2016 Año de chicas duras y novelas cortas

Llega el final del año y, como ya no me quedan cabras estrábicas que sacrificar en el altar de los dioses, toca hacer balance de 2016 como año literario. La primera conclusión a la que he llegado es que este año no me puedo quejar. La segunda es que mayoritariamente he publicado relatos largos o novelas cortas; formatos que adoro como autora, pero a los que no es siempre fácil encontrar acomodo. La tercera conclusión es que todas las historias contaban con protagonismo femenino (a veces doble) o con una mujer llevando el peso de la acción dentro de un reparto más coral. 

Pormenorizando un poco, las dianas logradas por mi Schofield, han sido: 

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Última estación, la muerte II

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La agente Scarlett Blade miró su reloj de bolsillo. Ya había caído la noche y la alarma de su cinturón no se había activado. Con suerte, eso querría decir que la infiltración de Kelly iba por el buen camino. Ahora le tocaba a ella hacer su trabajo. Con cuidado de no hacer ruido, para no despertar a la otra motorista que viajaba en el vagón, se desproveyó del abrigo y del sombrero, y echó una manta sobre ellos, dejando a la vista el gorro. Ocultos como estaban tras la moto, si la otra se despertaba por casualidad bien podría pensar que su compañera de coche estaba durmiendo.

Con sigilo, se anudó un pañuelo sobre la cabeza, cuidando de remeter toda su melena dorada dentro del mismo, luego tiñó la mitad humana de su rostro con un maquillaje del color de la noche y se colocó el parche de cristal verde de visión nocturna. Tras asegurarse de que era la pistola especial, y no el Colt, la que dormía sobre su cadera, se calzó un guantelete en la mano humana. El guante del mismo era de suave cuero, la antebracera estaba provista de un aparato lanza ganchos.

Lo lanzó contra el techo del coche y luego se dejó elevar por su tracción hasta llegar a la altura de la escotilla. Con agilidad de híbrido, la abrió y se deslizó hasta el exterior del vehículo. En pocos segundos, el coche-cuadra volvió a ser un dormitorio silencioso. Scarlett era una sombra que reptaba sobre el techo del vagón. Lo más difícil vendría cuando llegase al borde. Aún tendría que saltar sobre varios vagones hasta alcanzar la primera clase, donde la esperaban sus dos socias en la vida y en las Sombras.

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Última estación, la muerte I

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El sol reverberaba contra las motocicletas aparcadas frente a La Aguja de Anabelle. Para los visitantes de St. James el local era un simple taller de costura. Pero, como todos los negocios de la ciudad, tenía una cara oculta. Tan secreta como el nombre que daban a la villa sus habitantes: Shadow Town.

Anabelle Clark retrocedió para admirar su último trabajo. Donde menos de una hora antes estuviera una joven vestida con ropas de vaquero, había ahora una elegante viuda, a la que el dolor había robado la juventud y el color de los cabellos. Estos acentuaban el toque macilento de su rostro y aún hacían parecer más negro el atavío de la dama. La prenda era un casto vestido de cuello alto y, cuando llegase el momento de entrar en acción, su tejido especial protegería la vida de su dueña. Al menos, en eso confiaba la costurera.

—El sombrero está demasiado ladeado —murmuró al ver cómo este se inclinaba a la derecha.

La modista se acercó a su cliente y se dispuso a afianzar mejor el alfiler en el moño de la joven, para dar al tocado la estabilidad necesaria. Al hacerlo, las bocas de ambas quedaron a la distancia de un beso.

«Debería besarla», pensó Lillian. No obstante, no hizo ademán de salvar la distancia que la separaba de la hermosa costurera. Pese a que las otras dos ocupantes de la sala conocían sus lazos, la agente seguía sin sentirse cómoda manifestando sus sentimientos hacia Anabelle en público. Y otro tanto sucedía con la modista. Tal vez porque ni ellas comprendían del todo su relación; si las había unido la necesidad de curar dos corazones heridos por la crueldad humana o algo más profundo, oculto en una naturaleza ajena a las leyes y costumbres de los hombres.

