La noche del Demonio

Un científico muere en extrañas circunstancias mientras trata de desacreditar el culto creado por el extraño Karswell. Al poco de este suceso, llega a Inglaterra el socio americano del fallecido, quien pronto es amenazado por el siniestro gurú.

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Director:Jacques Tourneur /Productores:Frank Bevis y Hal E. Chester / Guión: Charles Bennett , basado en un relato de MR James / Fotografía:Edward Scaife / Música:Clifton Parker /Montaje: Michael Gordon / Efectos especiales: George Blackwell /Intérpretes: Dana Andrews (Dr. John Holden) , Peggy Cummins(Joanna Harrington), Niall MacGinnis(Dr. Julian Karswell), Maurice Denham (Professor Henry Harrington), Athene Seyler (Mrs. Karswell), Liam Redmond(Professor Mark O’Brien) Reginald Beckwith(Mr. Meek), Ewan Roberts, Peter Elliott, Rosamund Greenwood, Brian Wilde, Richard Leech, Lloyd Lamble, Peter Hobbes, Charles Lloyd Nacionalidad y año: USA, 1957 /Duración y datos técnicos</b>: 95, Blanco y Negro

La Noche del Demonio( Night of the Demon 1957) es una de las mejores películas de uno de los más grandes directores que nos dado el cine de terror. Inspirada libremente en el Maleficio de las Runas de MR James, Tourneur se libra del tono excesivamente frío y discursivo del relato y nos ofrece una película de atmósfera inquietante y tensión creciente. 

La historia base de película y relato es la misma. El líder de un culto de tintes satánicos (del que pocos datos sabemos en realidad) hace uso de escrituras rúnicas para maldecir a aquellos que puedan dañar su trabajo o poner en peligro su “tranquila” existencia. La diferencia fundamental entre ambos, dejando a un lado el cambio de sexo de un personaje, es que, mientras que en el relato el lector no llega a experimentar verdadera sensación de amenaza, en la película de Tourneur esta resulta siempre palpable. En el original los hechos están muy comprimidos, muchos se conocen a través de narraciones de terceros, restando inmediatez y tensión al desarrollo. En contraste, la película juega con una atmósfera de continua amenaza, con contrastes bruscos y escenas donde lo tranquilo, casi bucólico (como la fiesta de Halloween que Kraswell ofrece a los niños del vecindario), oculta en su interior una semilla tenebrosa. 

Destaca además, el modo en que guión y director aprovechan pequeños detalles  como la musiquilla que cree oír Dana Andrews. También cabe señalar  la interacción de su personaje con el resto antropólogos; estos no se perfilan como el típico conjunto de secundarios cuyo único destino es ampliar el abanico de personajes; a veces ayudan a dar informaciones que enriquecen la ambientación de la historia; otras son claves a la hora de ayudar a avanzar al trama principal. El buen pulso de Tourneur logra que el ritmo nunca decaiga y cada escena de la misma nos resulte necesaria, como un puzle perfectamente ensamblado.

Señalar por último la buena labor del irlandés Niall MacGinnis como ese Karswell de aspecto bonachón, casi cómico, quien sin embargo genera un verdadero halo de poderosa amenaza a su alrededor. El villano se tiene un antagonista a su altura en un Dana Andrews que sabe resultar pragmático sin caer en el personaje que parece tonto, a fuerza de aferrarse a su ceguera ante lo sobrenatural. 

A pesar del buen resultado final de la película, quien no quedó del todo contento con el  la obra fue el propio director, pues había planeado un enfoque más ambiguo de algunos aspectos de la historia, y fue obligado por la productora a incluir en ella la figura (física) del Demonio.  El diseño de este último, personalmente, se me antoja de lo más entrañable y no empobrece, al menos para mi gusto, el resultado final del conjunto. 

 

Bibliografía:

El maleficio de las Runas , MR James , incluido en Corazones Perdidos, cuentos Completos de Fantasmas. Colección Gótica nº 25, editorial Valdemar. Traducción Francisco Torres Oliver. Año 1997

Los Intrusos

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Dos hermanos adquieren una espectacular mansión georgiana, Windward Hall, a un precio más que módico. Al poco de instalarse en su nuevo hogar, comenzarán a producirse extraños y estremecedores fenómenos que parecen guardar  relación con la joven nieta del antiguo propietario.

Director:Lewis Allen / Productores: Charles Brackett / Guión: Dodie Smitth y Franck Partos basado en la novela de Dorothy Macaradle /Fotografía: Charles Lang / Música: Victor Young / Montaje: Doane Harrison / Efectos especiales: Gordon Jennings / Intérpretes:Ray Milland (Roderick Fitzgerald), Ruth Hussey (Pamela Fitzgerald), Donald Crisp (Commander Beech) ,Barbara Everest (Lizzie Flynn ),Alan Napier ( Dr. Scott), Gail Russell ( Stella Meredith) Cornelia Otis Skinner (Miss Holloway), Dorothy Stickney ( Miss Bird) Nacionalidad y año: USA, 1944  /Duración y datos técnicos: Blanco y Negro ,99 minutos

Los años cuarenta fueron una etapa especial para el cine de terror; los monstruos tradicionales, que la Universal había hecho famosos, se ausentan de las pantallas y dan paso a un terror de corte más realista. Emblemáticas de este periodo son las notables obras de serie B de la RKO , donde prima el terror racionalista y tienen como puntal la magistral La Mujer Pantera ( The Cat People , 1943). Paralela a esta, discurre otra corriente, a medio camino entre el folletín y el terror, que podemos denominar melodrama de misterio.  En función del enfoque de la historia, las películas de esta categoría pueden adscribirse bien al suspense bien a la fantasía. Representantes de esta tendencia son: Rebeca (Rebecca, 1940), que en cierto modo podemos considerar como la precursora de este subgénero, o el Secreto tras la puerta ( Secret Beyond the Door, 1948).

