Reseña: 36

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Autora: Nieves Delgado

Editorial: Cerbero, colección Wyser nº 6

Disponible en formato papel y digital. 

http://www.editorialcerbero.com/

Hacía tiempo que no daba tantas vueltas a la hora de buscar el enfoque de una reseña. Pero esta 36 que nos brindan Nieves Delgado y la Editorial Cerbero parece contagiarse de la personalidad de las Inteligencias Artificiales que sirven de eje a la trama, convirtiéndola en una novela complicada de reseñar si uno desea desvelar la menor cantidad posible de detalles.

Lo primero que he de señalar, es que he disfrutado con la lectura de esta historia. Me ha enganchado, me ha fascinando y me ha dejado cargada de preguntas (las que la propia autora plantea a lo largo del desarrollo), además de con ganas de hacer una relectura en algún momento. 36 es una novela que invita a la reflexión, y lo hace mediante una perspectiva de las IA que a mí me ha resultado novedosa y, ante todo, plausible.

La autora huye de los dos escenarios más habituales a la hora de plantearnos un futuro donde robots o IAs son algo más o menos cotidiano; es decir por un lado la “rebelión de las máquinas” y por otro el futuro idílico donde nos tumbamos a la bartola mientras ellos nos hacen el trabajo. Aquí las IA son, ante todo, algo diferente, ajeno a nosotros, pese a que se las inserte en cuerpos antropomorfos, o se les dé la posibilidad de escoger su identidad sexual al llegar a la “edad adulta”. Envejecen, a su modo, maduran y nacen cargadas de conocimientos, pero con la mentalidad de un niño, y necesitados de entrenar las capacidades psicomotrices. Para sus propios creadores, son fuente de tanta fascinación como de dudas. Cada nacimiento de una IA parece abrir nuevas incógnitas, traer alguna sorpresa, especialmente 36, la que da nombre la historia. Esta, mostrará un interés especial por los humanos, lo que la llevará a convertirse en una de las IAs más famosas, con la consiguiente presión mediática que esto implica.

Paralelamente a las cuestiones se plantean sobre la propia figura de las Inteligencias Artificiales y su identidad, la novela nos muestra la repercusión que estas tienen en la sociedad. La curiosidad, el rechazo o la incomprensión, tanto hacia las propias IA como al hecho de por qué se sigue investigando sobre estas cuando la mayoría de ellas se dedican a vivir una vida apática con trabajos poco cualificados.

En lo que se refiere a los personajes, 36 es un personaje sólido, coherente con su propia naturaleza de Inteligencia Artificial y su propia rareza. Fascina y logra despertar empatía. Los personajes humanos importantes tienen un peso más secundario,  por tanto se definen con menos pinceladas, pero no por ello quedan desdibujados. Además, aguantan bien el envite cuando interactúan con 36. 

En el aspecto formal, la narración es ágil, basada en una prosa sencilla, que no simple, acorde con una historia donde lo importante es qué se cuenta, y las reflexiones que esto nos suscita, y no el exhibicionismo formal. No obstante, tampoco elude cierta experimentación en el último tercio de la historia, donde deja a un lado el narrador tradicional para centrarse en una serie de conversaciones de chat. Si bien en un principio esto puede resultar chocante, personalmente me parece un acierto esta elección. Las charlas nos ofrecen una disección de la sociedad y sus opiniones más contundente y clara que la otorgada por una descripción de los hechos más clásica. De paso, nos sirve de reflejo de muchas de las actitudes de nuestra propia sociedad.

El tempo narrativo está bien llevado. Se nota que estamos ante una novela corta concebida como tal y no ante un relato alargado de forma forzada o un esbozo de novela comprimido. El broche final resulta perfecto, y te deja con la sensación de que la historia no podría haber concluido de otro modo.

En resumen. Una notable novela corta que, al centrarse más en los componentes sociológicos de la trama, resulta asequible para lectores ajenos a la ciencia ficción más dura. Es la primera novela de la Editorial Cerbero que leo, pero si el nivel se mantiene, alguna más caerá, dentro de lo que me permita mi magro presupuesto.

