Drácula y las mellizas

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Las poblaciones cercanas al castillo Karstein viven aterrorizadas por dos amenazas. Por un lado, la presencia del mencionado castillo y su depravado morador (El Conde Karnstein); por el otro está “La Hermandad”, un grupo de fanáticos capitaneados por Gustav Weil que persiguen a todo aquel que sea diferente acusándole de diabólico.

La llegada de las dos sobrinas de Weil acarreará consecuencias trágicas para todos.

Director: John Hough/ Productores: Harry Fine , Michael Style / Guión: Tudor Gates / Fotografía: Dick Bush / Música:Harry Robertson / Montaje:Spencer Reeve / Efectos especiales:Jack Mills / Intérpretes: Peter Cushing ( Gustav Weil), Dennis Price,( Dietrich) Mary Collinson( Maria Gellhorn), Madeleine Collinson ( Frida Gellhorn), Isobel Black ( Ingrid Hoffer), Kathleen Byron ( Katy Weil), Damien Thomas ( Conde Karnstein), David Warbeck ( Anton Hoffer), Harvey Hall, Alex Scott, Judy Matheson, Luan Peters, Shelagh Wilcocks, Katya Wyeth, Inigo Jackson / Nacionalidad y año: Gran Bretaña, 1971 / Duración y datos técnicos</b>: Color, 87 min.

Dráculas y las Mellizas ( Twins of Evil, 1971) es la tercera parte, y broche final (oficial), de la serie de los Karnstein rodada por la Hammer y uno de los más sólidos trabajos de los años 70 de la productora Británica.

La película se aleja de las dos entregas anteriores de la saga al tomar como protagonista  a un descendiente de esta corrupta estirpe, mientras la condesa Mircalla se limita a tener un pequeño cameo. Es el conde un protegido del propio monarca del país y , gracias a esto, realiza todo tipo de desmanes sin que nadie pueda tocarlo. Su amor por el mal culminará con su conversión en  vampiro. Y su máximo deseo será corromper a las sobrinas gemelas de su némesis, Gustav Veil.

Nos encontramos así con el enfrenamiento entre dos facciones contrapuestas Weil y sus exaltados por un lado. Karnstein y sus acólitos por otro. Más que a una lucha entre el bien y el mal, asistimos a una batalla por dominar al pueblo. Si el vampiro rapiña vidas sin piedad, los fanáticos disfrutan quemando a mujeres inocentes y a todo aquel que ose pensar de un modo diferente a ellos. Nos alejamos, por tanto, del esquema tradicional de las cintas de vampiros de la productora, para sumergirnos en un tono más cercano al western  (sirva como ejemplo la presentación de Cushing y los suyos a caballo); también más épico de lo habitual, con ese final que se aleja de los cánones arraigados en las principales obras de La Casa del Martillo. 

Gran parte de el éxito de este enfrentamiento se debe al estupendo trabajo de los actores que personifican a los dos grandes antagonistas. Damien Thomas compone un conde Karnstein de claras influencias byronianas realmente estupendo, carismático y amedrentador a un tiempo. Cushing está realmente sublime. Pese a haber perdido poco tiempo antes a su mujer, el actor realiza aquí una de sus más grandes interpretaciones. En su rostro se percibe toda la amargura, la mezquindad, la morbosidad y el ciego fanatismo del inquisidor. Transmite también esa mezcla de fascinación y repulsa de Weil hacia el mal  que trata de erradicar. 

La lucha entre oscuridad y luz es personificada en esta ocasión por las dos hermanas. La rebelde Frida, incapaz de doblegarse a la dictadura de su tío, se va acercado paulatinamente al lado oscuro a la par que se siente atraída hacia Karnstein. La dócil María se pliega como buenamente puede a la vida que les ha tocado y trata de que su hermana entre en razón. Esta dualidad de caracteres, sin embargo, no será percibida por el cegado fanático. Sí la captan, en cambio, los dos personajes que representan la voz de la cordura dentro de la historia: la tía de las jóvenes y el profesor de música (David Warbeck).

Cabe señalar como colofón de esta reseña que Drácula y las Mellizas) ha arrastrado cierta fama de película con una importante carga erótica. Nada más lejos de la realidad. Fuera de un par de planos y una metáfora de nula sutileza, es tal vez una de las películas menos explícitas de la Hammer de los setenta y la más sutil de las entregas de la trilogía .