Los invitados ( The Uninvited , 1944) puede inscribirse también dentro de esta tendencia, aunque, con ligeros matices. Así,  el drama se ve aligerado por ciertos toques de humor bien dosificados que nos retrotraen a las Mistery Comedy de los años 20. El elemento sobrenatural tiene un peso importante en la trama en forma de casa, supuestamente, encantada, frente a otras obras similares donde prevalecen la racionalidad y las explicaciones de corte freudiano. Estos dos últimos matices no son baladíes, pues  la película ha logrado envejecer con dignidad gracias a ellos. El elemento melodramático, por el contrario, ha quedado bastante obsoleto. El fuerte cambio de mentalidad que la sociedad ha experimentado desde los años cuarenta en cuanto a temas como la psicología o la psiquiatría y la censura imperante en esos años provocan que algunos elementos puedan resultar algo apolillados. Tampoco ayuda a este componente realista-melodramático cierto afán mimético respecto a la antes mencionada Rebeca (Rebecca, 1940), remedo de Señora Danvers incluido. Estas pequeñas máculas, sin llegar a convertirse en defectos graves, restan algo de brillantez al conjunto final. 

De todas formas, Los Intrusos ( The Uninvited, 1944) tiene en su haber suficientes elementos positivos como para convertirse en una película del todo recomendable. El solvente reparto lleva bien el peso de la trama, siendo el único punto negro actoral el mencionado clon de la Señora Danvers (cuyo nombre no desvelaré para o destripar la trama). Por otro lado, los elementos técnicos también puntúan alto y merece la pena destacar  la excelente fotografía de Charles Lang, que añade intensidad los momentos más terroríficos, y unos efectos especiales resultones para la época. Resalta también el cuidado trabajo de ambientación en lo que al elemento sobrenatural se refiere. Detalles como la reticencia de las mascotas a entrar a ciertas zonas de la casa, la habitación donde los protagonistas siempre tienen frío y experimentan una irracional sensación de tristeza, el uso de los aromas enriquecen la trama al introducir paulatinamente ese elemento extraño en las vidas de los protagonistas y la conciencia del espectador.

En resumen , nos encontramos ante una película poco conocida por el gran público pero que atesora calidad suficiente como para que su visionado sea gratificante para el aficionado al cine de sabor añejo; eso sí, teniendo siempre claro que, presencia de supuestos espectros aparte, no nos encontramos ante una historia más cercana al melodrama fantástico que al terror. 

Anécdotas

*La película fue promocionada con la siguiente frase: “El más popular romance de misterio desde Rebecca”* El británico Alan Napier, que aquí interpreta al Dr. Scott, fue el Alfred Pennyworth de la mítica serie sesentera de Batman.* Nominada al Oscar a la mejor fotografía.

Drácula y las mellizas

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Las poblaciones cercanas al castillo Karstein viven aterrorizadas por dos amenazas. Por un lado, la presencia del mencionado castillo y su depravado morador (El Conde Karnstein); por el otro está “La Hermandad”, un grupo de fanáticos capitaneados por Gustav Weil que persiguen a todo aquel que sea diferente acusándole de diabólico.

La llegada de las dos sobrinas de Weil acarreará consecuencias trágicas para todos.

Director: John Hough/ Productores: Harry Fine , Michael Style / Guión: Tudor Gates / Fotografía: Dick Bush / Música:Harry Robertson / Montaje:Spencer Reeve / Efectos especiales:Jack Mills / Intérpretes: Peter Cushing ( Gustav Weil), Dennis Price,( Dietrich) Mary Collinson( Maria Gellhorn), Madeleine Collinson ( Frida Gellhorn), Isobel Black ( Ingrid Hoffer), Kathleen Byron ( Katy Weil), Damien Thomas ( Conde Karnstein), David Warbeck ( Anton Hoffer), Harvey Hall, Alex Scott, Judy Matheson, Luan Peters, Shelagh Wilcocks, Katya Wyeth, Inigo Jackson / Nacionalidad y año: Gran Bretaña, 1971 / Duración y datos técnicos</b>: Color, 87 min.

Dráculas y las Mellizas ( Twins of Evil, 1971) es la tercera parte, y broche final (oficial), de la serie de los Karnstein rodada por la Hammer y uno de los más sólidos trabajos de los años 70 de la productora Británica.

La película se aleja de las dos entregas anteriores de la saga al tomar como protagonista  a un descendiente de esta corrupta estirpe, mientras la condesa Mircalla se limita a tener un pequeño cameo. Es el conde un protegido del propio monarca del país y , gracias a esto, realiza todo tipo de desmanes sin que nadie pueda tocarlo. Su amor por el mal culminará con su conversión en  vampiro. Y su máximo deseo será corromper a las sobrinas gemelas de su némesis, Gustav Veil.