—Ya está lista, agente Silver —proclamó la modista, con el mismo tono profesional usado con las otras dos integrantes de la misión.

Agente Silver. No Lillian, ni menos aún Lilly. Anabelle le había puesto dos condiciones cuando decidieron prolongar su relación más allá de una noche. La primera, nada de despedidas. La segunda: «Que sea esta casa la primera que visites cuando regreses de un trabajo».

Hasta ahora Lillian siempre había mantenido ambas promesas; pero el nuevo encargo hacía tambalear su característica seguridad en la buena marcha de sus misiones y en su capacidad para permanecer en la retaguardia mientras su hermana se infiltraba en las filas del objetivo. Se hizo con un elegante bastón y una maletita cercanas y escrutó a sus compañeras. Estaban listas. Scarlett con sus sempiternas ropas de vaquero; Kelly Jane, como una sensual cortesana pelirroja. El Diablo y Las que Cabalgan con el Diablo, las llamaban algunos colegas en secreto, en un mal juego de palabras con el nombre en código de Scarlett. Un equipo perfecto, alérgico a los añadidos. Salvo en esta ocasión. El sheriff Rick Copper Hand volvía al trabajo de campo, después de que una misión le costara la mano cinco años antes. Pero Rick también contaba con el beneplácito de Scarlett; además, su presencia no alteraría la marcha habitual del conjunto, dado que se limitaría a reforzar la imagen de Lillian como viuda adinerada, escoltándola hasta el tren en calidad de chófer particular.

Sí. Estaban listas. Listas para convertirse en tres desconocidas cuando cruzasen las fronteras de Shadow Town; listas para asaltar un tren y acabar con una vida, a cambio, tal vez, de salvar miles. Listas para arriesgar su existencia usando un armamento que Lillian distaba de considerar el idóneo.

—Aún no sé por qué tengo que llevar este maldito estoque —masculló, mirando al bastón. Las armas blancas no eran su especialidad y no entendía qué utilidad podría tener el estoque para cubrir a Kelly Jane si había problemas.

—Una escopeta no es una buena arma para manejarla en un vagón de tren, Lilly. —Scarlett la premió con una mirada irónica de su ojo humano—. Y ya llevas una pistola oculta en la biblia.

La llevaba. Y pensaba ser una viuda muy lectora cuando estuviesen en el tren, pero seguía sin verle utilidad al bastón. O igual el problema estaba simplemente en que Kelly expusiese su vida en primera línea de fuego. Por más que fuesen ya mujeres adultas y pistoleras curtidas, seguía siendo la hermana mayor y no podía librarse del impulso de proteger a la jovial pelirroja.

—¿Alguien más tiene algo que añadir? —preguntó Scarlett. Su mano biónica acariciaba la culata del Colt. Su mirada estaba fija en la siempre risueña Kelly Jane.

—Lista para partir, Diablillo —respondió, como si la responsabilidad que le tocaba en aquella misión no le pesase.

—Bien, señoras, tenemos un tren que asaltar.

La partida

«Otro de esos malditos implantados», pensó el jefe de estación.

El hombre lanzó una mirada despectiva a la nueva pasajera del tren a Sacramento. Viajaba en uno de esos caballos a vapor —una motocicleta, las llamaban— con la caldera humeante. Sus ropas de vaquero estaban manchadas por el humo y el polvo de mil caminos y el sombrero, pese a llevarlo ladeado, no terminaba de ocultar la mitad inhumana de su rostro, cubierta por láminas de un extraño metal negro, desde la que observaba un ojo azul cobalto, pura frialdad artificial.

—Suba a ese vagón —ordenó señalando a uno de los coches-cuadra, situados en la cola del tren—. No ponga esa maldita caldera en marcha mientras esté dentro.