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Reseña. Entre dos aguas

Título: Entre dos aguas

Autora: Rosa Ribas

Editorial: Ediciones Urano

Número de páginas: 414

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No soy lectora de pegarme grandes atracones de páginas incluso cuando un libro me gusta. Sin embargo, la novela que hoy nos ocupa me ha durado exactamente dos días. Los culpables son una narración que engancha, pese a su tono calmo; unos personajes bien trabajados con los que es fácil conectar y preocuparse por su destino y una ambientación excelente, tanto en el aspecto humano como a la hora de aprovechar Francfort como escenario.

Ahora bien, si buscáis una historia donde prime la acción, casos enrevesados o grandes conspiraciones, quizá esta no sea la novela más adecuada para vosotros. Aquí, la comisaria Cornelia Weber-Tejedor se enfrenta junto a su compañero a dos casos de diferente pelaje, pero que comparten un elemento común: su “normalidad”. Son el tipo de sucesos que, con sus variaciones, podrían ocurrir en la misma ciudad donde vivimos. El primero, y eje de la novela, es el asesinato de un empresario hostelero, miembro de la colonia española en la ciudad. El segundo es una desaparición que los agentes deberán investigar de forma clandestina a instancias de su superior.

Los pilares de la novela son por tanto otros. Uno es el retrato de cómo el primero de los crímenes va afectando a los familiares del asesinado. Otro es el reflejo de la vida de los propios agentes involucrados en su investigación; los problemas familiares de Cornelia, su leve hipocóndria; la extraña actitud de su compañero, y las dudas que esta siembra en la comisaria… Personajes muy humanos con problemas cotidianos que pueden afectar, o no, a su trabajo. No obstante, los puntos fuertes de la historia son los retratos que la autora hace de Francfort y sus claroscuros y de la colonia española en la ciudad, además del efecto que el asesinato crea en ella. Informaciones obtenidas a cuentagotas, viejas tensiones que reaparecen o incertidumbres no desveladas, que afectan incluso a la madre de la propia comisaria… todo crea un ambiente creíble, muy vívido, que atrapa al lector deseoso de ir desvelando los misterios ocultos en esa comunidad, cerrada para algunas cosas, pese al tiempo que sus integrantes llevan instalados (que no necesariamente integrados), en Alemania.

En conjunto, la novela va ganando con el paso de los capítulos, tanto en el aspecto formal, como en la propia evolución de la historia. El inicio quizá pueda trabarse un poco debido a la necesidad de familiarizarse con personajes, misterio y escenario, además alguna cuestión de estilo que ralentiza un poco el ritmo de la prosa. No obstante, la narración no tarda cobrar brío y atrapar al lector. Por otra parte, me ha parecido todo un acierto la forma en que la autora nos da a conocer a sus personajes protagonistas, cerrando un caso previo, usando las pinceladas adecuadas para presentarlos, tanto en lo físico como lo jerárquico, e ir definiendo sus personalidades y los problemas que acarrean.

En resumen. Entre dos aguas es una novela con la que he disfrutado y me ha dejado con ganas de seguir leyendo más obras de Rosa Ribas, tanto protagonizadas por la comisaria Weber-Tejedor como por otros personajes.

Lust for a Vampire

Mircalla, la hermosa condesa vampira, regresa de la tumba para convertir un bucólico internado para señoritas en su coto de caza particular.

Director:Jimmy Sangsteer / Productores: Harry Fine, Michael Style / Guión:Sheridan Le Fanu (personajes) , Tudor Gates / Fotografía: David Muir  / Música: Harry Robinson  /Montaje: Spencer Reeve / /Intérpretes: Michael Jonson ( Richard Lestrage), Yutte Stensgaard (Mircalla), Ralph Bates ( Giles Barton), Susana Leight ( Janet), Pippa Steele (Susan), Mike Raven, Helen Christie, David Healy, Judy Matheson, .. Nacionalidad y año: Gran Bretaña, 1971 / Duración y datos técnicos: Color, 91min.

Lujuria para un Vampiro ( Lust For a Vampire , 1971) es posiblemente uno de los puntos más bajos dentro de la temática vampirica de la Hammer y con toda claridad la más floja de las que componen la trilogía de los Karnstein. 

Los defectos de la película son innumerables y el primero de ellos (y causa de muchos posteriores) es querer generar cierta duda en torno a quién es la vampira. Decisión por completo absurda, puesto que todo aquel familiarizado con el personaje sabrá quién es en cuanto pronuncie su nombre. Este error de partida redunda negativamente en la dirección de Sangsteer, puesto que se ve obligado a mostrar los primeros ataques de la chupasangres haciendo uso de la cámara subjetiva, logrando así un efecto bochornoso, más propio de un amateur, al tener que pegar su victima la cara a la pantalla.