Nos encontramos así con el enfrenamiento entre dos facciones contrapuestas Weil y sus exaltados por un lado. Karnstein y sus acólitos por otro. Más que a una lucha entre el bien y el mal, asistimos a una batalla por dominar al pueblo. Si el vampiro rapiña vidas sin piedad, los fanáticos disfrutan quemando a mujeres inocentes y a todo aquel que ose pensar de un modo diferente a ellos. Nos alejamos, por tanto, del esquema tradicional de las cintas de vampiros de la productora, para sumergirnos en un tono más cercano al western  (sirva como ejemplo la presentación de Cushing y los suyos a caballo); también más épico de lo habitual, con ese final que se aleja de los cánones arraigados en las principales obras de La Casa del Martillo. 

Gran parte de el éxito de este enfrentamiento se debe al estupendo trabajo de los actores que personifican a los dos grandes antagonistas. Damien Thomas compone un conde Karnstein de claras influencias byronianas realmente estupendo, carismático y amedrentador a un tiempo. Cushing está realmente sublime. Pese a haber perdido poco tiempo antes a su mujer, el actor realiza aquí una de sus más grandes interpretaciones. En su rostro se percibe toda la amargura, la mezquindad, la morbosidad y el ciego fanatismo del inquisidor. Transmite también esa mezcla de fascinación y repulsa de Weil hacia el mal  que trata de erradicar. 

La lucha entre oscuridad y luz es personificada en esta ocasión por las dos hermanas. La rebelde Frida, incapaz de doblegarse a la dictadura de su tío, se va acercado paulatinamente al lado oscuro a la par que se siente atraída hacia Karnstein. La dócil María se pliega como buenamente puede a la vida que les ha tocado y trata de que su hermana entre en razón. Esta dualidad de caracteres, sin embargo, no será percibida por el cegado fanático. Sí la captan, en cambio, los dos personajes que representan la voz de la cordura dentro de la historia: la tía de las jóvenes y el profesor de música (David Warbeck).

Cabe señalar como colofón de esta reseña que Drácula y las Mellizas) ha arrastrado cierta fama de película con una importante carga erótica. Nada más lejos de la realidad. Fuera de un par de planos y una metáfora de nula sutileza, es tal vez una de las películas menos explícitas de la Hammer de los setenta y la más sutil de las entregas de la trilogía .

Anécdotas

* Las hermanas Collison fueron las primeras gemela en posar para la revista Playboy.* Ambas jóvenes procedían de Malta por lo que según apuntan la mayoría de los expertos hubieron de ser dobladas para ocultar su marcado acento; también hay quienes consideran sin embargo que llegaron a perfeccionar lo suficiente el idioma como para actuar con sus propias voces* Llegaron a escribirse unas 16 páginas del guión de una cuarta parte protagonizada por Cushing como Conde Karnstein.* La película Capitan Kronoss (Kronoss Vampire Hunter, 1974) podría considerarse, en cierto modo, una especie de cuarta parte no oficial.

Lust for a Vampire

Mircalla, la hermosa condesa vampira, regresa de la tumba para convertir un bucólico internado para señoritas en su coto de caza particular.

Director:Jimmy Sangsteer / Productores: Harry Fine, Michael Style / Guión:Sheridan Le Fanu (personajes) , Tudor Gates / Fotografía: David Muir  / Música: Harry Robinson  /Montaje: Spencer Reeve / /Intérpretes: Michael Jonson ( Richard Lestrage), Yutte Stensgaard (Mircalla), Ralph Bates ( Giles Barton), Susana Leight ( Janet), Pippa Steele (Susan), Mike Raven, Helen Christie, David Healy, Judy Matheson, .. Nacionalidad y año: Gran Bretaña, 1971 / Duración y datos técnicos: Color, 91min.

Lujuria para un Vampiro ( Lust For a Vampire , 1971) es posiblemente uno de los puntos más bajos dentro de la temática vampirica de la Hammer y con toda claridad la más floja de las que componen la trilogía de los Karnstein. 

Los defectos de la película son innumerables y el primero de ellos (y causa de muchos posteriores) es querer generar cierta duda en torno a quién es la vampira. Decisión por completo absurda, puesto que todo aquel familiarizado con el personaje sabrá quién es en cuanto pronuncie su nombre. Este error de partida redunda negativamente en la dirección de Sangsteer, puesto que se ve obligado a mostrar los primeros ataques de la chupasangres haciendo uso de la cámara subjetiva, logrando así un efecto bochornoso, más propio de un amateur, al tener que pegar su victima la cara a la pantalla.

Pero los despropósitos no terminan aquí y es que, para colmo de males, Lujuria para un Vampiro ( Lust For a Vampire , 1971) goza de una de las peores direcciones de actores de la historia de la productora. El gran Ralph Bates parece una parodia (tal vez intencionada) de sí mismo, los normalmente efectivos secundarios están flojos e inexpresivos y ¿que decir de la protagonista?…..Yutte Stensgaard gozaba el físico de una muñeca Barbie y su expresividad es aún menor que el de la famosa muñeca de plástico.

