Confesiones de una tricotadora de historias

 

Escritor brújula contra escritor mapa; jardinero literario frente a arquitecto; híbridos… Confieso que, pese a que esas etiquetas diferencian de un modo gráfico al autor poco amante de la planificación frente a quien necesita tenerlo todo armado, me encuentro más cómoda definiéndome como “tejedora sin patrón”.  Será que lo mío es tejer y no escarbar la tierra. 

madeja y ganchillos

Cuando haces punto, seguir los patrones al pie de la letra puede derivar en que tu chaqueta tenga una sisa que no le valdría a una Barbie o te lleguen los bolsillos a la altura de la teta. Incluso si no hay fallos y trabajas con un material similar al del esquema,  puedes necesitar o desear realizar cambios sobre el esquema prefijado. El patrón acaba siendo una orientación difusa o acabas tejiendo sin usar ninguno.

Ahora bien, prescindir de patrón no implica improvisar sin sentido. Hay que tomar medidas, hacer muestras, calcular los puntos que se necesitan… controlar que la cosa va como tiene que ir y, si no, deshacer y corregir lo que esté mal. 

Con la escritura pasa lo mismo. Prescindir de  la planificación no implica teclear a lo loco o carecer de método de trabajo. Cada autor tendrá el suyo y que a uno le funcione no tiene por qué implicar que sea bueno para otros. En ocasiones, realizo esquemas muy básicos que me ayudan a centrarme, pero que rara vez sigo como guía a medida que la historia adquiere vida propia. Cuando he intentando realizar una planificación más estricta, los relatos se han quedado sin escribir. No valgo para arquitecto literario, sin embargo, soy capaz de terminar novelas y de crear universos conjuntos para mis historias con buenos resultados. Cómo lo hago, pues siguiendo alguna de las pautas que enuncio a continuación:

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Horarios. Esto es más para crear método de escritura que para controlar que la historia no se te desmadre, pero es un punto importante para mí. Hay quien recomienda tener horarios o tiempos fijos de escritura; yo necesito flexibilidad. Tengo problemas de alergias, sobre todo en primavera, y de insomnio, así que, en la medida que puedo, ajusto los periodos de escritura a los momentos del día en que estoy menos espesa.

Evitar reescrituras durante el proceso de creación del primer borrador. Es mejor no dar para atrás y ponerse a reescribir, porque lo único que se logra es no avanzar. Hay que tener claro que el primer borrador es una base sobre la que seguir trabajando, no el resultado final e inamovible. Puedo hacer alguna excepción cuando por alguna razón (disponibilidad de tiempo o espesor mental), no tengo un buen día para escribir. En esos casos, aprovecho para hacer modificaciones que ya tengo claras y rentabilizo el día.

Escribir, escribir, escribir. Aunque la escena sea mala, aunque sepa que tocará modificarla, hay momentos donde lo primordial es avanzar, porque mientras avance tendré algo sobre lo que trabajar. A veces tengo que obligarme a hacerlo o recurrir a una “ayuda” externa como poner música o recurrir a un procesador tipo Focus Writer, pero logro solventar el atasco. En este punto también es importante otra cosa: no tener miedo a meter una incongruencia o una patada a la continuidad. Viajamos sin mapa y estamos en el primer borrador, si un personaje no es como pensábamos o la historia nos pide tirar por un cauce distinto al que habíamos planeado, este es el momento de cambiarlo. Insistir en un camino que no es el natural puede ser el mejor modo de acabar perdido o con una trama que no funciona. Lo importantes será arreglar luego lo previo.

Notas. El anterior punto me lleva a este. Si la historia va adquiriendo vida propia y no conviene perder el tiempo con reescrituras… ¿qué se puede hacer para que no nos quede incongruente? La respuesta es sencilla. Notas. Y aquí podemos hablar de varios tipos.

  1. Notas para la revisión: Los procesadores de textos tienen funciones muy cómodas para dejarte comentarios sobre el propio documento. También puedes dejar notas entre paréntesis, cambiar colores de letra, meter subrayados. O incluso tomar notas en un documento aparte. Todo es ver qué resulta más cómodo. Lo importante es dejar instrucciones para cuando toque reescribir.
  2. Esbozos, tormentas de ideas: A medida que voy teniendo clara la historia y cómo avanza, me voy dejando notas, bien al final del documento o en un folio, sobre capítulos futuros, el final. No siempre acabo siguiendo lo marcado en ellas, pero ayudan a avanzar a mejor ritmo y a hacerse una idea de cuánto queda para el final.
  3. Glosarios: Tengo buena memoria, pero a veces me cuesta recordar nombres “raros” o ciertos detalles sobre los personajes o cronologías. Una vez tengo centrada la historia creo a veces un excell donde anoto personajes importantes, detalles sobre los mismos, cronología de ciertos hechos. Esto también me sirve para ajustar bien los tempos narrativos.

Cortar a tiempo.  A no ser que uno trabaje con cuotas fijas de palabras (cosa que nunca hago), es complicado decidir cuándo dejar de teclear, si lo planteamos pensando en cómo nos resultará más cómodo iniciar la siguiente jornada. No tengo una norma fija; a veces necesito dejar terminado un capítulo o escena y otras no me importa dejarla a medias, sobre todo si son momentos de transición. En cambio,  cuando se acerca una escena con un nivel alto de intensidad o de acción, necesito cortar en un punto que me deje al día siguiente un margen de “calentamiento” antes de lanzarme a ella. 

Perder el miedo a reescribir y revisar. Muchos odian esta parte del proceso de escritura. Yo reconozco que me lo paso pipa sacando el bisturí para “destrozar” mi propio texto. Te guste más o menos, si vas sin mapa lo más fácil es que este proceso sea el esencial para crear una historia bien armada. No conviene precipitarse ni impacientarse.

Reposo. Esto reconozco que soy la primera en saltármelo, pero hay incoherencias y fallos de trama que se detectan mejor cuando te has distanciado un poco del texto. También se identifican mejor las erratas.

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Hacha de corrector

Y hasta aquí llega esta entrada, pues tampoco conviene alargarla demasiado. Otro día ya hablaré de mi forma de afrontar el proceso de revisión o de cómo el insomnio y tejer me pueden ayudar a romper pequeños bloqueos. Espero que algunas de estas “confesiones” os hayan resultado de utilidad.

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2 comentarios el “Confesiones de una tricotadora de historias

  1. Yo siempre fui de brújula hasta que comencé a escribir en Action Tales. Allí aprendí a usar “croquis” en la actualidad decidí retarme a escribir una novela, y si hice mi guía de personajes (un gran cuadro en word con los nombres sus motivos y vínculos) fichas para los protas, como pa no olvidar como son. Una gran escaleta

    A pesar de esta programación, cuando me senté a escribir los capítulos todos fueron, ligeramente algunos radicalmente otros, diferentes a lo planteado.

    Como buen rolero. Aborde el worldbuilding como si fuera un escenario de campaña.

    Por cierto, concuerdo contigo en la fase de corrección. Es la más pesada y debe dejarse reposar entre revisión y revisión y así, al menos yo, veo mas horrores

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  2. Yo con AT tengo una planificación mental de dónde quiero llegar y esbozos de algunos arcos argumentales.Pero siempre algo breve. Necesito ir hilando las cosas mientras escribo.

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