Anécdotas

* Las hermanas Collison fueron las primeras gemela en posar para la revista Playboy.* Ambas jóvenes procedían de Malta por lo que según apuntan la mayoría de los expertos hubieron de ser dobladas para ocultar su marcado acento; también hay quienes consideran sin embargo que llegaron a perfeccionar lo suficiente el idioma como para actuar con sus propias voces* Llegaron a escribirse unas 16 páginas del guión de una cuarta parte protagonizada por Cushing como Conde Karnstein.* La película Capitan Kronoss (Kronoss Vampire Hunter, 1974) podría considerarse, en cierto modo, una especie de cuarta parte no oficial.

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Lust for a Vampire

Mircalla, la hermosa condesa vampira, regresa de la tumba para convertir un bucólico internado para señoritas en su coto de caza particular.

Director:Jimmy Sangsteer / Productores: Harry Fine, Michael Style / Guión:Sheridan Le Fanu (personajes) , Tudor Gates / Fotografía: David Muir  / Música: Harry Robinson  /Montaje: Spencer Reeve / /Intérpretes: Michael Jonson ( Richard Lestrage), Yutte Stensgaard (Mircalla), Ralph Bates ( Giles Barton), Susana Leight ( Janet), Pippa Steele (Susan), Mike Raven, Helen Christie, David Healy, Judy Matheson, .. Nacionalidad y año: Gran Bretaña, 1971 / Duración y datos técnicos: Color, 91min.

Lujuria para un Vampiro ( Lust For a Vampire , 1971) es posiblemente uno de los puntos más bajos dentro de la temática vampirica de la Hammer y con toda claridad la más floja de las que componen la trilogía de los Karnstein. 

Los defectos de la película son innumerables y el primero de ellos (y causa de muchos posteriores) es querer generar cierta duda en torno a quién es la vampira. Decisión por completo absurda, puesto que todo aquel familiarizado con el personaje sabrá quién es en cuanto pronuncie su nombre. Este error de partida redunda negativamente en la dirección de Sangsteer, puesto que se ve obligado a mostrar los primeros ataques de la chupasangres haciendo uso de la cámara subjetiva, logrando así un efecto bochornoso, más propio de un amateur, al tener que pegar su victima la cara a la pantalla.

Pero los despropósitos no terminan aquí y es que, para colmo de males, Lujuria para un Vampiro ( Lust For a Vampire , 1971) goza de una de las peores direcciones de actores de la historia de la productora. El gran Ralph Bates parece una parodia (tal vez intencionada) de sí mismo, los normalmente efectivos secundarios están flojos e inexpresivos y ¿que decir de la protagonista?…..Yutte Stensgaard gozaba el físico de una muñeca Barbie y su expresividad es aún menor que el de la famosa muñeca de plástico.

Lo cierto es que vista hoy en día da la sensación que la película se realizó con un valor o, mejor dicho, una intención puramente crematística, como una explotation cuyo único fin es aprovechar el filón comercial de su predecesora la notable Las Amantes Vampiro (The Vampire Lovers, 1970).

Tan paupérrima es la calidad de la película que, siendo generosos, solo son resecables dos escenas: el prologo, donde se nos narra la resurrección de la vampira, y el momento en que el personaje de Bates se encara con ella. Por desgracia y siguiendo la tónica de este producto, el buen resultado del prologo queda minimizado por una nueva visón de este momento, avanzada ya la película, cuando se nos desvela (¡oh sorpresa!) la identidad de la chupasangres. Además de su identidad el espectador descubre que la vampira ha regresado de la muerte despeinada,  pero, eso sí, gloriosamente maquillada (sombra de ojos azul incluida).

El resto es una sucesión de escenas que van de lo anodino a lo mediocre, llegando incluso a lo directamente bochornoso, siendo coronadas todas ellas por una de las muertes más lamentables que haya podido tener un vampiro en la gran pantalla.

 

Anécdotas

*El papel de Giles Barton estaba pensado para Peter Cusingh , por desgracia el actor tuvo que abandonar el rodaje debido a la grave enfermedad de su mujer. * El director inicialmente previsto Terence Fisher.* Ingrid Pitt se libró de volver a interpretar a la condesa Karnstein por encontrase rodando La Condesa Drácula ( Countess Dracula, 1971)* Algunas malas lenguas llegaron a apuntar , injustamente, que Yutte Stensgaard pertenecía a una Secta Satánica.

