Comando Gabek: La venganza del general Grok

Grok

Las integrantes del Comando Gabek no conocen el descanso. Tras derrotar al rey Zilla y sus temibles gorilas ninja, tendrán que enfrentarse al temible general Grok. Este es un simio gigantesco, superinteligente y un tanto megalómano, que tiene muchas ganas de sorberles el tuétano a nuestras chicas. 

Para saber más, podéis leer La venganza del general Grok, una historia escrita por Raúl Montesdeoca, inspirador de la primera aventura del comando. 

Lo tenéis gratis a golpe de clic. 

Y si aún no habéis leído la primera historia del comando Gabek. la podéis descargar pulsando aquí . *Nota. Si ya la tenéis, esta es una versión revisada con algunas erratas menores corregidas. 

 

 

 

 

 

 

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Hazte con Los gorilas ninja del rey Zilla (Comando Gabek I)

comando JUNGLEYa podéis descargar la primera aventura del Comando Gabek, el mejor equipo de animadoras al servicio de la Agencia de Control de Mutantes. 

En esta primera historia, estas peculiares guerrilleras deberán rescatar a los doctores Nelson y Margarita Soares de las garras del temido rey Zilla. Este es un tirano manipulador que tiene a su servicio un ejército de gorilas ninja y aún guarda otros secretos en su arsenal. 

La misión es casi un suicidio, pero la Capitana Golden Fists,  Artemis, Beretta, Eagle y Kama nunca se han caracterizado por ser pusilánimes. Si por algo se define su grupo, además de por la variedad, es por la valentía de todas sus integrantes. 

Hoy lo comprobarán el rey Zilla y sus secuaces. Otro día les tocará a otros villanos. 

 

Se puede descargar en Lektu en la modalidad de pago social https://lektu.com/l/ana-moran/los-gorilas-ninja-del-rey-zilla/7872

https://historiascueva.blogspot.com.es/

Novelas cortas de intensa ficción Num. 2

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Ya está disponible para su compra, Novelas Cortas de Intensa Ficción 2. Volumen editado por Pulpture, que recopila cuatro novelas cortas con toque pulp, una de ellas de mi autoría. El tomo, con un diseño interior muy atractivo y vintage, recoge 2 historias de corte cif con toques humorísticos (entre ellas mi Pesadilla en Oro) y otras dos de ambientación oriental.

Os dejo con las sinopsis de las 4 historias:

Game Over

Herb Ponnington, detective privado y caballo, aún sufre las consecuencias de su desastrosa visita al Ingeniero (que, recordemos, acabó muerto a manos de Pax, el chimpancé ayudante de Herb). La policía les insiste para que investiguen el caso y hallen al asesino (ellos mismos) y, por si eso no fuera poco, ahora llama a su puerta Stuart, el sobrino de Ponnington, que no hará sino complicarles la existencia.

Tan enervante situación hará que se embarquen en una alocada huida a través del desquiciado universo, que, por lo visto, se está desintegrando. Cosa que, también por lo visto, ocurre cuando se mata al Ingeniero.

Pesadilla en Oro

Una exmilitar, una ex diva del porno y un degenerado ex… traterrestre. Esa es la peculiar tripulación de la nave más sensual de la galaxia, que va de un sistema a otro buscando fortuna. Ahora han llegado a un espeluznante y atractivo lugar: un planeta dorado, el cual parece totalmente vacío de vida. Dispuestos a no dejar pasar la oportunidad de sacar provecho de un lugar inexplorado, ponen rumbo a este exuberante paisaje con la confianza del que sabe desierto de todo peligro el terreno que tiene por delante. O, quizá, no esté vacío. Quizá, simplemente, es que no los ven.

La sombra del escorpión en la tormenta

Dos samuráis, uno adulto y experimentado, el otro apenas un chiquillo, caminan tensos y alerta rumbo a un apartado santuario en medio del bosque. Su nerviosismo responde a un asunto tan turbio como secreto: los señores locales conspiran unos contra otros, preparando una gran rebelión, y ellos deben impedirlo recuperando información de manos de un espía a las órdenes de su daimio.

Mientras, el cielo se cubre con las negras nubes que presagian tormenta. Y, con ellas, llega la amenaza de un peligroso asesino que camina tras sus pasos, dispuesto a impedir que se salgan con la suya.

Tres cuentos orientales

La ciudad bulle de excitación por el triunfal regreso del rey, que en su viaje ha hallado una asombrosa manzana capaz de curar todas las enfermedades. Este suceso atrae la atención de todo tipo de personajes, y quién diría que el más interesante es un viejo invidente.

El mendigo ciego es un gran contador de historias. Cada día amanece siempre en la misma esquina del mercado y, a cambio de una limosna o algo de comida, narra los cuentos más increíbles que nadie haya podido oír.