—Tranquilo, amigo —contestó la vaquera en tono ronco—. Ya no tengo costumbre de volar por los aires —añadió, señalándose el rostro con ademán burlón.

El jefe de estación contuvo un suspiro mientras la veía alejarse. Los malditos implantados siempre daban problemas y hoy había tenido ración doble. Primero, el chófer que había acompañado a una joven viuda para acomodarla en el vagón, un tipo de gesto hosco que había insistido en ser él quien subiese el equipaje de la mujer al coche, y ahora esa maldita vaquera…

—Disculpe, ¿cree que algún mozo podrá ayudarme con mi equipaje?

«Yo mismo» estuvo tentado a decir cuando se encaró con la nueva pasajera. La mujer suponía un dulce cambio frente a sus predecesores. Una diosa pelirroja que enfundaba sus sensuales contornos en un vestido verde. Sus manos jugueteaban con el mango de una sombrilla y una gran maleta descansaba a sus pies. Al jefe de estación no le cabía duda sobre cómo se ganaba la vida aquella belleza. Pero la Munro Railway siempre había tratado bien a las cortesanas.

—Por supuesto, señorita.

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Universos alternativos, mundos imaginarios y personajes femeninos

Estas últimas he estado invirtiendo más tiempo en revisiones y reescrituras de diversas obras, que en la escritura per sé, lo que me ha dado la oportunidad de conocer otros blogs y leer interesantes reflexiones relacionadas con la escritura. Desde el cómo se abusa a veces en ciertos géneros de la violación, a por qué se repiten ciertos tópicos en fantasía épica, cuando podrían evitarse cuando ambientamos las historias en mundos propios, o por qué las mujeres cultivamos poco el western… Y, gracias a ello, me ha dado por reflexionar sobre mi propia obra.

Dejando a un lado mis dudas habituales sobre qué demonios fuma mi musa, me he percatado de que la mayor parte de mis historias se sitúan bien en escenarios y mundos ficticios (sean estos de ciencia ficción o fantasía), bien en una versión alternativa de nuestra realidad. De hecho, entre mis personajes recurrentes actuales, solo las aventuras de Grace O´Hara y la de su sobrina nieta Elisabeth se sitúan en nuestro mundo. Bueno… en nuestro mundo, pero teniendo a vampiros, zoántropos y otros seres sobrenaturales pululando por ahí.  Pero, fuera del componente fantástico, ambas se mueven en escenarios fieles al contexto histórico y social de sus respectivas épocas. El Salvaje Oeste finisecular, Grace. El Hollywood de los cuarenta, Elisabeth. Pero ambas viven en entornos donde resulta factible que Grace sea pistolera y Liz detective privada, además de cazadoras de monstruos. 

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Portada de la antología Hallowen Tales 2014, donde apareció el primer relato protagonizado por Liz O´Hara. 

Lo que me lleva a otra conclusión y a una de las principales razones por las que sitúo mis historias en escenarios imaginados o alternativos. Me encanta crear historias con protagonistas femeninas. A la vez, escribo tramas de acción y me gusta, tal vez por la influencia de la literatura pulp clásica, usar escenarios que no sean tecnológicamente demasiado avanzados… Así que, en aras de la coherencia histórica y para no convertir a mi personaje en una excepción dentro de su mundo, muchas veces me ha tocado coger al realidad, retorcerla y modificarla.  Sigue leyendo

Relato: En Letras Ardientes

 

*Relato publicado originalmente en la antología gratuita Hell or Win, editada por las Pastilla Azul (disponible para su descarga en Lektu) 

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EN LETRAS ARDIENTES

Recuerda, tienes que matarlo en menos 666 palabras, sin ediciones, si no…

Lo sé, lo sé. Llevamos cinco años con este juego. Ya he aprendido a ir al grano —susurró Alice. En el despacho no se oía más voz que la suya, pero seguía sin ser capaz de limitarse a contestar telepáticamente a los pensamientos de Grace.