The Vampire Lovers

La Condesa Karnstein es una hermosa mujer que sufre el estigma del vampirismo, de vez en cuando siente una fascinación por alguna de sus victimas rayana con el enamoramiento, para poder conseguir su objetivo no dudará en introducirse la vida de estos. 

Director: Roy Ward Baker / Productores:Harry Fine, Michael Style  / Guión:Sheridan Le Fanu (novela), Harry Fine (adaptación) /Fotografía:Moray Grant  / Música: Harry Robinson / Montaje: James Grant / Intérpretes:Ingrid Pitt ( Carmilla), Madeline Smith (Emma Morton), George Cole (Geroge Morton), Kate O’Mara( Madame Perrodot), Peter Cushing,( General von Spielsdorf), Dawn Addams ( La Condesa), Jon Finch ( Carl Ubhart), Pippa Steel (Laura), Douglas Wilmer ( Barón Hartog), Ferdy Mayne,  Kirsten Lindholm, Janet Key, Harvey Hall, John Forbes-Robertson, Charles Farrell  / Nacionalidad y año: Gran Bretaña, 1970  / Duración y datos técnicos: Color, 91min.

 

Carmilla, novela corta escrita por el irlandés Joseph Sheridan Le Fanu, es uno de los relatos claves ya no solo del género vampírico en particular sino de toda la novela gótica en general. Fuente de inspiración para el Drácula de Stocker , Carmilla es sin duda una de esas historias a la espera de una “adaptación definitiva” y es que la visual narración de Le Fanu tiene todos los ingredientes para dar lugar a una pequeña gema del género, pero aún no ha sido objeto de una versión por completo redonda. Pese a ello, ha tenido adaptaciones interesantes, como La Cripta e l´incubo, dirigida por Camillo Mastrocinque, o la obra que hoy nos ocupa. 

The Vampire Lovers atesora una interesante calidad cinematográfica y como adaptación, pese a nacer en el llamado periodo de decadencia de la Hammer y  a buscar, como era habitual en esas fechas, taquilla de un modo facilón, a fuerza de exponer carne femenina de modo no siempre justificado en la trama. Handicap este último que, en cierto modo, comparte con el Fantaterror español, bastante influido por la productora británica, se iniciaban los años de crisis del terror patrio y muchos creían que dar un toque de erotismo a sus productos podría mitigar los daños y atraer a un público dispuesto a abandonarlos por obras foráneas. Por desgracia, en la mayoría de los casos el reclamo comercial no cuajaba y la calidad de las películas se resentía con este toque erótico festivo que, vistas esas obras hoy en día, es uno de los elementos que peor llevan el paso del tiempo, hasta el punto de resultar cursi y ridículo en muchas ocasiones. 

Pero mejor me centro en la película objeto de esta reseña The Vampire Lovers. Erotismo cursilón aparte, nos encontramos ante una adaptación bastante fiel de la novela, tanto en forma como en fondo. Cosa que no ocurría, por ejemplo, con la excelente versión de Dracula realizada por Terence Fisher, donde, si bien se captaba a la perfección el discurso “oculto” de la obra de Stoker ( aunque fuese para pervertirlo) el guión se tomaba muchas licencias respecto a los acontecimientos y personajes protagonistas de la novela. En este Vampire Lovers las modificaciones más evidentes se dan en los nombres de los personajes (la Emma de la película es la Laura del libro; el personaje de Kate O´Mara es una suma, y a la vez modificación de varios secundarios de la novela,) y en la estructura narrativa. Este último se nota especialmente en la parte en que interviene Cushing; su historia es narrada en el libro a modo de flashbacks , mientras que en la película hace las veces de un primer episodio.

