Leyendo autoras en octubre II: Shirley Jackson

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Hoy toca centrarse en una sola autora: Shirley Jackson. Figura emblemática para autores como Richard Matheson, no es quizá una escritora conocida por la mayor parte del público español, pero sí una de las autoras más singulares que ha dado el género. Capaz de conjugar historias de talante más sobrenatural, o claramente terroríficas, con otras en las que la inquietud la generan los propios personajes, Jackson fue una genial creadora de personalidades excéntricas, complejas, que a veces podían coquetear con la locura (como la Nell de La Maldición de Hill House o la Merricat de Siempre hemos vivido en el castilllo). Además, tenía una mano excelente a la hora de manejar la tensión e ir impregnado de inquietud ambientes en apariencia tranquilos (Los veraneantes).

Y como el objetivo de estas entradas es hacer unas recomendaciones breves, os dejo con unas pinceladas sobre algunas obras de su autoría: 

La maldición de Hill House

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Es sin duda su novela más emblemática, además de una de las obras cumbres de la literatura de casas encantadas. La historia está  narrada desde el punto de vista de Nell, una “heroína” llena de miedos e inquietudes, que parece desarrollar una relación de amor-odio con la vivienda; en parte derivada de su propio pasado. El lector nunca deja de tener claro que está presenciando una versión sesgada de la trama, incluso cuando la autora no recurre al monologo interior de su protagonista. 

Junto a su narradora, cabe destacar entre las virtudes de Jackson: la utilización del escenario de la propia Hill House, el hábil manejo de los diálogos y la creación de unos personajes que generarán más simpatía o menos, pero cuyo destino no nos resulta indiferente. 

Todos estos elementos contribuyen una obra sobre la que cada lector (o incluso en cada relectura que uno pueda realizar), acaba teniendo una visión diferente de lo sucedido y de las explicaciones existentes tras el misterio de Hill House. 

Siempre hemos vivido en el castillo

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Publicada por vez primera en 1962, Siempre hemos vivido en el castillo es la última novela de Jackson, quien fallecería tres años después de un ataque al corazón. 

Nos encontramos, en este caso, ante una obra que no es puramente terrorífica, pero que no por ello deja de estar cargada de inquietud. Una atmósfera de misterio, e incluso de amenaza, impregna toda esta narración cargada de secretos y de personajes marcados por un hecho pasado (un envenenamiento que acabó con siete miembros de la familia), nunca aclarado. De nuevo, Jackson, nos ofrece un punto de vista sesgado, esta vez en primera persona.  Merricat es uno de los tres miembros de la familia Blackwood empecinados en permanecer en el viejo caserón familiar, ajenos a las actitudes a veces hostiles de los vecinos o a las presiones de otros parientes más o menos cercanos. Merricat es un personaje rico en matices, carismático a su modo excéntrico, que tiene la facultad de atrapar al lector. Abandonar la lectura de esta historia, resulta casi tan imposible como a los Blackwood residir en un lugar diferente. 

Señalar, a modo de anécdota, que la promoción de esta novela estuvo impregnada de cierta polémica cuando el crítico Laurence Hyman, esposo de Jackson, desveló que la autora era experta en ocultismo. Si bien ella se vio obligada a desmetirlo por cuestiones de imagen, hoy se sabe que era estudiosa se lo sobrenatural y llegó a practicar la magia blanca. 

Relatos

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Shirley Jackson fue también una gran autora de relatos cortos. Ahora bien, si uno busca historias de terror, tanto en un sentido más clásico como más alternativo, tal vez debería buscar otros pastos. Si bien la autora tiene cuentos que se pueden catalogar inequívocamente como “de género”,  prevalecen historias más centradas en lo cotidiano, con cierto tono costumbrista a veces. No obstante, seguimos encontrando esa inmersión en la psicología de los personajes, en sus frustraciones ocultas; también situaciones donde la tranquilidad puede verse interrumpida por un hecho inesperado, como la narración truculenta de un desconocido. En el fondo, la Jackson demuestra incluso en sus narraciones más sencillas en apariencia, que el monstruo más inquietante de todos puede ser el propio ser humano. 