Exhaló una bocanada de aire y acercó sus dedos al teclado. Pronto las letras ardieron sobre la hoja en blanco.

Handy Joe O´Hara sonrió al adentrarse en su refugio favorito de Nueva York. Los chicos se habían acordado de apostar un Jack O´Lantern en el alféizar de la ventana, con la mirada fija en el exterior. Joe no era creyente, ni menos aún supersticioso, pero en Halloween siempre colocaba su calabaza para espantar a los espíritus de sus víctimas, tal y como su abuelo, verdadero diablo en los días violentos de Hell´s Kitchen, le había ensañado a hacer. Tranquilizado por la presencia de la figura protectora, se llevó un cigarrillo a los labios al tiempo que alargaba la mano hacia el interruptor de la luz, apagada hasta ese momento. Cuando accionó la llave, escuchó un suave clic, pero el apartamento siguió tan en penumbra como antes.

Una puta bombilla fundida. Alguien iba a perder un dedo por eso. Handy no se había ganado el sobrenombre por ser un buen tahúr. Sus víctimas se contaban por manos cortadas, y los fallos de sus hombres, en dedos amputados. Sigue leyendo

Novelas cortas de intensa ficción Num. 2

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Ya está disponible para su compra, Novelas Cortas de Intensa Ficción 2. Volumen editado por Pulpture, que recopila cuatro novelas cortas con toque pulp, una de ellas de mi autoría. El tomo, con un diseño interior muy atractivo y vintage, recoge 2 historias de corte cif con toques humorísticos (entre ellas mi Pesadilla en Oro) y otras dos de ambientación oriental.

Os dejo con las sinopsis de las 4 historias:

Game Over

Herb Ponnington, detective privado y caballo, aún sufre las consecuencias de su desastrosa visita al Ingeniero (que, recordemos, acabó muerto a manos de Pax, el chimpancé ayudante de Herb). La policía les insiste para que investiguen el caso y hallen al asesino (ellos mismos) y, por si eso no fuera poco, ahora llama a su puerta Stuart, el sobrino de Ponnington, que no hará sino complicarles la existencia.

Tan enervante situación hará que se embarquen en una alocada huida a través del desquiciado universo, que, por lo visto, se está desintegrando. Cosa que, también por lo visto, ocurre cuando se mata al Ingeniero.

Pesadilla en Oro

Una exmilitar, una ex diva del porno y un degenerado ex… traterrestre. Esa es la peculiar tripulación de la nave más sensual de la galaxia, que va de un sistema a otro buscando fortuna. Ahora han llegado a un espeluznante y atractivo lugar: un planeta dorado, el cual parece totalmente vacío de vida. Dispuestos a no dejar pasar la oportunidad de sacar provecho de un lugar inexplorado, ponen rumbo a este exuberante paisaje con la confianza del que sabe desierto de todo peligro el terreno que tiene por delante. O, quizá, no esté vacío. Quizá, simplemente, es que no los ven.

La sombra del escorpión en la tormenta

Dos samuráis, uno adulto y experimentado, el otro apenas un chiquillo, caminan tensos y alerta rumbo a un apartado santuario en medio del bosque. Su nerviosismo responde a un asunto tan turbio como secreto: los señores locales conspiran unos contra otros, preparando una gran rebelión, y ellos deben impedirlo recuperando información de manos de un espía a las órdenes de su daimio.

Mientras, el cielo se cubre con las negras nubes que presagian tormenta. Y, con ellas, llega la amenaza de un peligroso asesino que camina tras sus pasos, dispuesto a impedir que se salgan con la suya.

Tres cuentos orientales

La ciudad bulle de excitación por el triunfal regreso del rey, que en su viaje ha hallado una asombrosa manzana capaz de curar todas las enfermedades. Este suceso atrae la atención de todo tipo de personajes, y quién diría que el más interesante es un viejo invidente.

