Instinto Animal

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Después de más  de un mes sin actualizar el blog (el NaNoWriMo me tuvo secuestrada. Ya hablaré en otra entrada de la experiencia de este año), aparco hoy un poco la escritura de mi última novela para presentaros Instinto Animal, una de las últimas antologías donde he participado, y hablaros de paso un poco sobre mi aportación a la misma, el relato “Su verdadera piel”.

La escritura es un proceso peculiar, culpabilicemos de ello a las musas, los vericuetos de nuestra mente o a los caprichos de los antihistamínicos, la inspiración es una criatura caprichosa. A veces cuanto más peleamos por intentar sacar adelante una historia, más nos esquiva esta; otras una noche de insomnio te da para idear mentalmente un borrador entero de un relato. Hay tramas que te salen de un tirón y no te sueltan ni aunque intentes alejarte de ellas (me está pasando con mi actual novela gracias al empujón del NaNo) y otras que necesitan ser escritas en varias etapas, a veces hasta separada con un año de diferencia.  Y luego estás las historias peleonas; las que te gritan “¡Cuéntame, capulla!”, pero no terminan de encontrar la forma adecuada, especialmente si tienen la desgracia de caer en manos de una jardinera literaria.  

“Su verdadera piel” es una de esas historias rebeldes. La idea base llevaba tiempo en los cajones de mi mente, pues jugaba con elementos habituales en mis escritos: ritos ancestrales, terror, erotismo, este toque pulposo a lo Werid Tales o publicaciones similares tan común en mis últimas historias. No fue hasta hace un año y un mes (un mes y tres días para ser más precisos) que intenté escribirla por primera vez. La historia no era exactamente la que ha terminado siendo seleccionada para Instinto Animal, ni en título ni en desarrollo, sino una trama de brujería y pueblos del Estados Unidos de los años 40 cargados de secretos y puertas a otras realidades, titulada “Terror en Wizard Creek”.  Tampoco iba a ser un relato, sino mi novela para el NaNo del año pasado, la primera historia larga protagonizada por Liz O´Hara, intrépida detective de Hollywood, ex actriz de serie B y cazadora de monstruos, más dura que el mismísimo Dan Turner. Empecé la cosa con ganas, incluso con esquemas y algunas escenas ya planificadas, cosa poco habitual en mí, pero, sin llegar a alcanzar el ecuador del NaNo, o el de la propia historia, empecé a darme cuenta de que algo no funcionaba, de que la evolución natural de la trama y el consiguiente final la convertían en una aventura que no podía estar protagonizada por mi detective favorita (Con permiso de Diana Hunt). Y la cosa se quedó cogiendo polvo en el cementerio de las ideas varadas, hasta que a principios de este año decidí obligarme a retomarla en plena sequía de ideas (o más bien apatía tras el palo que supuso la tomadura de pelo de Libralia). 

El resultado de todo eso fue la primera versión de “Su verdadera piel”, una historia que me gustaba, pero en la que sentía que faltaba “algo”, aunque no terminaba de ver qué era. El estar atravesando una de esas etapas en los que los sinsabores por elementos externos a tu propia habilidad (o torpeza) para crear historias te hacen plantearte si merece la pena seguir dedicándote a esto, o mejor de centras por completo en tejer bichejos de ganchillo, tampoco ayudaba a afinar mi disposición mental para pulir ideas. Aun así, como a terca no me gana ni una recua de mulas, seguí puliendo la historia, dotándola de una nueva mitología, mientras esperaba la llegada del concurso apropiado. No era algo demasiado fácil, dada la carga erótica/tenebrosa del relato. Un día los hados cruzaron en mi camino un concurso que parecía hecho para mi historia. Licantropía y otras conversiones zoomorfas vistas desde una perspectiva femenina,  pocos remilgos con el erotismo, según se intuía en las bases … Además, estas estaban redactadas con un tono que bien parecía inspirado por una musa a la que la mía le hubiese pasado uno de sus petas de ficus. 

Y para allí se fue mi “bicha”, donde encontró una buena acogida y también un ojo crítico que ayudó a afinar por completo el relato. Un año y unas semanas después de haber renunciado a escribir aquella “Terror en Wizard´s Creek”, un hermanito pequeño, surgido de la mezcla adecuada entre  elementos interesantes de la historia fracasada y otros nuevos, está ahora en mis manos, como miembro de una antología con muy buena pinta. 

Podéis encontrar más información de “Instinto animal” en la página de la editorial Café con Leche. 

También podéis pillar la antología a través de Amazón. En formato papel, por menos de 15 euros, hablamos de una antología que supera las 300 páginas, y en digital.

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