Y los pícaros malandrines del mercado siempre se preguntan lo mismo: ¿acaso pueden ser ciertos tales prodigios?

 El libro puede adquirirse a través de la tienda de la editorial, con un pequeño descuento o encargarse en librerías. 

Lax trama algo. La Sombra lo sabe

No. No me he vuelto más loca de lo normal y me está entrando la venada de hacer cruces imposibles, pero esta semana toca hacer un poco de autobombo y anunciar la publicación de nuevas entregas de dos  publicaciones episódicas obra de esta humilde escritora: la tercera parte de El juego de Lax  y una nueva entrega de mi serial La Sombra, publicado en Action Tales. 

El Juego de Lax

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De la tercera entrega de El Juego de Lax no voy a decir mucho, pues ya lo presenté en una entrada previa. Bueno, sí, algo diré. Animaos a darle una oportunidad a este serial cifi. Además de contar con una mercenaria tuerta y lenguaraz en el papel protagonista y una Inteligencia Artificial con alma de trol  en calidad de “villano”, está impregnada de aroma a buen pulp, guiños a los viejos folletines y buenas dosis de acción y divertimento. 

 

Os podéis hacer con las tres entregas publicadas de El  Juego de Lax, entrando en el enlace. 

http://roninliterario.com/categoria-producto/series-literarias/el-juego-de-lax/

La Sombra

Lobos sobre Broadway III

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El serial de La Sombra llega tras una larga espera, entre mis propios compromisos, bloqueos y migración web de Action Tales. Pero el Señor de la Oscuridad regresa con ganas de erradicar el Mal de la ciudad de Nueva York, y estremecer los corazones de los criminales con su inconfundible risa. 

El número supone la tercera, y penúltima entrega, de Lobos sobre Broadway. La historia se centra en los Amos de la Noche, banda dispuesta hacerse con el control de los clubs nocturnos de la ciudad. Se encontrarán con la oposición de dos formidables rivales: La Sombra y Joan Wang. Aunque ni toda la pericia del vigilante impedirá que sus agentes se vean amenazados por el poder de los Amos… En la web tenéis colgados los dos números previos, para refrescar la memoria o leer desde un principio este arco argumental. 

La estupenda portada es obra de Gustavo Rubio, en esta ocasión. 

Podéis leer el número, entrando en el enlace:

http://actiontalesfanfictions.blogspot.com.es/2016/09/the-shadow-n06.html

Fantasmas entre las Sombras III

Tiempo aproximado de lectura: 7 minutos. 

Las montañas cobijaban un estrecho valle, y este, un refugio de ladrones. Empezaba a caer la oscuridad y resultaba complicado distinguir el color de las vestiduras de los hombres, pero su silueta era perfectamente clara para los ojos cubiertos por gafas de visión nocturna de las dos pistoleras.

Las dos mujeres se ocultaban tras las rocas. Sus ropas habían dejado de ser del color de la nieve y se mimetizaban con la oscuridad. Habían dejado a un lado bufandas y sombreros, para cubrir sus cabellos con sendos pañuelos negros. Mientras Lillian terminaba de encajar las piezas de su rifle desmontable, Kelly vigilaba el campamento. Cuatro hombres se paseaban por él. Uno revisando las motocicletas; otro, vigilando el campamento, lanzando ocasionales miradas a lo alto. Los otros dos trataban de entonar canciones de taberna, con voz pastosa. Y alguno más se ocultaría en la cabaña, junto con el botín y los prisioneros. Si los había. No se habían topado con más cuerpos, pero….

Lillian terminó de enroscar un cilindro en la punta del cañón. El arma era un hermoso heraldo de muerte; más en manos de la pistolera de cabellera plateada. A la ventaja de estar dotado de un cargador trasversal, capaz de cargar treinta balas, el doble de muchos Winchester, se añadía su infalibilidad como tiradora. En el viejo circo Abott sus disparos se contaban por dianas; como agente, por enemigos caídos.

—¿Crees que realmente esa cosa evitará que se oigan los disparos?

—Pronto los descubriremos. Prepárate para atacar la cabaña, si es necesario.

Kelly asintió, antes de, camuflada en la oscuridad, empezar a descender por un estrecho camino en dirección al valle.