Pero los despropósitos no terminan aquí y es que, para colmo de males, Lujuria para un Vampiro ( Lust For a Vampire , 1971) goza de una de las peores direcciones de actores de la historia de la productora. El gran Ralph Bates parece una parodia (tal vez intencionada) de sí mismo, los normalmente efectivos secundarios están flojos e inexpresivos y ¿que decir de la protagonista?…..Yutte Stensgaard gozaba el físico de una muñeca Barbie y su expresividad es aún menor que el de la famosa muñeca de plástico.

Lo cierto es que vista hoy en día da la sensación que la película se realizó con un valor o, mejor dicho, una intención puramente crematística, como una explotation cuyo único fin es aprovechar el filón comercial de su predecesora la notable Las Amantes Vampiro (The Vampire Lovers, 1970).

Tan paupérrima es la calidad de la película que, siendo generosos, solo son resecables dos escenas: el prologo, donde se nos narra la resurrección de la vampira, y el momento en que el personaje de Bates se encara con ella. Por desgracia y siguiendo la tónica de este producto, el buen resultado del prologo queda minimizado por una nueva visón de este momento, avanzada ya la película, cuando se nos desvela (¡oh sorpresa!) la identidad de la chupasangres. Además de su identidad el espectador descubre que la vampira ha regresado de la muerte despeinada,  pero, eso sí, gloriosamente maquillada (sombra de ojos azul incluida).

El resto es una sucesión de escenas que van de lo anodino a lo mediocre, llegando incluso a lo directamente bochornoso, siendo coronadas todas ellas por una de las muertes más lamentables que haya podido tener un vampiro en la gran pantalla.

 

Anécdotas

*El papel de Giles Barton estaba pensado para Peter Cusingh , por desgracia el actor tuvo que abandonar el rodaje debido a la grave enfermedad de su mujer. * El director inicialmente previsto Terence Fisher.* Ingrid Pitt se libró de volver a interpretar a la condesa Karnstein por encontrase rodando La Condesa Drácula ( Countess Dracula, 1971)* Algunas malas lenguas llegaron a apuntar , injustamente, que Yutte Stensgaard pertenecía a una Secta Satánica.

The giant claw

El ejército americano ha de enfrentarse a una especie de buitre gigante que amenaza con hacer de nuestro planeta su comedero. El problema es que al animal no sólo está dotado de un letal aliento ígneo, sino que trae campo de fuerza incorporado.

 

¡Ay! Si la película hiciese justicia al cartel…

Director: Fred F. Sears / Guión: Paul Gangelin, Samuel Newman / Intérpretes: Jeff Morrow (MacAfee), Mara Corday (Sally Caldwell), Morris Ankrum (General Edward Considine), Louis Merrill (Pierre Broussard), Edgar Barrier (Dr. Karol Noymann), Robert Shayne (Gen. Van Buskirk), Frank Griffin (Pete, piloto), Clark Howat (Mayor Bergen)/ País y año: USA, 1957 /Duración: 74 minutos / Blanco y negro.

 

He de confesarlo: entre mis muchos pecados cinematográficos destaca el de encontrar cierto gozo culpable al visionar películas con monstruos cutres, de esos que parecen hechos con un par de calcetines del abuelo o el envoltorio del bocata ( inolvidable, en este aspecto el tiburón de papel de Albal de la inenarrable Lost Continent, perpetrada por Michael Carreras). Por eso, en cuanto vi esa especie de muñeco de trapo gigante con cierto parecido con un buitre, que es el pajarraco que siembra el caos en esta historia, me propuse verla.

El grado de patetismo del monstruo satisfizo con creces mis expectativas, erigiéndose como una de las amenazas más lamentables a las que se ha enfrentado la humanidad —con permiso de la serpiente de mar que introdujera Amando de Ossorio en la película homónima—. Y es que no es sólo que al buitre gigante se le vea hecho con cuatro dólares, dos de ellos gastados en ponerle una cresta de pavo de navidad que anidará en nuestras retinas durante eones, sino el trabajo de Fred F. Sears. El director, un artesano de la serie b que un año antes había demostrado tener buena mano para la ciencia ficción de serie B con la mítica La tierra contra los platillos volantes (Earth vs the Fliying saucers, 1956), parece empecinado en descubrirnos las carencias de presupuesto y planificación de la película; de este modo, no solo nos ofrece primeros planos constantes del animal,  sino que no hace nada por disimular la repetición del mismo fotograma cada vez que nuestro entrañable esperpento ataca una avión y se merienda a alguien.