 

 

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La Maldición de Hill House. Entrega final.

Hill House al cine

Hasta ahora la novela ha sido trasladada dos veces a la gran pantalla: en 1963, no mucho después de ser publicada, y en 1999. La primera fue dirigida por el versátil Robert Wise; la segunda por el palomitero Jan de Bont.

En los dos próximos apartados de este artículo daré unas pinceladas sobre ambas valorándolas como adaptación del texto originario.

Imagen promocional de “The Haunting” (Robert Wise)

The Haunting, 1963

Señalar, antes que nada, que esta versión no llegaría a ser estrenada en nuestro país en los cines. Tendríamos que esperar al mercado del video para que viese la luz como La mansión encantada.

La adaptación que realizó el guionista Nelson Gidding resulta bastante fiel al texto original, sobre todo en lo que se refiere a trasladar la ambigüedad existente en la obra de Jackson. Las mayores diferencias entre ambos, amén de la supresión de algunas escenas claves del libro, radica en parte de los matices que caracterizan a personajes como: Theodora, Luke o el Dr. Montague (Markway en la película) y su esposa. Estas diferencias no cambian sustancialmente el espíritu de la trama y se antojan necesarios a la hora de sintetizar el texto de Jackson, corto pero prolijo en situaciones, en una película de 112 minutos.

Parte de las infidelidades a la hora de adaptar el personaje de Theo, pueden deberse a la censura cinematográfica aún imperante en esos años; si bien por aquellos años resultaba difícil introducir un personaje homosexual en una novela (al menos de un modo relativamente positivo) en la gran pantalla era casi un imposible. Se pierde, por ejemplo, la aparición del personaje en el prologo de la película; en el libro esta breve mención resultaba necesaria para entender al personaje y sus motivaciones. También desaparece el pasaje en el que la joven sufre el ataque de la “casa” cuando parece empezar a entrever que Eleanor puede estar detrás, consciente o inconscientemente de los fenómenos, decantándose así la película más hacia la explicación sobrenatural.

Luke tiene un papel mucho más secundario en la película. Al desaparecer su rol como interés romántico de Nell, se convierte en un mero convidado de piedra que sirve para dar una visión más a pie de calle de la historia.

El Dr. Montague (Markway) es rejuvenecido y se trasforma en el interés romántico de Nell, añadiendo matices distintos al triangulo amoroso resultante; la atracción de Nell hacia Luke en el libro, tenia cierto matiz de atracción condescendiente, en cambio con el Dr. Markway puede entenderse como la necesidad de encontrar una figura paterna o al menos de autoridad que la arrope que la proteja lo que acentúa la fragilidad del personaje.

Por otro lado señalar que el citado triangulo queda más difuso en la novela que en la película. En el texto de Jackson más que un triangulo propiamente dicho, había que hablar de los sentimientos fluctuantes de Eleanor. De hecho en ningún momento llega a producirse hostilidad entre Theo y Luke, lo que sería normal en una situación de sentimientos más extremos; aún más, durante toda la novela ambos personajes llegan a trabar cierto grado de amistad y complicidad que aumentará la paranoia de Eleanor.

El cambio más sustancial, no obstante, se da en el personaje de la señora Montague (Markway). En el libro es una espiritista aficionada que colabora activamente en las investigaciones de su marido; en la película, una escéptica que casi si avergüenza de la afición de su esposo por lo extraño. En ambos casos se mantiene, eso, si el carácter autoritario de la mujer que rompe la armonía que parece existir entre los cuatro protagonistas y el efecto que esto tiene sobre la frágil psique de Eleanor.

La razón de este cambio, puede deberse en parte a que introducir la trama de la señora Montague fielmente alargaría aún más la película. Pero también podría deberse a que, el personaje y las situaciones vividas merced a él tienen cierto halo de humor negro que quedaría un tanto chocante trasladándolo a la gran pantalla.