Lo cierto es que vista hoy en día da la sensación que la película se realizó con un valor o, mejor dicho, una intención puramente crematística, como una explotation cuyo único fin es aprovechar el filón comercial de su predecesora la notable Las Amantes Vampiro (The Vampire Lovers, 1970).

Tan paupérrima es la calidad de la película que, siendo generosos, solo son resecables dos escenas: el prologo, donde se nos narra la resurrección de la vampira, y el momento en que el personaje de Bates se encara con ella. Por desgracia y siguiendo la tónica de este producto, el buen resultado del prologo queda minimizado por una nueva visón de este momento, avanzada ya la película, cuando se nos desvela (¡oh sorpresa!) la identidad de la chupasangres. Además de su identidad el espectador descubre que la vampira ha regresado de la muerte despeinada,  pero, eso sí, gloriosamente maquillada (sombra de ojos azul incluida).

El resto es una sucesión de escenas que van de lo anodino a lo mediocre, llegando incluso a lo directamente bochornoso, siendo coronadas todas ellas por una de las muertes más lamentables que haya podido tener un vampiro en la gran pantalla.

 

Anécdotas

*El papel de Giles Barton estaba pensado para Peter Cusingh , por desgracia el actor tuvo que abandonar el rodaje debido a la grave enfermedad de su mujer. * El director inicialmente previsto Terence Fisher.* Ingrid Pitt se libró de volver a interpretar a la condesa Karnstein por encontrase rodando La Condesa Drácula ( Countess Dracula, 1971)* Algunas malas lenguas llegaron a apuntar , injustamente, que Yutte Stensgaard pertenecía a una Secta Satánica.

The Vampire Lovers

La Condesa Karnstein es una hermosa mujer que sufre el estigma del vampirismo, de vez en cuando siente una fascinación por alguna de sus victimas rayana con el enamoramiento, para poder conseguir su objetivo no dudará en introducirse la vida de estos. 

Director: Roy Ward Baker / Productores:Harry Fine, Michael Style  / Guión:Sheridan Le Fanu (novela), Harry Fine (adaptación) /Fotografía:Moray Grant  / Música: Harry Robinson / Montaje: James Grant / Intérpretes:Ingrid Pitt ( Carmilla), Madeline Smith (Emma Morton), George Cole (Geroge Morton), Kate O’Mara( Madame Perrodot), Peter Cushing,( General von Spielsdorf), Dawn Addams ( La Condesa), Jon Finch ( Carl Ubhart), Pippa Steel (Laura), Douglas Wilmer ( Barón Hartog), Ferdy Mayne,  Kirsten Lindholm, Janet Key, Harvey Hall, John Forbes-Robertson, Charles Farrell  / Nacionalidad y año: Gran Bretaña, 1970  / Duración y datos técnicos: Color, 91min.

 

Carmilla, novela corta escrita por el irlandés Joseph Sheridan Le Fanu, es uno de los relatos claves ya no solo del género vampírico en particular sino de toda la novela gótica en general. Fuente de inspiración para el Drácula de Stocker , Carmilla es sin duda una de esas historias a la espera de una “adaptación definitiva” y es que la visual narración de Le Fanu tiene todos los ingredientes para dar lugar a una pequeña gema del género, pero aún no ha sido objeto de una versión por completo redonda. Pese a ello, ha tenido adaptaciones interesantes, como La Cripta e l´incubo, dirigida por Camillo Mastrocinque, o la obra que hoy nos ocupa. 

The Vampire Lovers atesora una interesante calidad cinematográfica y como adaptación, pese a nacer en el llamado periodo de decadencia de la Hammer y  a buscar, como era habitual en esas fechas, taquilla de un modo facilón, a fuerza de exponer carne femenina de modo no siempre justificado en la trama. Handicap este último que, en cierto modo, comparte con el Fantaterror español, bastante influido por la productora británica, se iniciaban los años de crisis del terror patrio y muchos creían que dar un toque de erotismo a sus productos podría mitigar los daños y atraer a un público dispuesto a abandonarlos por obras foráneas. Por desgracia, en la mayoría de los casos el reclamo comercial no cuajaba y la calidad de las películas se resentía con este toque erótico festivo que, vistas esas obras hoy en día, es uno de los elementos que peor llevan el paso del tiempo, hasta el punto de resultar cursi y ridículo en muchas ocasiones. 

Pero mejor me centro en la película objeto de esta reseña The Vampire Lovers. Erotismo cursilón aparte, nos encontramos ante una adaptación bastante fiel de la novela, tanto en forma como en fondo. Cosa que no ocurría, por ejemplo, con la excelente versión de Dracula realizada por Terence Fisher, donde, si bien se captaba a la perfección el discurso “oculto” de la obra de Stoker ( aunque fuese para pervertirlo) el guión se tomaba muchas licencias respecto a los acontecimientos y personajes protagonistas de la novela. En este Vampire Lovers las modificaciones más evidentes se dan en los nombres de los personajes (la Emma de la película es la Laura del libro; el personaje de Kate O´Mara es una suma, y a la vez modificación de varios secundarios de la novela,) y en la estructura narrativa. Este último se nota especialmente en la parte en que interviene Cushing; su historia es narrada en el libro a modo de flashbacks , mientras que en la película hace las veces de un primer episodio.