Destaca, de este modo,  el guión de Harry Fine por haber adoptado con tino el espíritu de la novela y por saber aprovechar hasta los elementos más aparente nimios de esta. De este modo tenemos fragmentos como el prólogo protagonizado por el Barón Hartog que, si bien es un elemento nuevo,  se relaciona con hechos insinuados en el texto original. Fine aprovecha también con éxito las ligeras indicaciones de la novela de que la vampira no actúa de un modo completamente libre, que tal vez exista otro poder detrás de ella. Para plasmar este último hecho ayuda también la interpretación de Ingrid Pitt quien, sin ser una actriz de grandes registros, consigue reflejar con bastante efectividad ese autorechazo y esa dualidad (apariencia fuerte , pero cierta debilidad física) de la que hacía gala la Carmilla literaria.

Lo cierto es que una de las grandes bazas de esta película es su reparto, ya no solo por la buena labor interpretativa de los actores, sino por su gran adecuación a sus respectivos papeles. Cushing vuelve a demostrar, Madeline Smith resulta por completo frágil, inocente y angelical, sin perder el encanto, Kate O ´Mara se muestra capaz de reflejar sin estridencias la atracción que su personaje siente por la hermosa vampira desde un primer momento… y los secundarios habituales vuelven a demostrar su profesionalidad. 

En el aspecto negativo de la película, tenemos los desmanes estéticos propios de la época, entre los que destacan unas escenas oníricas que parecen sacadas de un videoclip especialmente piscotrónico, y los toques de erotismo que, si bien en su época se podían ver picantes, hoy resultan ñoños y hasta un poco ridículos . Sin embargo, y afortunadamente la mayor parte de la narración es bastante clásica gracias a lo cual la película ha soportado (salvo detalles puntuales)  bien el paso del tiempo y sigue siendo una de las grandes películas de la Hammer de los 70.

 Bibliografía

Novela Corta: Carmilla de Joseph Sheridan Le Fanu, publicado dentro de la antología Vampiras , colección Club Diógenes , editorial Valdemar. Traducido por Juan Antono Molina Foix.

Dr. Jekyll y su Hermana Hyde ( Doctor Jekyll and Sister Hyde)

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos.

El Doctor Jekyll es un científico entregado a su trabajo que cree haber descubierto un “antivirus “capaz de curar casi cualquier enfermedad, sin embargo para concluir sus investigaciones debería vivir mas de cien años. Deseoso de continuar con esa investigación, idea un elixir de la vida compuesto entre, otras cosas, por hormonas femeninas. Su búsqueda de esta materia prima le inducirá incluso a matar.

Director: Roy Ward Baker / Productor: Brian Clemens y Albert Fennel  / Guión: Brian Clemens , según la novela de Stevenson Dr Jeckyll y Mister Hyde / Fotografía: Norman Warwick / Música: David Withaker / Montaje: James Needs / Vestuario: Rosemary Burrows / Intérpretes: Ralph Bates (  Dr. Jekyll ), Martine Beswick ( Sister Hyde ), Gerald Sim (Profesor Robertson), Lewis Fiander(Howard ),  Susan Broderick (Susan ),  Dorothy Alison (Mrs. Spencer ),  Ivor Dean(Burke ), Philip Madoc ( Byker), Irene Bradshaw(Yvonne ) Tony Calvin ( Hare), Neil Wilson , Paul Whitsun-Jones , Dan Meaden , Virginia Wetherell, Geoffrey Kenion …. 

/ Gran Bretaña 1971 / Duración y datos técnicos: 95 minutos, technicolor

He de confesar que tengo especial cariño a esta ecléctica película de la Hammer, tal vez por que, bajo su aparente falta de pretensiones, encontramos un sustrato mucho más rico. La combinación de los mitos de Jekyll y Hyde con la figura del Destripador, unido a la elección de una figura femenina como representante del lado oscuro del científico, dan lugar a un juego de interpretaciones que se aprecian mejor en un segundo visionado. Si en el primero, además de la arrolladora interpretación de Martine Beswick, el espectador disfruta con el eclecticismo y cierto toque de ligereza y humor negro del guión (no en vano Brian Clemens fue uno de los creadores y guionista de la mítica serie Los Vengadores); en posteriores acercamientos a la obra, se observa una crítica a la hipocresía y a la moral victoriana, y a los herederos de esta, hija directa de la realizada por Terence Fisher y Jimmy Sangsteer en obras como Drácula (Horror Of Dracula, 1958)

Así Jekyll se nos presenta el típico victoriano que, por un lado desea ocultar sus impulsos y por otro carece de la suficiente fuerza de voluntad para luchar contra ellos.  Aparentemente rechaza la espiral de violencia que se ha generado por sus peculiares necesidades de materia prima, pero continúa con su experimentación sin llegar a plantearse, al menos en serio, dejar de sacrificar esas vidas prescindibles (las de las prostitutas).  Además, aunque al principio disfruta dando rienda suelta a la personalidad de su Hyde femenina, en cuanto esta demuestra tener una gran fuerza de voluntad, trata de anularla. A lo largo de todo le metraje su hipocresía se verá subrayada por su continua necesidad de justificar lo que está haciendo.