El mendigo ciego es un gran contador de historias. Cada día amanece siempre en la misma esquina del mercado y, a cambio de una limosna o algo de comida, narra los cuentos más increíbles que nadie haya podido oír.

Y los pícaros malandrines del mercado siempre se preguntan lo mismo: ¿acaso pueden ser ciertos tales prodigios?

 El libro puede adquirirse a través de la tienda de la editorial, con un pequeño descuento o encargarse en librerías. 

Lax también juega en Lektu

Desde ayer, y si no os gustan las publicaciones periódicas, tenéis disponible el juego de Lax en tomo único (y digital), en la plataforma Lektu. Además, y con motivo del #LeoAutorasOct, durante lo que queda de este mes, se ofrece en la modalidad de “pago libre”. Es decir, vosotros ponéis el precio del libro. 

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Podéis pillaros el libro a través del siguiente enlace: https://lektu.com/l/ronin-literario/el-juego-de-lax/5915

La noche del Demonio

Un científico muere en extrañas circunstancias mientras trata de desacreditar el culto creado por el extraño Karswell. Al poco de este suceso, llega a Inglaterra el socio americano del fallecido, quien pronto es amenazado por el siniestro gurú.

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Director:Jacques Tourneur /Productores:Frank Bevis y Hal E. Chester / Guión: Charles Bennett , basado en un relato de MR James / Fotografía:Edward Scaife / Música:Clifton Parker /Montaje: Michael Gordon / Efectos especiales: George Blackwell /Intérpretes: Dana Andrews (Dr. John Holden) , Peggy Cummins(Joanna Harrington), Niall MacGinnis(Dr. Julian Karswell), Maurice Denham (Professor Henry Harrington), Athene Seyler (Mrs. Karswell), Liam Redmond(Professor Mark O’Brien) Reginald Beckwith(Mr. Meek), Ewan Roberts, Peter Elliott, Rosamund Greenwood, Brian Wilde, Richard Leech, Lloyd Lamble, Peter Hobbes, Charles Lloyd Nacionalidad y año: USA, 1957 /Duración y datos técnicos</b>: 95, Blanco y Negro

La Noche del Demonio( Night of the Demon 1957) es una de las mejores películas de uno de los más grandes directores que nos dado el cine de terror. Inspirada libremente en el Maleficio de las Runas de MR James, Tourneur se libra del tono excesivamente frío y discursivo del relato y nos ofrece una película de atmósfera inquietante y tensión creciente. 

La historia base de película y relato es la misma. El líder de un culto de tintes satánicos (del que pocos datos sabemos en realidad) hace uso de escrituras rúnicas para maldecir a aquellos que puedan dañar su trabajo o poner en peligro su “tranquila” existencia. La diferencia fundamental entre ambos, dejando a un lado el cambio de sexo de un personaje, es que, mientras que en el relato el lector no llega a experimentar verdadera sensación de amenaza, en la película de Tourneur esta resulta siempre palpable. En el original los hechos están muy comprimidos, muchos se conocen a través de narraciones de terceros, restando inmediatez y tensión al desarrollo. En contraste, la película juega con una atmósfera de continua amenaza, con contrastes bruscos y escenas donde lo tranquilo, casi bucólico (como la fiesta de Halloween que Kraswell ofrece a los niños del vecindario), oculta en su interior una semilla tenebrosa. 

Destaca además, el modo en que guión y director aprovechan pequeños detalles  como la musiquilla que cree oír Dana Andrews. También cabe señalar  la interacción de su personaje con el resto antropólogos; estos no se perfilan como el típico conjunto de secundarios cuyo único destino es ampliar el abanico de personajes; a veces ayudan a dar informaciones que enriquecen la ambientación de la historia; otras son claves a la hora de ayudar a avanzar al trama principal. El buen pulso de Tourneur logra que el ritmo nunca decaiga y cada escena de la misma nos resulte necesaria, como un puzle perfectamente ensamblado.