Fuera de las cuestiones puramente argumentales. Señalar que la recreación de la casa es excelente, y que  el polifacético Robert Wise vuelve aquí a demostrar la habilidad que ya se intuía en su debut como director en The curse of the Cat People, 1944, para retratar escenarios tétricos  y fantasiosos, hasta el punto de convertirlos en un personaje más dentro de la trama. Al igual que los personajes, el espectador siente cómo la casa lo contempla, juega con él y le hiela el corazón. Además del uso de la mansión como si fuera otro personaje más, otro de los grandes aciertos técnicos de la película, a la hora de recrear el tono de la novela, es el uso ocasional de la voz en off de Nell para recrear el tono de monologo interior de la obra original.  Destacar por último, la acertada elección de todo el reparto donde cabe destacar la grandiosa labor de Julie Harris  como Nell, en una interpretación donde capta toda la fragilidad y la complejidad de sentimientos de su original literario sin necesidad de recurrir a la sobreactuación o el histrionismo . La actriz, poco conocida al vez por el público español, siempre estuvo  muy reputada en su país (tanto en cine, televisión (sería 11 veces nominada al Emmy y lo ganaría 3), como en el teatro (ganaría 5 Tonys) , hasta el punto que, el 28 de agosto de 2013, cuatro días después de la muerte de Harris de un paro cardiaco, los teatros de todo Broadway atenuaron sus luces durante un minuto en honor a la intérprete. 

Comentar, a modo de anécdota, que, pese a haber dirigido esta y otra grandes obras de corte fantástico, los dos mayores éxitos de Wise como director (también fue montador y productor), tanto en premios como a nivel económico, llegarían de la mano del cine musical con West Side Story ( 1961) y Sonrisas y Lágrimas (The Sound of Music) , 1965

 

The Haunting, 1999

Poco me detendré en esta película porque como adaptación es un verdadero engendro. De la historia original conserva al casa y los nombres de los personajes; a partir de ahí se inventan la mayor parte de las situaciones incluso de la trama.

La deliciosa ambigüedad de la novela de Jackson y la película de Wise, se convierte en la más burda pirotecnia. Los complejos personajes tienen aquí la profundidad de una hoja de papel y el final es un verdadero despropósito que haría revolverse en la tumba a la novelista americana.

La maldición de Hill House, crónica de una vivienda impía III

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Analizando la Novela II

Tres aproximaciones al misterio

La mejor baza de la Maldición de Hill House en particular y de buena parte de la obra de Jackson (como por ejemplo en el ya citado Los Veraneantes) es la ambigüedad con que trata el misterio. Seguramente cada lector que disfrute de esta novela tendrá una visión y una teoría diferente de la misma; incluso, uno mismo puede variar en sucesivas relecturas sus impresiones sobre los sucesos de la casa. Al menos, en mi caso es lo que me ha pasado.

No es por tanto mi intención sentar cátedra alguna sobre la interpretación de la historia, cada lector tendrá la suya tan válida o más que las que pueda ofrecer yo aquí. Sin embargo, me interesa realizar tres aproximaciones básicas al misterio de la casa que serán muy útiles de cara a analizar las dos adaptaciones cinematográficas de las que ha gozado la novela de Jackson.

Aproximación sobrenatural

En Hill House hay verdaderas presencias sobrenaturales. La historia de la casa parece reforzar esta opinión. Hugh Crain perdió a su primera mujer justo antes de estrenar la casa; su segunda esposa perecería en una extraña caída dentro de la mansión; finalmente tras el fallecimiento del propio Crain y su tercera esposa en Europa, las dos hijas que éste había tenido en su primer matrimonio entablaron una agria disputa por la posesión de la casa. Finalmente se instalaría en ella la hermana mayor quien fallecería ya de anciana debido a una gripe y, según algunas habladurías, a la negligencia de su dama de compañía. Está última heredaría la mansión y se suicidaría al sentirse acosada por presencias extrañas.

