The giant claw

El ejército americano ha de enfrentarse a una especie de buitre gigante que amenaza con hacer de nuestro planeta su comedero. El problema es que al animal no sólo está dotado de un letal aliento ígneo, sino que trae campo de fuerza incorporado.

 

¡Ay! Si la película hiciese justicia al cartel…

Director: Fred F. Sears / Guión: Paul Gangelin, Samuel Newman / Intérpretes: Jeff Morrow (MacAfee), Mara Corday (Sally Caldwell), Morris Ankrum (General Edward Considine), Louis Merrill (Pierre Broussard), Edgar Barrier (Dr. Karol Noymann), Robert Shayne (Gen. Van Buskirk), Frank Griffin (Pete, piloto), Clark Howat (Mayor Bergen)/ País y año: USA, 1957 /Duración: 74 minutos / Blanco y negro.

 

He de confesarlo: entre mis muchos pecados cinematográficos destaca el de encontrar cierto gozo culpable al visionar películas con monstruos cutres, de esos que parecen hechos con un par de calcetines del abuelo o el envoltorio del bocata ( inolvidable, en este aspecto el tiburón de papel de Albal de la inenarrable Lost Continent, perpetrada por Michael Carreras). Por eso, en cuanto vi esa especie de muñeco de trapo gigante con cierto parecido con un buitre, que es el pajarraco que siembra el caos en esta historia, me propuse verla.

El grado de patetismo del monstruo satisfizo con creces mis expectativas, erigiéndose como una de las amenazas más lamentables a las que se ha enfrentado la humanidad —con permiso de la serpiente de mar que introdujera Amando de Ossorio en la película homónima—. Y es que no es sólo que al buitre gigante se le vea hecho con cuatro dólares, dos de ellos gastados en ponerle una cresta de pavo de navidad que anidará en nuestras retinas durante eones, sino el trabajo de Fred F. Sears. El director, un artesano de la serie b que un año antes había demostrado tener buena mano para la ciencia ficción de serie B con la mítica La tierra contra los platillos volantes (Earth vs the Fliying saucers, 1956), parece empecinado en descubrirnos las carencias de presupuesto y planificación de la película; de este modo, no solo nos ofrece primeros planos constantes del animal,  sino que no hace nada por disimular la repetición del mismo fotograma cada vez que nuestro entrañable esperpento ataca una avión y se merienda a alguien.

¿Pero a este no me lo habían merendado ayer? Pal buche, de todas formas.

Y es que, además de ser un monumento al cutrerio desvergonzado, esta película resulta ser una verdadera oda al reciclaje (practica, por otro lado, muy común en la serie b de la época). Así,  a la hora de narrar el ataque del bicho a Nueva York (¿Qué otra ciudad americana podría ser, si no? ),  Sears tomó material de obras tan diversas como Treinta segundos sobre Tokyo, La guerra de los mundos (¡de la que se usa un plano de la destrucción Los Ángeles para representar un ataque a Nueva York!), o La Tierra contra los Platillos Volantes, que contaba con los efectos visuales del futuro rey de la Stop Motion Ray Harryhausen. De esta última no queda del todo claro cuanto material se recicló, pero se sabe que la imagen de las destrucción del Monumento a Washington fue uno de los planos reutilizados. La leyenda sobre el “saqueo” sufrido por esta última cinta adquirió tales dimensiones que más de una fuente habla de The Giant Claw como un Harryhausen sin Harryhausen e, inclusive, se cuenta que se les coló un plano de un platillo volante en medio de la orgía de destrucción perpetrada por nuestro esperpento alado favorito.  Sobre esto,  he de confesar que, pese a estar pendiente, yo no lo llegué a ver.

New York, New York… ¡A Wonderful town!

Lo más triste de todo esto, en lo que se refiere a los aspectos técnicos de la película, es que la criatura podría haber sido mucho mejor, pues en un principio se ofreció su realización a Ray Harryhausen; por desgracia el maestro de la stop motion tenía en marcha en ese tiempo The Elemmentals, un proyecto personal con mimbres parecidos a la presente obra, lo que le hizo rechazar la oferta. Al final, y por desgracia para todas las partes y sobre todo el espectador, el técnico solo llegó a grabar algunas escenas de prueba para su obra y The Giant Claw se tuvo que conformar con relatar la terrible amenaza de un “pavobuitre” despeinado.  

Dejando a un lado a la estrella de la función, por suerte o por desgracia (dejo eso a juicio de los lectores), el resto de elementos no están a la altura de la misma en cuanto a esplendor esperpéntico. El argumento, si bien sencillo, no resulta más flojo o plano que el de la coetánea, y excelente, The Deadly Mantys; es más en The Giant Claw se introduce una pincelada de originalidad con respecto a otras obras del género (siempre más centradas en las explicaciones paracientíficas, como criaturas mutantes o seres prehistóricos rescatados del hielo, involuntariamente, a causa de las pruebas militares de rigor) al vincular a la criatura con ” La Carcagne”, con un supuesto personaje del folclore francocanadiense. Además, salvo en cierto pasaje del final, los tradicionales momentos de propaganda del ejército americano y los insertos “documentales” son más discretos que en otras obras de similar pelaje.  Por último, y no menos importante, resulta curioso comprobar que la desidia de Sears a la hora de ocultar las carencias técnicas del bichejo no se traducen en afrontar otras tareas, como puede ser la dirección de actores,  con idéntica negligencia;  el reparto, donde cabe destacar a Mara Corday, una de las estrellas femeninas de la serie B, realiza una labor solvente, que ayuda a disfrutar del producto, pese a las lagunas (por no llamarlas océanos) técnicas. 

El cuidado de estos últimos detalles, unido al deseo de contar en un primer momento con Harrhausen,  pensar que el presente era un proyecto serio, sin intención alguna de pasar al Olimpo del esperpento. Lástima, como he insinuado en otros puntos de esta reseña, que sus responsables no se aplicasen la máxima que Vicente Minelli, inspirado por el rodaje de La mujer pantera, enunció en Cautivos del Mal ( The Bad and the Beautiful): hay monstruos que impresionan más cuanto menos los vemos… Bueno, nuestro pajarraco sigue impresionando, pero por su entrañable cutrerio.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s