Señalar por último la buena labor del irlandés Niall MacGinnis como ese Karswell de aspecto bonachón, casi cómico, quien sin embargo genera un verdadero halo de poderosa amenaza a su alrededor. El villano se tiene un antagonista a su altura en un Dana Andrews que sabe resultar pragmático sin caer en el personaje que parece tonto, a fuerza de aferrarse a su ceguera ante lo sobrenatural. 

A pesar del buen resultado final de la película, quien no quedó del todo contento con el  la obra fue el propio director, pues había planeado un enfoque más ambiguo de algunos aspectos de la historia, y fue obligado por la productora a incluir en ella la figura (física) del Demonio.  El diseño de este último, personalmente, se me antoja de lo más entrañable y no empobrece, al menos para mi gusto, el resultado final del conjunto. 

 

Bibliografía:

El maleficio de las Runas , MR James , incluido en Corazones Perdidos, cuentos Completos de Fantasmas. Colección Gótica nº 25, editorial Valdemar. Traducción Francisco Torres Oliver. Año 1997

Laura (de Vera Caspary)

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A raíz del LeoAutorasOctubre, y del espesor mental que me aqueja por las noches, he aprovechado para mezclar entre mis lecturas alguna revisión de novelas de las que ya había disfrutado previamente. La primera escogida ha sido Laura, novela escrita por Vera Caspary (novelista, dramaturga y guionista), que dio origen en 1944 a la película homónima dirigida por Otto Premiger (para quien esto suscribe una de las grandes obras maestras de la historia del cine). Si bien en su primera lectura me pareció una novela excelente, aunque un punto por debajo del film al que dio origen, esta relectura me ha hecho descubrir nuevos matices y subirla de escalafón dentro de mi ranking personal de lecturas. 

Laura es una novela a medio camino entre el negro y el suspense, atípica para su época  (en buena medida a causa de su propia protagonista, como veremos más adelante), que juega con elementos como la narración epistolar, a la manera de La Piedra Lunar, de Wilkie Collins, o el cliché de la femme fatale, para darle una vuelta de tuerca y ofrecer algo con un sabor diferente. Con un sabor diferente sí. También más moderno, hasta el punto de que personajes e historia  resultan vigentes hoy en día. El punto de partida de la trama en sencillo. Un laureado agente de la policía de Nueva York, Mark McPherson, debe investigar el asesinato de una Laura Hunt, una exitosa publicista, asesinada en el hall de su apartamento de un disparo de escopeta en pena cara.  La investigación llevará al agente a interrogar al círculo íntimo de la joven. Dentro de este, destacan el veterano periodista Waldo Lydecker (su mentor) y Shelby Carpenter, el prometido de la joven. De paso, el policía se irá enamorando paulatinamente de la fallecida. Lo hará a través del retrato de la joven, los gustos comunes, personificados por un libro o una pelota de baseball guardada en un cajón… Todo mientras va descubriendo nuevas capas y dobleces en las personas que habían rodeado a Laura Hunt. A partir de este punto, es mejor no contar nada más del desarrollo. 

Cabe destacar que Caspary aborda esa fascinación de un modo sutil, elegante, sin caer en lo morboso o lo macabro. Recuerda, en cierto modo, a la forma en que Vernon Lee abordaba a veces la fascinación, aunque haciendo evolucionar, eso sí, la historia por caminos distintos a los transitados habitualmente por la relatista británica. 