De este modo, Eleanor se convertiría en el principal foco de atención de los fenómenos, en una víctima de las iras de la casa; no en vano su historia guarda cierto paralelismo con la de la joven dama de compañía de Abigail Crain, ya que la madre de Eleanor falleció en circunstancias similares a la señora de Hill House. Esto explicaría  por qué la mayor parte de los virulentos ataques que se producen en la casa tienen por objeto a Eleanor. Incluso su nombre llega a parecer en algunas pintadas que le dan la bienvenida a Hill House como si de una hija pródiga se tratase.

Esta explicación pierde consistencia cuando la casa escoge como víctima de uno de sus más ataques impactantes a Theodora, poco después de que se nos deje todo lo claro que se nos puede dejar, al no tener nunca sus punto de vista de la historia, que esta parece intuir que de un mondo consciente o no es Nell quien produce los fenómenos.

 

Aproximación realista

Dado que vemos la mayor parte de la historia desde el punto de vista de Eleanor, todo se produce en su cabeza. Los ruidos, pintadas y demás son alucinaciones de una mujer excesivamente frágil y fantasiosa.

El principal sustento para esta teoría lo encontraríamos en el retrato que nos hace Jackson del viaje de Nell desde su casa a Hill House. Gracias a la técnica de monólogo interior percibimos los miedos de Eleanor; su visón del viaje como el inicio de una nueva vida y, más importante aún, sus fantasías en las que se ve como señora de alguna de las casas que se ven por el camino. También veremos más adelante, cómo algunos elementos que le han llamado la atención durante el trayecto serán asimilados más tarde por la joven para crearse una nueva vida ante el resto de invitados en Hill House.

El problema al que se enfrenta la teoría son los fenómenos que son vistos y padecidos por varias personas; podría percibirse como algún tipo de alucinación colectiva o, incluso, como que toda o casi toda la historia trascurre únicamente en la mente de Nell, pero se me antoja demasiado rebuscado.

Aproximación mixta

Si mezclásemos las dos aproximaciones anteriores obtendríamos la que se me antoja como la más plausible de las explicaciones al fenómeno: los fenómenos son reales, pero no estarán producidos por ninguna entidad sobrenatural sino por Eleanor, quien catalizaría las fuerzas que moran en la mansión en forma de fenómenos poltergeist.

Esta explicación entroncaría con aproximaciones al fenómeno poltergeist que abogan por una explicación más antropomórfica del mismo. Según estas, las manifestaciones podrían estar producidas por personas sometidas a ciertas condiciones de estrés mental que tienen la mala suerte de recaer en algún enclave que cataliza esas inseguridades en forma de ruidos, caídas de muebles y demás fenómenos atribuidos tradicionalmente a espíritus burlones. Jackson era una mujer con amplios conocimientos sobre el mundo sobrenatural y, sobre el campo de las investigaciones paracientíficas; sus propias teorías apuntaban a que el componente psicológico resultaba clave a la hora de percibir de una u otra forma los supuestos fenómenos que se produjesen en una vivienda encantada; no sería de extrañar que aplicase esas teorías a la hora de recrear el misterio de Hill House.

Pero la validez de esta explicación a los fenómenos no se sustenta solo en las teorías esotéricas de su autora, sino también en el propio texto.

Tenemos por un lado los sentimientos ambivalentes de Nell hacia la casa: repulsión y ganas de convertirla en su hogar. De ahí las manifestaciones en forma de ruidos, que la asustan pero también la recargan de energía, o esas siniestras pintadas que le dan la bienvenida a casa.

Su propio sentimiento de culpa por la muerte de su madre se entremezclaría con la historia de la dama de compañía haciendo aún más inestable su psique. No olvidemos además que algunos de los golpes recuerdan a Eleanor la forma en que su madre la llamaba por las noches.