Destaca, de este modo,  el guión de Harry Fine por haber adoptado con tino el espíritu de la novela y por saber aprovechar hasta los elementos más aparente nimios de esta. De este modo tenemos fragmentos como el prólogo protagonizado por el Barón Hartog que, si bien es un elemento nuevo,  se relaciona con hechos insinuados en el texto original. Fine aprovecha también con éxito las ligeras indicaciones de la novela de que la vampira no actúa de un modo completamente libre, que tal vez exista otro poder detrás de ella. Para plasmar este último hecho ayuda también la interpretación de Ingrid Pitt quien, sin ser una actriz de grandes registros, consigue reflejar con bastante efectividad ese autorechazo y esa dualidad (apariencia fuerte , pero cierta debilidad física) de la que hacía gala la Carmilla literaria.

Lo cierto es que una de las grandes bazas de esta película es su reparto, ya no solo por la buena labor interpretativa de los actores, sino por su gran adecuación a sus respectivos papeles. Cushing vuelve a demostrar, Madeline Smith resulta por completo frágil, inocente y angelical, sin perder el encanto, Kate O ´Mara se muestra capaz de reflejar sin estridencias la atracción que su personaje siente por la hermosa vampira desde un primer momento… y los secundarios habituales vuelven a demostrar su profesionalidad. 

En el aspecto negativo de la película, tenemos los desmanes estéticos propios de la época, entre los que destacan unas escenas oníricas que parecen sacadas de un videoclip especialmente piscotrónico, y los toques de erotismo que, si bien en su época se podían ver picantes, hoy resultan ñoños y hasta un poco ridículos . Sin embargo, y afortunadamente la mayor parte de la narración es bastante clásica gracias a lo cual la película ha soportado (salvo detalles puntuales)  bien el paso del tiempo y sigue siendo una de las grandes películas de la Hammer de los 70.

 Bibliografía

Novela Corta: Carmilla de Joseph Sheridan Le Fanu, publicado dentro de la antología Vampiras , colección Club Diógenes , editorial Valdemar. Traducido por Juan Antono Molina Foix.

The giant claw

El ejército americano ha de enfrentarse a una especie de buitre gigante que amenaza con hacer de nuestro planeta su comedero. El problema es que al animal no sólo está dotado de un letal aliento ígneo, sino que trae campo de fuerza incorporado.

 

¡Ay! Si la película hiciese justicia al cartel…

Director: Fred F. Sears / Guión: Paul Gangelin, Samuel Newman / Intérpretes: Jeff Morrow (MacAfee), Mara Corday (Sally Caldwell), Morris Ankrum (General Edward Considine), Louis Merrill (Pierre Broussard), Edgar Barrier (Dr. Karol Noymann), Robert Shayne (Gen. Van Buskirk), Frank Griffin (Pete, piloto), Clark Howat (Mayor Bergen)/ País y año: USA, 1957 /Duración: 74 minutos / Blanco y negro.

 

He de confesarlo: entre mis muchos pecados cinematográficos destaca el de encontrar cierto gozo culpable al visionar películas con monstruos cutres, de esos que parecen hechos con un par de calcetines del abuelo o el envoltorio del bocata ( inolvidable, en este aspecto el tiburón de papel de Albal de la inenarrable Lost Continent, perpetrada por Michael Carreras). Por eso, en cuanto vi esa especie de muñeco de trapo gigante con cierto parecido con un buitre, que es el pajarraco que siembra el caos en esta historia, me propuse verla.

El grado de patetismo del monstruo satisfizo con creces mis expectativas, erigiéndose como una de las amenazas más lamentables a las que se ha enfrentado la humanidad —con permiso de la serpiente de mar que introdujera Amando de Ossorio en la película homónima—. Y es que no es sólo que al buitre gigante se le vea hecho con cuatro dólares, dos de ellos gastados en ponerle una cresta de pavo de navidad que anidará en nuestras retinas durante eones, sino el trabajo de Fred F. Sears. El director, un artesano de la serie b que un año antes había demostrado tener buena mano para la ciencia ficción de serie B con la mítica La tierra contra los platillos volantes (Earth vs the Fliying saucers, 1956), parece empecinado en descubrirnos las carencias de presupuesto y planificación de la película; de este modo, no solo nos ofrece primeros planos constantes del animal,  sino que no hace nada por disimular la repetición del mismo fotograma cada vez que nuestro entrañable esperpento ataca una avión y se merienda a alguien.

¿Pero a este no me lo habían merendado ayer? Pal buche, de todas formas.

Y es que, además de ser un monumento al cutrerio desvergonzado, esta película resulta ser una verdadera oda al reciclaje (practica, por otro lado, muy común en la serie b de la época). Así,  a la hora de narrar el ataque del bicho a Nueva York (¿Qué otra ciudad americana podría ser, si no? ),  Sears tomó material de obras tan diversas como Treinta segundos sobre Tokyo, La guerra de los mundos (¡de la que se usa un plano de la destrucción Los Ángeles para representar un ataque a Nueva York!), o La Tierra contra los Platillos Volantes, que contaba con los efectos visuales del futuro rey de la Stop Motion Ray Harryhausen. De esta última no queda del todo claro cuanto material se recicló, pero se sabe que la imagen de las destrucción del Monumento a Washington fue uno de los planos reutilizados. La leyenda sobre el “saqueo” sufrido por esta última cinta adquirió tales dimensiones que más de una fuente habla de The Giant Claw como un Harryhausen sin Harryhausen e, inclusive, se cuenta que se les coló un plano de un platillo volante en medio de la orgía de destrucción perpetrada por nuestro esperpento alado favorito.  Sobre esto,  he de confesar que, pese a estar pendiente, yo no lo llegué a ver.

