Reseña. Entre dos aguas

Título: Entre dos aguas

Autora: Rosa Ribas

Editorial: Ediciones Urano

Número de páginas: 414

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No soy lectora de pegarme grandes atracones de páginas incluso cuando un libro me gusta. Sin embargo, la novela que hoy nos ocupa me ha durado exactamente dos días. Los culpables son una narración que engancha, pese a su tono calmo; unos personajes bien trabajados con los que es fácil conectar y preocuparse por su destino y una ambientación excelente, tanto en el aspecto humano como a la hora de aprovechar Francfort como escenario.

Ahora bien, si buscáis una historia donde prime la acción, casos enrevesados o grandes conspiraciones, quizá esta no sea la novela más adecuada para vosotros. Aquí, la comisaria Cornelia Weber-Tejedor se enfrenta junto a su compañero a dos casos de diferente pelaje, pero que comparten un elemento común: su “normalidad”. Son el tipo de sucesos que, con sus variaciones, podrían ocurrir en la misma ciudad donde vivimos. El primero, y eje de la novela, es el asesinato de un empresario hostelero, miembro de la colonia española en la ciudad. El segundo es una desaparición que los agentes deberán investigar de forma clandestina a instancias de su superior.

Los pilares de la novela son por tanto otros. Uno es el retrato de cómo el primero de los crímenes va afectando a los familiares del asesinado. Otro es el reflejo de la vida de los propios agentes involucrados en su investigación; los problemas familiares de Cornelia, su leve hipocóndria; la extraña actitud de su compañero, y las dudas que esta siembra en la comisaria… Personajes muy humanos con problemas cotidianos que pueden afectar, o no, a su trabajo. No obstante, los puntos fuertes de la historia son los retratos que la autora hace de Francfort y sus claroscuros y de la colonia española en la ciudad, además del efecto que el asesinato crea en ella. Informaciones obtenidas a cuentagotas, viejas tensiones que reaparecen o incertidumbres no desveladas, que afectan incluso a la madre de la propia comisaria… todo crea un ambiente creíble, muy vívido, que atrapa al lector deseoso de ir desvelando los misterios ocultos en esa comunidad, cerrada para algunas cosas, pese al tiempo que sus integrantes llevan instalados (que no necesariamente integrados), en Alemania.

En conjunto, la novela va ganando con el paso de los capítulos, tanto en el aspecto formal, como en la propia evolución de la historia. El inicio quizá pueda trabarse un poco debido a la necesidad de familiarizarse con personajes, misterio y escenario, además alguna cuestión de estilo que ralentiza un poco el ritmo de la prosa. No obstante, la narración no tarda cobrar brío y atrapar al lector. Por otra parte, me ha parecido todo un acierto la forma en que la autora nos da a conocer a sus personajes protagonistas, cerrando un caso previo, usando las pinceladas adecuadas para presentarlos, tanto en lo físico como lo jerárquico, e ir definiendo sus personalidades y los problemas que acarrean.

En resumen. Entre dos aguas es una novela con la que he disfrutado y me ha dejado con ganas de seguir leyendo más obras de Rosa Ribas, tanto protagonizadas por la comisaria Weber-Tejedor como por otros personajes.

Laura (de Vera Caspary)

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A raíz del LeoAutorasOctubre, y del espesor mental que me aqueja por las noches, he aprovechado para mezclar entre mis lecturas alguna revisión de novelas de las que ya había disfrutado previamente. La primera escogida ha sido Laura, novela escrita por Vera Caspary (novelista, dramaturga y guionista), que dio origen en 1944 a la película homónima dirigida por Otto Premiger (para quien esto suscribe una de las grandes obras maestras de la historia del cine). Si bien en su primera lectura me pareció una novela excelente, aunque un punto por debajo del film al que dio origen, esta relectura me ha hecho descubrir nuevos matices y subirla de escalafón dentro de mi ranking personal de lecturas. 