La propia fluctuación de sus sentimientos románticos también se traduce en parte de los fenómenos. En un primer momento parece existir cierta atracción mutua entre Theodora, quien llega a la casa tras una fuerte discusión con su novia, y ella. Cuando la primera comienza a mostrarse indiferente, incluso mordaz con Nell, los sentimientos de ésta parecen dirigirse hacia la Luke, pese a que ella misma se da cuenta de lo poco recomendable que es el joven. Es en este momento cuando los sentimientos de Eleanor hacía Theo se tornan en resentimiento, casi en odio, y se produce el ataque que comenté hace un par de apartados. Cuando finalmente los sentimientos de Nell parezcan decantarse hacia Theodora el citado fenómeno desaparecerá.

En relación con esta fluctuación de los sentimientos de Eleanor, que incluso podemos entender como una búsqueda de asimilar su propia identidad sexual, hay que considerar otro factor. Theo se nos presenta como una persona con unas capacidades telepáticas importantes; Ya en su primer encuentro con Nell, vemos como está percibe que Theodora parece tener la capacidad de “ver en su interior” de adelantarse, incluso, a sus pensamientos. Tal circunstancia invita a pensar que tal vez ésta perciba o intuya la vinculación de Nell con parte de los fenómenos lo que poco haría por mitigar la hostilidad que llega a generarse entre ellas a media trama. Otro factor importante, de cara a sustentar esta teoría, es el hecho de que, ya al final, cuando Eleanor cerca está de producir una tragedia al subir en trance la escalera de la biblioteca, la misma en la que se había suicidado la dama de compañía, sea Theo  la única que le brinda compresión y apoyo en lugar de hostilidad y reproches; tal vez porque comprende la complejidad de los sentimientos que acosan a Nell.

Valoración general del libro

El estilo de Shirley Jackson en esta novela puede definirse como aparentemente sencillo. No hace uso de un lenguaje ampuloso o barroco que dificulte la compresión del texto y lo dote de grandilocuencia; una persona con unos mínimos conocimientos de inglés podría seguir la trama sin excesivos problemas (de hecho yo leí la novela por primera vez en el idioma original y no me perdí en ningún momento) porque ni la historia ni el estilo lo requieren. Es más, dada la técnica de monologo interior escogida, un estilo demasiado recargado habría restado credibilidad al libro; Nell es una mujer a la que los avatares de la vida no le han permitido obtener una gran formación académica.

Jackson maneja esta compleja técnica literaria con maestría y no es nada fácil. El monologo interior se basa en ver las escena desde los ojos, los pensamientos incluso de un personaje pero narrado en tercera persona. Lo difícil, a mi juicio, de esta técnica, es dejar claro al lector que pese, al uso de una persona narrativa asociada con la objetividad, está leyendo una visión totalmente subjetiva de los hechos. No es fácil, pero Jackson lo logra. Siempre tenemos claro que, salvo el prologo y el epílogo, vemos las cosas desde la perspectiva de Nell; con sus complejos y sus prejuicios; con sus dudas. Percibimos cómo, por mucho que lo oculte, la casa va a afectándola poco a poco, generando en nosotros mayor inquietud de lo que la haría cualquier otra perspectiva de la historia.

Otro de los puntos fuertes de la autora son los diálogos. Por un lado la forma que cada personaje tiene de hablar resulta de acorde con su personalidad y formación. El Doctor Montague, en los momentos que ha de explicar la historia de la casa, lo hace como lo haría un profesor impartiendo la lección, y esa es su profesión; en Luke se percibe esa superficial simpatía de quienes están acostumbrados a aprovecharse el buen corazón de terceros; en el tono despreocupado o el humor cruel de Theo se traslucen sus propias inseguridades, los secretos no desvelados. Y no nos olvidemos de ese secundario que es la señora Dudley, gracias a esa forma robótica que tiene de hablar, el lector casi puede oír el tono monótono de su voz cuando lee sus diálogos.

Por otro, Jackson usa los diálogos para marcarnos cuándo los personajes están en estado de tensión, no siempre generado por los fenómenos de la casa. No recurre a los típicos y tópicos “tengo miedo”, “no entres ahí” de película de terror ramplona, sino a algo más realista: esos diálogos absurdos que somos capaces de entablar los humanos cuando queremos demostrar estar tranquilos y deseamos descargar tensión a través de la “risoterapia”.