Hyde,  por el contrario, no se ampara en momento alguno en falsas coartadas, cuando mata lo hace por puro instinto de supervivencia, para proteger ambas personalidades convirtiéndose así en instrumento de Jekyll, que recurre a ella cuando no puede actuar bajo su verdadera apariencia. Es además una mujer que no acepta el rol impuesto por la sociedad que le ha tocado padecer, tiene una personalidad fuerte y también tiene claro lo que quiere sea en el plano material, sea en el plano sexual . En cierto modo, y aunque Hyde represente el lado oscuro que todos tenemos, en esta obra es la personalidad que mas simpatías despierta. En parte, esto se debe el contraste ya antes citado entre la hipocresía (y cierta creencia en la propia superioridad) de la que hace gala el científico, frente a la sinceridad de Hyde, aunque también ayuda la labor de los intérpretes. El añorado Ralph Bates era un intérprete idóneo para personajes con un punto repelente y odioso y aquí realiza tal vez su mejor papel para la Hammer; el actor logra hacer creíble en todo a momento a su Jekyll, tanto a la hora de presentárnoslo como un investigador altruista, como en el reflejo de su camino hacia el lado oscuro y del conflicto que tienen en su interior fascinación y rechazo. Martine Beswick devora la pantalla como Hyde. No era la primera elección para el papel, se llegó a valorar a Kate O´Mara o incluso usar a un Bates travestido, pero, vista la película hoy en día, nadie mejor que ella para adoptar ese rol. Más allá de un físico que la hace creíble como contrapartida femenina de Bates, Beswick destila oscura sensualidad y hace gala de una mirada salvaje muy propia de un «yo» oculto. Además, hace gala de un carisma que eclipsa al resto de personajes cuando ella aparece en pantalla, justo como la personalidad de Hyde ha de arrollar a la de Jeckyll. El resto de actores, como suele ser habitual en las producciones más cuidadas de la Hammer, cumple su labor con solvencia y ayuda a asentar esa crítica a la doble moral y la mojigatería victorianas.

A la interesante relectura del mito de Jekyll y Hyde, hay que añadir un acertado retrato de una sociedad que decía repudiar los crímenes del destripador, pero que, por otro lado, no se esforzaban demasiado en ponerles solución; al fin y al cabo las víctimas de los crímenes eran meras prostitutas. La precariedad de presupuestos hacía que muchas veces las ambientaciones fuesen el punto flaco de las películas de la Hammer; sin embargo aquí nos ofrecen un Withechapel nada pintoresco; el barrio es oscuro, triste, lleno de peligros. Las prostitutas ahogan sus penas en alcohol y se convierten en presa fácil para los desaprensivos dentro de ese laberinto de calles.

Roy Ward Baker, hábil artesano de la Hammer logra aquí uno de sus mejores trabajos para la productora británica en los años en los que ésta exhalaba sus últimos estertores. Una obra que tal vez conecte mejor con el público de hoy en día, habituado a un cine donde las fronteras entre géneros son cada vez más difusas, que con el de una década de los 70, en la que la Hammer no pudo adaptarse a las nuevas corrientes. Una verdadera lástima porque, aunque la productora produjo mucha morralla en esa época, también otorgó obras notorias y originales en sus enfoques. Sin salirnos de lo victoriano ni de la figura del destripador, merece la pena señalar una de las obras menos conocidas de la Casa del Martillo: Las manos del destripador (Hands of the Ripper, 1971), que también tendrá su reseña en esta cueva. 

 

 
Anécdotas:

* Virginia Wetherell, quien interpreta a una de las prostitutas de Withechapel, se convertiría en la mujer de Ralph Bates tras el rodaje de la película; la pareja permanecería unida hasta la muerte de Bates por cáncer de Páncreas.