro poder detrás de ella. Para plasmar este último hecho ayuda también la interpretación de Ingrid Pitt quien, sin ser una actriz de grandes registros, consigue reflejar con bastante efectividad ese autorechazo y esa dualidad (apariencia fuerte , pero cierta debilidad física) de la que hacía gala la Carmilla literaria.

Lo cierto es que una de las grandes bazas de esta película es su reparto, ya no solo por la buena labor interpretativa de los actores, sino por su gran adecuación a sus respectivos papeles. Cushing vuelve a demostrar, Madeline Smith resulta por completo frágil, inocente y angelical, sin perder el encanto, Kate O ´Mara se muestra capaz de reflejar sin estridencias la atracción que su personaje siente por la hermosa vampira desde un primer momento… y los secundarios habituales vuelven a demostrar su profesionalidad. 

En el aspecto negativo de la película, tenemos los desmanes estéticos propios de la época, entre los que destacan unas escenas oníricas que parecen sacadas de un videoclip especialmente piscotrónico, y los toques de erotismo que, si bien en su época se podían ver picantes, hoy resultan ñoños y hasta un poco ridículos . Sin embargo, y afortunadamente la mayor parte de la narración es bastante clásica gracias a lo cual la película ha soportado (salvo detalles puntuales)  bien el paso del tiempo y sigue siendo una de las grandes películas de la Hammer de los 70.

 Bibliografía

Novela Corta: Carmilla de Joseph Sheridan Le Fanu, publicado dentro de la antología Vampiras , colección Club Diógenes , editorial Valdemar. Traducido por Juan Antono Molina Foix.

La Sombra regresa

Tras estar parada desde septiembre por cuestiones creativas, mi versión de La Sombra regresa a la programación de Action Tales, con la publicación del número 5 de este serial donde el amo de la oscuridad combate al mal en un escenario heredero del universo que creé para ubicar las aventuras de Diana Hunt. Es este un mundo, donde el vigilante, además de ser azote de extraños cultos orientales, triadas, gangsters y supercriminales humanos,  ha de luchar con bandas de mestizos y zoomorfos, muchas veces combinados con alguno de los elementos previos. La razón de este cambio, además de lo cómoda que me siente en ese mundo alternativo, es jugar con los elementos más fascinantes y exóticos de los pulp originales sin correr el riesgo de caer en tópicos políticamente incorrectos o prejuiciosos, además de poder dar más peso a los personajes femeninos sin convertirlos en anacronismos e incongruencias andantes.  

El presente número, segunda parte del arco argumental “Lobos sobre Broadway”, resume bien ese enfoque personal. Por un lado, es una historia de extorsión y bandas criminales, donde los agentes de La Sombra soportan el mayor peso de la historia al tiempo que su señor es una presencia oscura, misteriosa y elusiva que flota a lo largo de la trama. Por otro lado, los criminales son zoomorfos y mestizos lupinos, con las peculiaridades de conducta y ambientación que eso provocará. Además, la idea del supervillano está presente, a su modo, pues esta banda parece gozar de la protección del único malvado capaz de escurrirse entre las manos del amo de la oscuridad: El Dragón de Jade. 

Sin más os dejo con el enlace para descargar el número: http://dreamers.com/actiontales/encru/sombra/sombra5.htm

Si no habíais leído los números anteriores, o deseáis refrescar la memoria, los tenéis todos ordenados en el siguiente enlace: http://dreamers.com/actiontales/sombra.htm

Y aquí podéis leer todas las novedades de abril en AT http://dreamers.com/actiontales/seriesmv.htm

sombra5

Para abrir boca os dejo con la espectacular portada, obra de uno de los cracks de Action Tales, José Baixauli, y la sinopsis.

Prosigue el enfrentamiento contra los Amos de la Noche. ¿Logrará La Sombra rescatar a Cliff Marsland de la trampa tejida por Selene? ¿Cuál será el destino de Arline Griscom?  ¿Qué pálpito puede tener Joe Cardona al ver los cadáveres de seis lobos alfombrando una calle de Broadway?
Solo La Sombra lo sabe…