¿Pero a este no me lo habían merendado ayer? Pal buche, de todas formas.

Y es que, además de ser un monumento al cutrerio desvergonzado, esta película resulta ser una verdadera oda al reciclaje (practica, por otro lado, muy común en la serie b de la época). Así,  a la hora de narrar el ataque del bicho a Nueva York (¿Qué otra ciudad americana podría ser, si no? ),  Sears tomó material de obras tan diversas como Treinta segundos sobre Tokyo, La guerra de los mundos (¡de la que se usa un plano de la destrucción Los Ángeles para representar un ataque a Nueva York!), o La Tierra contra los Platillos Volantes, que contaba con los efectos visuales del futuro rey de la Stop Motion Ray Harryhausen. De esta última no queda del todo claro cuanto material se recicló, pero se sabe que la imagen de las destrucción del Monumento a Washington fue uno de los planos reutilizados. La leyenda sobre el “saqueo” sufrido por esta última cinta adquirió tales dimensiones que más de una fuente habla de The Giant Claw como un Harryhausen sin Harryhausen e, inclusive, se cuenta que se les coló un plano de un platillo volante en medio de la orgía de destrucción perpetrada por nuestro esperpento alado favorito.  Sobre esto,  he de confesar que, pese a estar pendiente, yo no lo llegué a ver.

New York, New York… ¡A Wonderful town!

Lo más triste de todo esto, en lo que se refiere a los aspectos técnicos de la película, es que la criatura podría haber sido mucho mejor, pues en un principio se ofreció su realización a Ray Harryhausen; por desgracia el maestro de la stop motion tenía en marcha en ese tiempo The Elemmentals, un proyecto personal con mimbres parecidos a la presente obra, lo que le hizo rechazar la oferta. Al final, y por desgracia para todas las partes y sobre todo el espectador, el técnico solo llegó a grabar algunas escenas de prueba para su obra y The Giant Claw se tuvo que conformar con relatar la terrible amenaza de un “pavobuitre” despeinado.  

Dejando a un lado a la estrella de la función, por suerte o por desgracia (dejo eso a juicio de los lectores), el resto de elementos no están a la altura de la misma en cuanto a esplendor esperpéntico. El argumento, si bien sencillo, no resulta más flojo o plano que el de la coetánea, y excelente, The Deadly Mantys; es más en The Giant Claw se introduce una pincelada de originalidad con respecto a otras obras del género (siempre más centradas en las explicaciones paracientíficas, como criaturas mutantes o seres prehistóricos rescatados del hielo, involuntariamente, a causa de las pruebas militares de rigor) al vincular a la criatura con ” La Carcagne”, con un supuesto personaje del folclore francocanadiense. Además, salvo en cierto pasaje del final, los tradicionales momentos de propaganda del ejército americano y los insertos “documentales” son más discretos que en otras obras de similar pelaje.  Por último, y no menos importante, resulta curioso comprobar que la desidia de Sears a la hora de ocultar las carencias técnicas del bichejo no se traducen en afrontar otras tareas, como puede ser la dirección de actores,  con idéntica negligencia;  el reparto, donde cabe destacar a Mara Corday, una de las estrellas femeninas de la serie B, realiza una labor solvente, que ayuda a disfrutar del producto, pese a las lagunas (por no llamarlas océanos) técnicas. 

El cuidado de estos últimos detalles, unido al deseo de contar en un primer momento con Harrhausen,  pensar que el presente era un proyecto serio, sin intención alguna de pasar al Olimpo del esperpento. Lástima, como he insinuado en otros puntos de esta reseña, que sus responsables no se aplicasen la máxima que Vicente Minelli, inspirado por el rodaje de La mujer pantera, enunció en Cautivos del Mal ( The Bad and the Beautiful): hay monstruos que impresionan más cuanto menos los vemos… Bueno, nuestro pajarraco sigue impresionando, pero por su entrañable cutrerio.