El otro elemento que convierte a esta obra en una novela atípica, el máximo responsable también de su capacidad de fascinación, es la propia Laura Hunt. En manos de cualquier otro narrador habría sido la típica vampiresa que usa sus dones para aprovecharse de otros y medrar en la vida. En manos de Caspary es, junto a Mcpherson, el personaje más íntegro de la trama, también muy humana, con sus virtudes y sus máculas, con sus contradicciones. Pero, ante todo, como su propia creadora, es una mujer avanzada para su tiempo; una profesional que se ha labrado su éxito gracias a su talento, (pero que no olvida lo que fue estar abajo) que no ve incompatible luchar por su carrera y tener una vida personal dichosa, para quien el matrimonio no es una meta, pero tampoco algo que rechace de pleno. En ningún momento se menciona que, antes de ser asesinada, se plantease dejar la profesión por el mero hecho de casarse con Carpenter. También se nos da a entender que es una persona con una vida sexualmente activa. Detalle ese último que se obvió en la adaptación cinematográfica (cosas de no buscarse líos con la oficina Hayes, supongo), lo que, según parece, no hizo demasiada gracia a Vera Caspary. 

La personalidad de Laura se palpa a través de las declaraciones de sus conocidos, de los detalles que McPherson va descubriendo en el piso de la joven. Así, el lector va acompañando al agente en su camino hacia la fascinación, el enamoramiento. Si, además, uno tiene presente el recuerdo de Gene Tierney interpretando al personaje (sublime elección para el papel) o suena en sus oídos la inolvidable música compuesta por David Raskin para la película… es fácil no solo comprender sino incluso compartir los sentimientos del investigador. 

En el aspecto formal, y dejando a un lado algunos aspectos de la traducción que no me convencieron, merece la pena destacar el modo en que Caspary usa las distintas voces narrativas en primera persona. Cada una de ellas narra un trecho de la historia (divida en distintos libros), que en su origen fue publicada en forma de serial. La autora usa una voz propia para cada personaje (algo que debería ser obvio, pero no todos consiguen) y, con ello, nos va mostrando al psicología y las peculiaridades de cada uno de ellos. Lydecker se vanagloria de alterar los diálogos que transcribe para darles mayor empaque; Mark advierte de que no usará palabrotas en su narración, porque ha recibido una educación y esas cosas se dicen pero no se escriben… A la par, la escritora no nos ofrece un batiburrillo deslavazado de testimonios, sino una narración coherente y bien armada. Juega además, sutilmente, con las pistas pues, en las dobleces y la personalidad de los actores de esta trama, se oculta el secreto de quién apretó el gatillo esa noche infausta. 

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Cerrar esta semblanza, además de recomendando la lectura de esta obra, dando unas pinceladas sobre su adaptación cinematográfica. La película de Otto Preminger, además de ser excelente, se perfila como una notable adaptación de la novela. Hay cambios, bien es cierto, alguno puede ser achacable a cuestiones de censura; otros se derivan de adaptar la premisa a un lenguaje diferente y a comprimirla en 83 minutos de metraje. Sin embargo, en general, los elementos básicos de la historia están bien reflejados e hilados. Ayuda en este aspecto una acertada elección de casting, donde si bien algunos intérpretes se alejan físicamente de su original (especialmente el Cliffton Web como Waldo), saben reflejar la personalidad de sus roles. Mención especial para un joven Vincent Price que, sobre todo en versión original, clava un personaje alejado de aquellos que le harían famoso en el futuro. 

 De postre os dejo con un montaje con la banda sonora de la película. 

Los Intrusos

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Dos hermanos adquieren una espectacular mansión georgiana, Windward Hall, a un precio más que módico. Al poco de instalarse en su nuevo hogar, comenzarán a producirse extraños y estremecedores fenómenos que parecen guardar  relación con la joven nieta del antiguo propietario.