New York, New York… ¡A Wonderful town!

Lo más triste de todo esto, en lo que se refiere a los aspectos técnicos de la película, es que la criatura podría haber sido mucho mejor, pues en un principio se ofreció su realización a Ray Harryhausen; por desgracia el maestro de la stop motion tenía en marcha en ese tiempo The Elemmentals, un proyecto personal con mimbres parecidos a la presente obra, lo que le hizo rechazar la oferta. Al final, y por desgracia para todas las partes y sobre todo el espectador, el técnico solo llegó a grabar algunas escenas de prueba para su obra y The Giant Claw se tuvo que conformar con relatar la terrible amenaza de un “pavobuitre” despeinado.  

Dejando a un lado a la estrella de la función, por suerte o por desgracia (dejo eso a juicio de los lectores), el resto de elementos no están a la altura de la misma en cuanto a esplendor esperpéntico. El argumento, si bien sencillo, no resulta más flojo o plano que el de la coetánea, y excelente, The Deadly Mantys; es más en The Giant Claw se introduce una pincelada de originalidad con respecto a otras obras del género (siempre más centradas en las explicaciones paracientíficas, como criaturas mutantes o seres prehistóricos rescatados del hielo, involuntariamente, a causa de las pruebas militares de rigor) al vincular a la criatura con ” La Carcagne”, con un supuesto personaje del folclore francocanadiense. Además, salvo en cierto pasaje del final, los tradicionales momentos de propaganda del ejército americano y los insertos “documentales” son más discretos que en otras obras de similar pelaje.  Por último, y no menos importante, resulta curioso comprobar que la desidia de Sears a la hora de ocultar las carencias técnicas del bichejo no se traducen en afrontar otras tareas, como puede ser la dirección de actores,  con idéntica negligencia;  el reparto, donde cabe destacar a Mara Corday, una de las estrellas femeninas de la serie B, realiza una labor solvente, que ayuda a disfrutar del producto, pese a las lagunas (por no llamarlas océanos) técnicas. 

El cuidado de estos últimos detalles, unido al deseo de contar en un primer momento con Harrhausen,  pensar que el presente era un proyecto serio, sin intención alguna de pasar al Olimpo del esperpento. Lástima, como he insinuado en otros puntos de esta reseña, que sus responsables no se aplicasen la máxima que Vicente Minelli, inspirado por el rodaje de La mujer pantera, enunció en Cautivos del Mal ( The Bad and the Beautiful): hay monstruos que impresionan más cuanto menos los vemos… Bueno, nuestro pajarraco sigue impresionando, pero por su entrañable cutrerio.

La Maldición de Hill House. Entrega final.

Hill House al cine

Hasta ahora la novela ha sido trasladada dos veces a la gran pantalla: en 1963, no mucho después de ser publicada, y en 1999. La primera fue dirigida por el versátil Robert Wise; la segunda por el palomitero Jan de Bont.

En los dos próximos apartados de este artículo daré unas pinceladas sobre ambas valorándolas como adaptación del texto originario.

Imagen promocional de “The Haunting” (Robert Wise)

The Haunting, 1963

Señalar, antes que nada, que esta versión no llegaría a ser estrenada en nuestro país en los cines. Tendríamos que esperar al mercado del video para que viese la luz como La mansión encantada.

La adaptación que realizó el guionista Nelson Gidding resulta bastante fiel al texto original, sobre todo en lo que se refiere a trasladar la ambigüedad existente en la obra de Jackson. Las mayores diferencias entre ambos, amén de la supresión de algunas escenas claves del libro, radica en parte de los matices que caracterizan a personajes como: Theodora, Luke o el Dr. Montague (Markway en la película) y su esposa. Estas diferencias no cambian sustancialmente el espíritu de la trama y se antojan necesarios a la hora de sintetizar el texto de Jackson, corto pero prolijo en situaciones, en una película de 112 minutos.

Parte de las infidelidades a la hora de adaptar el personaje de Theo, pueden deberse a la censura cinematográfica aún imperante en esos años; si bien por aquellos años resultaba difícil introducir un personaje homosexual en una novela (al menos de un modo relativamente positivo) en la gran pantalla era casi un imposible. Se pierde, por ejemplo, la aparición del personaje en el prologo de la película; en el libro esta breve mención resultaba necesaria para entender al personaje y sus motivaciones. También desaparece el pasaje en el que la joven sufre el ataque de la “casa” cuando parece empezar a entrever que Eleanor puede estar detrás, consciente o inconscientemente de los fenómenos, decantándose así la película más hacia la explicación sobrenatural.

Luke tiene un papel mucho más secundario en la película. Al desaparecer su rol como interés romántico de Nell, se convierte en un mero convidado de piedra que sirve para dar una visión más a pie de calle de la historia.