La novela no está exenta de cierto grado de humor. Desde el más sencillo como los diálogos antes mencionados, al más negro, personificado por las reacciones que causa la siniestra señora Dudley en sus pobres invitados, o ya en la recta final, el peculiar personaje de la señora Montague. Eso sí, estos episodios siempre están integrados en la trama y son coherentes con el desarrollo de la historia.

Todos estos factores convierten a La maldición de Hill House en una sólida novela de terror y, tal vez, en la obra cumbre de las historias de casas encantadas. Otros autores han tratado de tomar el esquema de Jackson y superar su propuesta, pero, a mi juicio, no han logrado captar la sutilidad y los matices que tienen esta novela y, sobre todo, sus personajes. 

 

La maldición de Hill House, crónica de una vivienda impía II

Tiempo estimado de lectura: 5 minutos.

Mansión Winchester

El Hill House real

En 1884 tras el fallecimiento de W.W. Winchester, fabricante de los famosos rifles de repetición emblema de la Conquista del Oeste, junto al Colt Peacemaker, su viuda Sarah, firme creyente espiritista, comienza a construir una mansión donde poder refugiarse de los espíritus de quienes fueron muertos por la creación de su difunto esposo. El enclave escogido es la localidad de San José, cerca de San Francisco. Las obras de la casa nunca llegaron a concluir puesto que se estuvo construyendo hasta el mismo día de la muerte de la adinerada viuda. Esta reforma continua se debía al consejo que le había dado una vidente: mientras los espíritus tuviesen un lugar donde morar no llegarían a acosarla.

Tan exagerado ritmo de construcción daría lugar a una casa de arquitectura sumamente extravagante, aberrante incluso, plagada de elementos aberrantes que juegan con la percepción humana; desde escaleras que no llevan a ninguna parte a ventanas que se abren para dar a una pared. Si a esto le unimos los posibles pasadizos secretos, muchos de ellos todavía no descubiertos, o que la casa contaba con la friolera de 160 habitaciones, 47 chimeneas y adelantos técnicos para la época como 3 ascensores, un sistema de luz de gas que ya usaba interruptor o alcantarillado, tenemos un escenario perfecto para inspirar todo tipo de leyendas e historias macabras.

Puerta a ninguna parte

Su influencia en la obra de Jackson es clara. Hill House es, ante todo, una siniestra aberración arquitectónica. Pero mientras que la mansión Winchester podría decirse que tal extravagancia obedecía a un fin defensivo, en la novela su creador no parece albergar tan buenas intenciones. Hugh Crain era, como se ve a lo largo de la trama, un hombre marcado un siniestro fanatismo religioso y cierto orgullo; este último hace al doctor Montangue especular sobre si el loco diseño de la casa pueda deberse al afán de convertirla en un lugar de interés turístico por parte de Crain, como era ya en el momento en que se desarrolla la acción la citada Mansión Winchester.

Entre los elementos de la mansión que Jackson traslada Hill House encontramos habitaciones totalmente interiores; las socorridas escaleras que no dan a ninguna parte. Añade de su cosecha: puertas peraltadas de tal forma que siempre se cierran solas; un mobiliario intencionadamente incómodo y el elemento más notorio del libro:  esa estatua, situada incongruentemente en un salón, que cada uno de los miembros del grupo interpreta y ve de de forma diametralmente diferente (un dragón, un grupo familiar…). 

Incluso sin necesidad de conocer el turbio pasado de la mansión este diseño provocaría la inquietud y la incomodidad del visitante. 

 

Analizando la novela

Escenario y actores

Hasta ahora he hablado bastante sobre la autora de la novela y sus posibles referentes a la hora de crear a su criatura. Sin embargo, no he mencionado apenas la trama o los personajes que intervienen en ella; se hace preciso por tanto hacer una pequeña semblanza de la misma.