Director:Lewis Allen / Productores: Charles Brackett / Guión: Dodie Smitth y Franck Partos basado en la novela de Dorothy Macaradle /Fotografía: Charles Lang / Música: Victor Young / Montaje: Doane Harrison / Efectos especiales: Gordon Jennings / Intérpretes:Ray Milland (Roderick Fitzgerald), Ruth Hussey (Pamela Fitzgerald), Donald Crisp (Commander Beech) ,Barbara Everest (Lizzie Flynn ),Alan Napier ( Dr. Scott), Gail Russell ( Stella Meredith) Cornelia Otis Skinner (Miss Holloway), Dorothy Stickney ( Miss Bird) Nacionalidad y año: USA, 1944  /Duración y datos técnicos: Blanco y Negro ,99 minutos

Los años cuarenta fueron una etapa especial para el cine de terror; los monstruos tradicionales, que la Universal había hecho famosos, se ausentan de las pantallas y dan paso a un terror de corte más realista. Emblemáticas de este periodo son las notables obras de serie B de la RKO , donde prima el terror racionalista y tienen como puntal la magistral La Mujer Pantera ( The Cat People , 1943). Paralela a esta, discurre otra corriente, a medio camino entre el folletín y el terror, que podemos denominar melodrama de misterio.  En función del enfoque de la historia, las películas de esta categoría pueden adscribirse bien al suspense bien a la fantasía. Representantes de esta tendencia son: Rebeca (Rebecca, 1940), que en cierto modo podemos considerar como la precursora de este subgénero, o el Secreto tras la puerta ( Secret Beyond the Door, 1948).

Los invitados ( The Uninvited , 1944) puede inscribirse también dentro de esta tendencia, aunque, con ligeros matices. Así,  el drama se ve aligerado por ciertos toques de humor bien dosificados que nos retrotraen a las Mistery Comedy de los años 20. El elemento sobrenatural tiene un peso importante en la trama en forma de casa, supuestamente, encantada, frente a otras obras similares donde prevalecen la racionalidad y las explicaciones de corte freudiano. Estos dos últimos matices no son baladíes, pues  la película ha logrado envejecer con dignidad gracias a ellos. El elemento melodramático, por el contrario, ha quedado bastante obsoleto. El fuerte cambio de mentalidad que la sociedad ha experimentado desde los años cuarenta en cuanto a temas como la psicología o la psiquiatría y la censura imperante en esos años provocan que algunos elementos puedan resultar algo apolillados. Tampoco ayuda a este componente realista-melodramático cierto afán mimético respecto a la antes mencionada Rebeca (Rebecca, 1940), remedo de Señora Danvers incluido. Estas pequeñas máculas, sin llegar a convertirse en defectos graves, restan algo de brillantez al conjunto final. 

De todas formas, Los Intrusos ( The Uninvited, 1944) tiene en su haber suficientes elementos positivos como para convertirse en una película del todo recomendable. El solvente reparto lleva bien el peso de la trama, siendo el único punto negro actoral el mencionado clon de la Señora Danvers (cuyo nombre no desvelaré para o destripar la trama). Por otro lado, los elementos técnicos también puntúan alto y merece la pena destacar  la excelente fotografía de Charles Lang, que añade intensidad los momentos más terroríficos, y unos efectos especiales resultones para la época. Resalta también el cuidado trabajo de ambientación en lo que al elemento sobrenatural se refiere. Detalles como la reticencia de las mascotas a entrar a ciertas zonas de la casa, la habitación donde los protagonistas siempre tienen frío y experimentan una irracional sensación de tristeza, el uso de los aromas enriquecen la trama al introducir paulatinamente ese elemento extraño en las vidas de los protagonistas y la conciencia del espectador.

En resumen , nos encontramos ante una película poco conocida por el gran público pero que atesora calidad suficiente como para que su visionado sea gratificante para el aficionado al cine de sabor añejo; eso sí, teniendo siempre claro que, presencia de supuestos espectros aparte, no nos encontramos ante una historia más cercana al melodrama fantástico que al terror. 

Anécdotas

*La película fue promocionada con la siguiente frase: “El más popular romance de misterio desde Rebecca”* El británico Alan Napier, que aquí interpreta al Dr. Scott, fue el Alfred Pennyworth de la mítica serie sesentera de Batman.* Nominada al Oscar a la mejor fotografía.