El Dr. Montague (Markway) es rejuvenecido y se trasforma en el interés romántico de Nell, añadiendo matices distintos al triangulo amoroso resultante; la atracción de Nell hacia Luke en el libro, tenia cierto matiz de atracción condescendiente, en cambio con el Dr. Markway puede entenderse como la necesidad de encontrar una figura paterna o al menos de autoridad que la arrope que la proteja lo que acentúa la fragilidad del personaje.

Por otro lado señalar que el citado triangulo queda más difuso en la novela que en la película. En el texto de Jackson más que un triangulo propiamente dicho, había que hablar de los sentimientos fluctuantes de Eleanor. De hecho en ningún momento llega a producirse hostilidad entre Theo y Luke, lo que sería normal en una situación de sentimientos más extremos; aún más, durante toda la novela ambos personajes llegan a trabar cierto grado de amistad y complicidad que aumentará la paranoia de Eleanor.

El cambio más sustancial, no obstante, se da en el personaje de la señora Montague (Markway). En el libro es una espiritista aficionada que colabora activamente en las investigaciones de su marido; en la película, una escéptica que casi si avergüenza de la afición de su esposo por lo extraño. En ambos casos se mantiene, eso, si el carácter autoritario de la mujer que rompe la armonía que parece existir entre los cuatro protagonistas y el efecto que esto tiene sobre la frágil psique de Eleanor.

La razón de este cambio, puede deberse en parte a que introducir la trama de la señora Montague fielmente alargaría aún más la película. Pero también podría deberse a que, el personaje y las situaciones vividas merced a él tienen cierto halo de humor negro que quedaría un tanto chocante trasladándolo a la gran pantalla.

Fuera de las cuestiones puramente argumentales. Señalar que la recreación de la casa es excelente, y que  el polifacético Robert Wise vuelve aquí a demostrar la habilidad que ya se intuía en su debut como director en The curse of the Cat People, 1944, para retratar escenarios tétricos  y fantasiosos, hasta el punto de convertirlos en un personaje más dentro de la trama. Al igual que los personajes, el espectador siente cómo la casa lo contempla, juega con él y le hiela el corazón. Además del uso de la mansión como si fuera otro personaje más, otro de los grandes aciertos técnicos de la película, a la hora de recrear el tono de la novela, es el uso ocasional de la voz en off de Nell para recrear el tono de monologo interior de la obra original.  Destacar por último, la acertada elección de todo el reparto donde cabe destacar la grandiosa labor de Julie Harris  como Nell, en una interpretación donde capta toda la fragilidad y la complejidad de sentimientos de su original literario sin necesidad de recurrir a la sobreactuación o el histrionismo . La actriz, poco conocida al vez por el público español, siempre estuvo  muy reputada en su país (tanto en cine, televisión (sería 11 veces nominada al Emmy y lo ganaría 3), como en el teatro (ganaría 5 Tonys) , hasta el punto que, el 28 de agosto de 2013, cuatro días después de la muerte de Harris de un paro cardiaco, los teatros de todo Broadway atenuaron sus luces durante un minuto en honor a la intérprete. 

Comentar, a modo de anécdota, que, pese a haber dirigido esta y otra grandes obras de corte fantástico, los dos mayores éxitos de Wise como director (también fue montador y productor), tanto en premios como a nivel económico, llegarían de la mano del cine musical con West Side Story ( 1961) y Sonrisas y Lágrimas (The Sound of Music) , 1965

 

The Haunting, 1999

Poco me detendré en esta película porque como adaptación es un verdadero engendro. De la historia original conserva al casa y los nombres de los personajes; a partir de ahí se inventan la mayor parte de las situaciones incluso de la trama.

La deliciosa ambigüedad de la novela de Jackson y la película de Wise, se convierte en la más burda pirotecnia. Los complejos personajes tienen aquí la profundidad de una hoja de papel y el final es un verdadero despropósito que haría revolverse en la tumba a la novelista americana.

Dr. Jekyll y su Hermana Hyde ( Doctor Jekyll and Sister Hyde)

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos.

El Doctor Jekyll es un científico entregado a su trabajo que cree haber descubierto un “antivirus “capaz de curar casi cualquier enfermedad, sin embargo para concluir sus investigaciones debería vivir mas de cien años. Deseoso de continuar con esa investigación, idea un elixir de la vida compuesto entre, otras cosas, por hormonas femeninas. Su búsqueda de esta materia prima le inducirá incluso a matar.

Director: Roy Ward Baker / Productor: Brian Clemens y Albert Fennel  / Guión: Brian Clemens , según la novela de Stevenson Dr Jeckyll y Mister Hyde / Fotografía: Norman Warwick / Música: David Withaker / Montaje: James Needs / Vestuario: Rosemary Burrows / Intérpretes: Ralph Bates (  Dr. Jekyll ), Martine Beswick ( Sister Hyde ), Gerald Sim (Profesor Robertson), Lewis Fiander(Howard ),  Susan Broderick (Susan ),  Dorothy Alison (Mrs. Spencer ),  Ivor Dean(Burke ), Philip Madoc ( Byker), Irene Bradshaw(Yvonne ) Tony Calvin ( Hare), Neil Wilson , Paul Whitsun-Jones , Dan Meaden , Virginia Wetherell, Geoffrey Kenion …. 