La historia es sencilla. Un grupo de personas se reúne en una vieja mansión con fama de embrujada para realizar una investigación paranormal al estilo decimonónicos; esto es instalarse allí y ver qué pasa en lugar de realizar una investigación más activa.

La investigación la dirige el doctor Montague, filosofo interesado en el mundo de lo extraño. Le acompaña Luke, heredero de la casa al que su tía manda para vigilar que no dañen su propiedad y dos féminas con capacidades psíquicas: Eleanor, apocada y marcada por toda una vida cuidando de una madre enferma y castradora (recientemente fallecida) y Theodora, una enigmática jovencon sorprendentes capacidades telepáticas. Como personajes secundarios nos encontramos con la señora Dudley, una especie de ama de llaves a tiempo parcial que convierte a la Señora Danvers de Rebeca en Miss Simpatía, y la esposa del Dr. Montague.

Los cuatro actores principales llegan a Hill House acompañados de sus pequeños secretos, sus miedos y sus inseguridades; esto supone un abono perfecto para acrecentar la sensación de malestar que genera Hill House, sea por su propia extravagancia o por obra de algún ente oculto entre sus muros.  Hay que tener en cuenta, a la hora de analizar la psicología o la conducta de los distintos personajes, que la mayor parte de la historia la vemos desde el tamiz de la mirada de Eleanor. El lector por tanto, se verá obligado a leer entre líneas para tener una visión “objetiva” de los sucesos y separar los prejuicios de la joven de los hechos verdaderos. 

Retomando los personajes: hagamos una breve semblanza de los mismos: 

Nell es un personaje realmente complejo; marcada por la muerte de una madre a la que ha dedicado buena parte de su vida, ahora debe buscar un nuevo rumbo para la suya propia. Esa búsqueda de un lugar en el mundo se traduce en sus reacciones hacia la casa y hacia el resto de personajes, especialmente hacia Theodora. Eleanor es, de todo el grupo, quien establece un vínculo emocional más fuerte con la casa, con la que pronto desarrolla una insana relación de amor-odio.

El Doctor Montague, con ser el impulso de la historia, es tal vez el personaje con menor peso en ella; su rol es el de un observador, por lo que su vinculación emocional con la casa o con el resto de personajes es menor que en ningún otro. Esa visión se traduce en algunos momentos en una actitud fría, rígida; para él la investigación está por encima de todo y no puede permitir que ningún pequeño detalle condicione su validez.

Luke es el heredero de la mansión; un embaucador de poca monta. No es lo bastante canalla para dedicarse a las estafas a lo grande ni lo suficientemente fuerte para luchar contra sus instintos. Será objeto de interés romántico por parte de Eleanor.

Theodora es el más hermético de todos los personajes, en ningún momento de la historia llegamos a ver sus pensamientos. Es una persona impulsiva, irreflexiva por momentos y mordaz. Llega a Hill House por impulso, tras una discusión con su pareja y en un primer momento parece sentir cierta atracción hacia Eleanor.

Los prejuicios, peculiaridades y las interacciones entre los personajes serán el desencadenante de muchos de los fenómenos desatados en la casa. Otra cuestión será qué o quién se aprovecha de este mantillo ¿un fantasma? ¿imaginaciones desbocadas? ¿alguna fuerza manejada consciente o inconscientemente por uno de los personajes?

La respuesta, o más bien una batería de posibles repuestas la encontraréis en la próxima entrega de este artículo. 

Por cierto, acabo de enterarme de que podéis leer otro artículo sobre la novela en “Literatura con estrógenos”, el blog de mi colega y compañera de letras L. G. Morgan

La maldición de Hill House. Crónica de una vivienda impía. Parte I

El presente artículo fue escrito originalmente para la web Pasadizo.com, hoy en estado de “animación suspendida”. He decido revisarlo y recuperarlo para el blog, aunque publicado por capítulos para facilitar su lectura. 