Laura es una novela a medio camino entre el negro y el suspense, atípica para su época  (en buena medida a causa de su propia protagonista, como veremos más adelante), que juega con elementos como la narración epistolar, a la manera de La Piedra Lunar, de Wilkie Collins, o el cliché de la femme fatale, para darle una vuelta de tuerca y ofrecer algo con un sabor diferente. Con un sabor diferente sí. También más moderno, hasta el punto de que personajes e historia  resultan vigentes hoy en día. El punto de partida de la trama en sencillo. Un laureado agente de la policía de Nueva York, Mark McPherson, debe investigar el asesinato de una Laura Hunt, una exitosa publicista, asesinada en el hall de su apartamento de un disparo de escopeta en pena cara.  La investigación llevará al agente a interrogar al círculo íntimo de la joven. Dentro de este, destacan el veterano periodista Waldo Lydecker (su mentor) y Shelby Carpenter, el prometido de la joven. De paso, el policía se irá enamorando paulatinamente de la fallecida. Lo hará a través del retrato de la joven, los gustos comunes, personificados por un libro o una pelota de baseball guardada en un cajón… Todo mientras va descubriendo nuevas capas y dobleces en las personas que habían rodeado a Laura Hunt. A partir de este punto, es mejor no contar nada más del desarrollo. 

Cabe destacar que Caspary aborda esa fascinación de un modo sutil, elegante, sin caer en lo morboso o lo macabro. Recuerda, en cierto modo, a la forma en que Vernon Lee abordaba a veces la fascinación, aunque haciendo evolucionar, eso sí, la historia por caminos distintos a los transitados habitualmente por la relatista británica. 

El otro elemento que convierte a esta obra en una novela atípica, el máximo responsable también de su capacidad de fascinación, es la propia Laura Hunt. En manos de cualquier otro narrador habría sido la típica vampiresa que usa sus dones para aprovecharse de otros y medrar en la vida. En manos de Caspary es, junto a Mcpherson, el personaje más íntegro de la trama, también muy humana, con sus virtudes y sus máculas, con sus contradicciones. Pero, ante todo, como su propia creadora, es una mujer avanzada para su tiempo; una profesional que se ha labrado su éxito gracias a su talento, (pero que no olvida lo que fue estar abajo) que no ve incompatible luchar por su carrera y tener una vida personal dichosa, para quien el matrimonio no es una meta, pero tampoco algo que rechace de pleno. En ningún momento se menciona que, antes de ser asesinada, se plantease dejar la profesión por el mero hecho de casarse con Carpenter. También se nos da a entender que es una persona con una vida sexualmente activa. Detalle ese último que se obvió en la adaptación cinematográfica (cosas de no buscarse líos con la oficina Hayes, supongo), lo que, según parece, no hizo demasiada gracia a Vera Caspary. 

La personalidad de Laura se palpa a través de las declaraciones de sus conocidos, de los detalles que McPherson va descubriendo en el piso de la joven. Así, el lector va acompañando al agente en su camino hacia la fascinación, el enamoramiento. Si, además, uno tiene presente el recuerdo de Gene Tierney interpretando al personaje (sublime elección para el papel) o suena en sus oídos la inolvidable música compuesta por David Raskin para la película… es fácil no solo comprender sino incluso compartir los sentimientos del investigador. 

En el aspecto formal, y dejando a un lado algunos aspectos de la traducción que no me convencieron, merece la pena destacar el modo en que Caspary usa las distintas voces narrativas en primera persona. Cada una de ellas narra un trecho de la historia (divida en distintos libros), que en su origen fue publicada en forma de serial. La autora usa una voz propia para cada personaje (algo que debería ser obvio, pero no todos consiguen) y, con ello, nos va mostrando al psicología y las peculiaridades de cada uno de ellos. Lydecker se vanagloria de alterar los diálogos que transcribe para darles mayor empaque; Mark advierte de que no usará palabrotas en su narración, porque ha recibido una educación y esas cosas se dicen pero no se escriben… A la par, la escritora no nos ofrece un batiburrillo deslavazado de testimonios, sino una narración coherente y bien armada. Juega además, sutilmente, con las pistas pues, en las dobleces y la personalidad de los actores de esta trama, se oculta el secreto de quién apretó el gatillo esa noche infausta. 

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Cerrar esta semblanza, además de recomendando la lectura de esta obra, dando unas pinceladas sobre su adaptación cinematográfica. La película de Otto Preminger, además de ser excelente, se perfila como una notable adaptación de la novela. Hay cambios, bien es cierto, alguno puede ser achacable a cuestiones de censura; otros se derivan de adaptar la premisa a un lenguaje diferente y a comprimirla en 83 minutos de metraje. Sin embargo, en general, los elementos básicos de la historia están bien reflejados e hilados. Ayuda en este aspecto una acertada elección de casting, donde si bien algunos intérpretes se alejan físicamente de su original (especialmente el Cliffton Web como Waldo), saben reflejar la personalidad de sus roles. Mención especial para un joven Vincent Price que, sobre todo en versión original, clava un personaje alejado de aquellos que le harían famoso en el futuro. 

 De postre os dejo con un montaje con la banda sonora de la película.