/ Gran Bretaña 1971 / Duración y datos técnicos: 95 minutos, technicolor

He de confesar que tengo especial cariño a esta ecléctica película de la Hammer, tal vez por que, bajo su aparente falta de pretensiones, encontramos un sustrato mucho más rico. La combinación de los mitos de Jekyll y Hyde con la figura del Destripador, unido a la elección de una figura femenina como representante del lado oscuro del científico, dan lugar a un juego de interpretaciones que se aprecian mejor en un segundo visionado. Si en el primero, además de la arrolladora interpretación de Martine Beswick, el espectador disfruta con el eclecticismo y cierto toque de ligereza y humor negro del guión (no en vano Brian Clemens fue uno de los creadores y guionista de la mítica serie Los Vengadores); en posteriores acercamientos a la obra, se observa una crítica a la hipocresía y a la moral victoriana, y a los herederos de esta, hija directa de la realizada por Terence Fisher y Jimmy Sangsteer en obras como Drácula (Horror Of Dracula, 1958)

Así Jekyll se nos presenta el típico victoriano que, por un lado desea ocultar sus impulsos y por otro carece de la suficiente fuerza de voluntad para luchar contra ellos.  Aparentemente rechaza la espiral de violencia que se ha generado por sus peculiares necesidades de materia prima, pero continúa con su experimentación sin llegar a plantearse, al menos en serio, dejar de sacrificar esas vidas prescindibles (las de las prostitutas).  Además, aunque al principio disfruta dando rienda suelta a la personalidad de su Hyde femenina, en cuanto esta demuestra tener una gran fuerza de voluntad, trata de anularla. A lo largo de todo le metraje su hipocresía se verá subrayada por su continua necesidad de justificar lo que está haciendo.

Hyde,  por el contrario, no se ampara en momento alguno en falsas coartadas, cuando mata lo hace por puro instinto de supervivencia, para proteger ambas personalidades convirtiéndose así en instrumento de Jekyll, que recurre a ella cuando no puede actuar bajo su verdadera apariencia. Es además una mujer que no acepta el rol impuesto por la sociedad que le ha tocado padecer, tiene una personalidad fuerte y también tiene claro lo que quiere sea en el plano material, sea en el plano sexual . En cierto modo, y aunque Hyde represente el lado oscuro que todos tenemos, en esta obra es la personalidad que mas simpatías despierta. En parte, esto se debe el contraste ya antes citado entre la hipocresía (y cierta creencia en la propia superioridad) de la que hace gala el científico, frente a la sinceridad de Hyde, aunque también ayuda la labor de los intérpretes. El añorado Ralph Bates era un intérprete idóneo para personajes con un punto repelente y odioso y aquí realiza tal vez su mejor papel para la Hammer; el actor logra hacer creíble en todo a momento a su Jekyll, tanto a la hora de presentárnoslo como un investigador altruista, como en el reflejo de su camino hacia el lado oscuro y del conflicto que tienen en su interior fascinación y rechazo. Martine Beswick devora la pantalla como Hyde. No era la primera elección para el papel, se llegó a valorar a Kate O´Mara o incluso usar a un Bates travestido, pero, vista la película hoy en día, nadie mejor que ella para adoptar ese rol. Más allá de un físico que la hace creíble como contrapartida femenina de Bates, Beswick destila oscura sensualidad y hace gala de una mirada salvaje muy propia de un «yo» oculto. Además, hace gala de un carisma que eclipsa al resto de personajes cuando ella aparece en pantalla, justo como la personalidad de Hyde ha de arrollar a la de Jeckyll. El resto de actores, como suele ser habitual en las producciones más cuidadas de la Hammer, cumple su labor con solvencia y ayuda a asentar esa crítica a la doble moral y la mojigatería victorianas.

A la interesante relectura del mito de Jekyll y Hyde, hay que añadir un acertado retrato de una sociedad que decía repudiar los crímenes del destripador, pero que, por otro lado, no se esforzaban demasiado en ponerles solución; al fin y al cabo las víctimas de los crímenes eran meras prostitutas. La precariedad de presupuestos hacía que muchas veces las ambientaciones fuesen el punto flaco de las películas de la Hammer; sin embargo aquí nos ofrecen un Withechapel nada pintoresco; el barrio es oscuro, triste, lleno de peligros. Las prostitutas ahogan sus penas en alcohol y se convierten en presa fácil para los desaprensivos dentro de ese laberinto de calles.

Roy Ward Baker, hábil artesano de la Hammer logra aquí uno de sus mejores trabajos para la productora británica en los años en los que ésta exhalaba sus últimos estertores. Una obra que tal vez conecte mejor con el público de hoy en día, habituado a un cine donde las fronteras entre géneros son cada vez más difusas, que con el de una década de los 70, en la que la Hammer no pudo adaptarse a las nuevas corrientes. Una verdadera lástima porque, aunque la productora produjo mucha morralla en esa época, también otorgó obras notorias y originales en sus enfoques. Sin salirnos de lo victoriano ni de la figura del destripador, merece la pena señalar una de las obras menos conocidas de la Casa del Martillo: Las manos del destripador (Hands of the Ripper, 1971), que también tendrá su reseña en esta cueva. 

 

 
Anécdotas:

* Virginia Wetherell, quien interpreta a una de las prostitutas de Withechapel, se convertiría en la mujer de Ralph Bates tras el rodaje de la película; la pareja permanecería unida hasta la muerte de Bates por cáncer de Páncreas.