De entre todos los tópicos del cine y la literatura del terror, uno de los que mayor capacidad tiene para generar verdadera sensación de inquietud es la casa encantada; a veces es una construcción moderna; las más, una construcción antigua con un punto  decadente. De un modo u otro, entre sus muros siempre parecen anidar fuerzas extrañas, sobrenaturales o no, e incluso amenazadoras.  Tal vez esa capacidad para inquietarnos se deba ser eso una simple vivienda, no algo tan distante como un vampiro o un licántropo. Tal vez sea eso, sí. O, a lo mejor, también influye en que, en la realidad, hay viviendas que trasmiten una sensación siniestra o malsana. A veces esto se debe a la propia historia del inmueble; otras a su estado de conservación o a su arquitectura… En ocasiones puede ser una combinación de estos factores o depender de cualquier otro detalle que haga a ese enclave diferente de otros.. Shirley Jackson conocía perfectamente la capacidad de algunas casas para sembrar miedo en el corazón de los hombres,  y la plasmó con maestría en la que para muchos, entre los que me incluyo, es la obra capital de la literatura de casas encantadas La Maldición de Hill House  (The Haunting of Hill House, 1959).

Shirley Jackson

Shirley Jackson nació en San Francisco en 1916 y fallecería en 1965 sin haber cumplido los cuarenta y nueve años, dejando una de las obras más interesantes e ignotas de la literatura de terror de su época. Cabe señalar que tocó otros géneros, como la llamada Fiction on Domestic Chaos; este tipo de obras, muy cultivado al parecer por las amas de casa de los años cincuenta es EEUU, se basaba en narrar la batallas cotidianas de estas mujeres. Según se cuenta, las obras que Jackson aportó a este género (Live Among de savages (1953), Raising Demons (1957)) ya presentaban una interesante calidad literaria y estaban marcadas por el humor negro que posteriormente caracterizaría a la autora.

Sus primeras publicación data de su época universitaria (se licenció en literatura por la universidad de Siracusa), concretamente de 1938 cuando publica el cuento Janice. Diez años más tarde publica The Road Through the Wall; habría que esperar aún once años para que la novela que hoy nos ocupa viese a luz.

En 1962 ve la luz su última novela We Always live in the Castle, cuya promoción vendría marcada por la polémica cuando al crítico Laurence Hyman, marido de Jackson, se le ocurrió sacar a la luz que la escritora era experta en ocultismo; Jackson se vería obligada a negar tales hechos por cuestiones publicitarias; sin embargo, hoy se sabe que su afición por el ocultismo y la práctica de magia blanca eran ciertas. De hecho, tal circunstancia resulta imprescindible para captar muchos matices de la Maldición de Hill House.
 Así, una de las fuentes de inspiración para la novela fue unos de los cientos de ejemplares que la autora atesoraba en su biblioteca esotérica: un libro referido a una investigación realizada durante el siglo XIX en una casa supuestamente encantada.

También marcarían a la obra distintas viviendas que la autora fue fotografiando e investigando; unas tenían fama de malditas, otras simplemente tenían un aspecto inquietante. Como dato curioso, una de las casas que más la impresionaría resultaría haber sido construida por su propio bisabuelo. Se considera que fue su inspiración principal para el aspecto de Hill House, pero no el único: la célebre casa donde Sarah Winchester, viuda de W.W. Winchester, creador del famosos rifle, pasó sus últimos 38 años de vida marcaría el peculiar diseño interior de Hill House.

Además de La maldición de Hill House o la ya citada We always live un the Castle, Jackson escribió excelentes relatos de terror, entre los que me gustaría destacar: La Loteria, quizá su relato más emblemático (que daría título a la única recopilación de relatos publicada por la autora) y Los veraneantes. Menos conocido que otras obras suyas, este último se erige como uno de los cuentos de terror más inquietantes que he tenido el placer de leer (y releer) . Junto con la propia Maldición de Hill House, tal vez sea este texto breve donde mejor aprovecha la autora su capacidad para jugar con la ambigüedad e ir sembrando poco a poco semillas de incomodidad en el corazón del lector.