Mientras tanto, su hermana buscaba su primer blanco. Su respiración era tranquila. Su pulso firme. Ella y el rifle eran uno, e infalibles. La mirilla se detuvo en el corazón del hombre encargado de la vigilancia. Lillian contuvo el aliento y disparó. El forajido cayó al suelo, de frente. Sus compañeros se apresuraron en su dirección. La agente buscó el siguiente objetivo. El hombre de las motos. De nuevo, su gatillo no falló. Los otros dos se quedaron parados; temerosos tal vez de aquella muerte silenciosa, desenfundaron sus armas, mirando a su alrededor. Semejante falta de reflejos proporcionaba demasiada ventaja a la rival con quien se enfrentaban, si deseaban continuar con vida. Y eso fue algo que no tardaron en descubrir. Un nuevo disparo y ya era solo uno el forajido en pie. Alzó la pistola. Lillian logró abatirlo, pero no impedir que apretase el gatillo ahogando con su tronar la sensación de completo triunfo de la agente. 

Soltó aire. En el cargador aún quedaba suficiente munición. El problema estribaba en cómo reaccionarían los de la cabaña tras oír la detonación, y en si Kelly, cosa difícil, había llegado a la altura de la misma.

La primera de sus preguntas no tardó en contestarse. Un hombre salió a la puerta del refugio, revólver en ristre. Tenía la camisa medio abierta y no llevaba sombrero. Miraba a su alrededor, sin atreverse a traspasar el umbral, sin entender del todo, seguramente, por qué habían caído sus cuatro compañeros. Solo habían escuchado una detonación y, sin embargo, cuatro cuerpos yacían sobre el suelto pedregosos. Lillian se lo explicó de un certero balazo.

Los otros componentes de la banda fueron más listos. Antes de que Lillian tuviese ocasión de buscar un blanco, el cuerpo del caído rodó sobre el suelo polvoriento y la puerta se cerró, resonando en la moribunda quietud del valle. En el interior de la cabaña, las luces se extinguieron. Eso podía ser un punto a favor de las agentes de Las Sombras. Pero otros elementos se habían aliado en su contra; los forajidos cobijados en la vivienda se habían apostado a los lados de las ventanas no frente a estas. La pistolera intuía siluetas cerca de las mismas, pero ni siquiera ella podía lograr un blanco en tales condiciones.

No podía saber, ni siquiera con la ayuda de la mira de la escopeta, si Kelly estaba cerca de la cabaña. Habría que recurrir al plan de emergencia e iniciar un acercamiento lateral. Se cruzó el rifle a la espalda y desenfundó su propio revólver. No era un arma al uso, tanto el cañón como el tambor eran más anchos que los de los de un revólver normal y todo él, incluida la empuñadura, se mimetizaba con la noche mientras Lillian descendía por el camino, lleno de piedra suelta. En su avance, dirigía ocasionales miradas a la casa. No le gustaba dejar su flanco al descubierto durante demasiado tiempo. Aun así, el verdadero peligro llegaría cuando se moviese por el valle. Incluso llevando la melena cubierta con un pañuelo azabache y el abrigo reversible por su parte negra, podía ser vista. Y también Kelly.

 

Mientras su hermana descendía, Kelly Jane había llegado a la fachada trasera de la cabaña. En ese punto, solo se abría un ventanuco, estrecho, insignificante para unos hombres seguros de estar siendo atacados desde el frente. Era suficiente, no obstante, para analizar el interior. El panorama era más desagradable de lo esperado. Tres hombres permanecían en el improvisado fortín. Uno, armado con un rifle, vigilaba una ventana cercana a la puerta. De los otros dos, pertrechados con pistolas, uno miraba por la ventana de la derecha; su compañero, alternaba su atención entre la de la izquierda y una cama en la que yacía atada una mujer, casi una niña, india o mestiza. Su negra melena caía revuelta sobre la almohada; sus piernas se abrían, hasta quedar sus tobillos atados a ambos laterales de la cama, aunque su vestido estaba intacto. Una rehén. Tres pistoleros.

Demasiado para ella sola. Su puntería no era la de Lillian ni el ventanuco el mejor puesto para disparar.

Tocaría contener su ímpetu y seguir el plan acordado de antemano. Sin embargo, aún curtida ya en demasiadas misiones, Kelly no podía dejar de mirar a la chiquilla. Incluso a través del cristal, y teñido del color verdoso de las gafas de visión nocturna, la mueca de dolor y miedo de la muchacha resultaban claros; tampoco le pasaban desapercibidas las manos que, en su esfuerzo por aflojar las ligaduras, hincaban más estas en su carne. Contemplándola, Kelly Jane no podía evitar imaginarse a Lilly en manos del depravado al que la había vendido el Buhonero Oscuro. ¿Habría temblado así? ¿Llorado? Había visto las heridas de Lillian, la había oído mencionar las cabezas cercenadas, pero jamás habían profundizado en los sentimientos que la habían invadido esa noche horrible. Como mujer, Kelly podía imaginárselos, pero a veces se preguntaba si el hermetismo y el aislamiento de Lillian eran sanos. Su hermana no había estado con nadie desde entonces; ella misma, con el corazón guardando luto todavía por Joe, había tenido un par de encuentros antes de admitir que aún no estaba preparada para entregarse a un amante.

—Art, alguien se acerca —susurró el vigilante de la izquierda.

El hilo de los pensamientos de Kelly murió de repente; esa noche era la agente Ginger, de Las Sombras, no Kelly Jane Abott, la hermana preocupada. Aprovechando que su presencia seguía sin ser advertida, se preparó para disparar.

—¿Por dónde?, yo no veo nada —se inquietó el de la ventana.

—Vi una sombra cruzando cerca de las motos. Ahí está otra vez.

El hombre de la ventana se apresuró hacia su compañero. El situado cerca de la niña permaneció en su puesto. Kelly ya tenía claro cuál sería su blanco. Con cuidado, cambió de posición, buscando un mejor ángulo de disparo. Su puntería distaba de ser la de Lillian; necesitaba cualquier ventaja digna de ser aprovechada.

La pelirroja tomó aliento, esperando una señal en forma de disparos.

Estos fueron precedidos de un canto de cristales rotos. Tronaron revólver y rifle en sincronía. Sin recibir respuesta.

—¿Crees que le hemos dado?

—Pareció caer… —dudó el tal Art, bajando, al igual que su compañero, ligeramente su arma.

Kelly contuvo el aliento. La cordura le decía que Lillian no podía estar muerta. Ambas llevaban ropas especiales de Las Sombras, capaces de amortiguar y hasta de detener, el efecto de una bala normal. Sin embargo, no podía evitar ser una hermana.

Una hermana muy orgullosa de compartir sangre con la mejor pistolera de todo el Oeste. Cuando los forajidos se creían ganadores, llegó la réplica a sus disparos. El primer tiro abatió a Art; su compañero intentó reaccionar, pero el gatillo de Lillian fue más rápido. Mientras tanto, Kelly no se había quedado parada; tampoco el vigilante de la muchacha, que hizo ademán de inclinarse sobre ella, fuera con intención de matarla o de usarla de escudo. Kelly no pensaba consentir ni una cosa ni la otra; su disparo perforó el cristal en medio de un estruendo; otro proyectil habría perdido fuerza al romper semejante barrera, la munición especial de Las Sombras podía atravesar un tablón de madera y matar al rival cobijado tras él. Por desgracia, el proyectil se hundió varios dedos por encima de lo debido. El hombre cayó al suelo, herido en su hombro izquierdo, pero aún vivo y armado para disparar contra el ventanuco. Y con buena puntería. Una bala pasó rozando la mejilla de la pelirroja antes de que acertase a echar cuerpo a tierra. Llovió la pólvora, luego hubo silencio.

Seguramente el pistolero estaría intentando recargar.

—¡Malditas zorras! —oyó bramar mientras se ponía en pie—. Intentad dispararme y esta putita tendrá una segunda boca.

El revólver del forajido estaba caído sobre el suelo. En su mano derecha sostenía un cuchillo, colocado tan cerca del cuello de la prisionera que Kelly creyó ver un hilillo de sangre descendiendo por su garganta. Lillian se erguía impasible frente la ventana, con la pistola lista para ser disparada. La pelirroja siguió el ejemplo de su hermana y apuntó al forajido, a través del ventanuco.

—Os lo advierto. Mi cuchillo nunca falla —presumió, presionando un poco más la hoja contra la delicada carne.

—Tampoco mi gatillo. Hoy uno de los dos perderá su imbatibilidad  —contestó Lillian en tono gélido—. A no ser que quieras ser inteligente y soltar tu cuchillo.

 Las últimas palabras eran un mero añadido para dar a Kelly la oportunidad de ver hacia dónde apuntaba el cañón de su hermana y centrar su blanco. Cualquier agente curtido sería consciente de que se enfrentaban a un rival dispuesto a morir arrancado todas las vidas posibles hasta la llegada de su último estertor.

—Ríndete tú, zorra —escupió al bandido.

La contrarréplica llegó en forma de dos disparos separados apenas por segundos. Cada uno con una diana; la bala de Lillian se hundió en la muñeca del asesino, obligándolo a soltar el cuchillo un segundo antes de que el disparo de Kelly detuviese por siempre el latido de su negro corazón.

La pelirroja se permitió un hondo suspiro tras ver caer al hombre. Habían vivido esa situación en otras ocasiones; en la primera Kelly había estado en el mismo lugar de la secuestrada, en calidad de rehén del Buhonero Oscuro, y Lillian y Scarlett tras las pistolas; sin embargo, seguía conteniendo el aliento, como aquella angustiosa primera vez, siempre que reproducían el agónico tiroteo.